!Maestro… qué has hecho!, Rubén Darío en La Habana

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Equipo de Fotos de La Habana. Integrado por historiadores, periodistas y profesores.

febrero 6, 2022

Uno de los más grandes poetas de todos los tiempos, el nicaragüense Félix Rubén García Sarmiento, conocido por todos como Rubén Darío, mantuvo siempre una estrecha relación con los intelectuales cubanos y visitó La Habana en tres ocasiones.

Rubén Darío llegó a La Habana por primera vez el 27 de julio de 1892 a bordo del vapor México. En ese momento se encontraba el poeta en tránsito hacia España donde representaría a Nicaragua en los festejos por el cutricentenario del descubrimiento.

En la capital de la Isla, Rubén Darío – que no era ningún desconocido para cubanos y españoles, pues sus trabajos se habían publicado en más de una ocasión en «La Habana Elegante» – fue ampliamente agazajado por lo que hoy llamaríamos la «sociedad civil».

Julián del Casal acudió a saludarlo personalmente en la redacción del país, pues ambos poetas mantenían mantenían una relación por correo desde hacía cinco años, y luego le acompañó al banquete que le ofreció El Fígaro al poeta nicaragüense.

Durante los tres días que permaneció Rubén Darío en La Habana, del Casal fue su perfecto anfitrión y le sirvió de valet en las tertulias, fiestas y juergas que se sucedieron una tras otra.

El 30 de julio se embarcó Rubén Darío en el vapor Veracruz con rumbo a España. Su encanto le había ganado en La Habana una legión de epígonos; el primero Casal que sin haberse perdido del Morro el buque corrió a escribir un elogio del nicaragüense en «La Habana Elegante» que salió publicado al día siguiente.

Tras cumplir su misión en España, Rubén Darío volvió a hacer escala en La Habana a finales de ese mismo año 1892, durante su viaje de regreso.

Llegó el 5 de diciembre a bordo del Alfonso XIII y se marchó ese mismo día. Esta vez no hubo tiempo para homenajes, pues el poeta permaneció apenas unas horas en La Habana; el tiempo imprescindible para saludar algunos amigos en la redacción de El Fígaro y hacer el trasbordo al vapor México.

Sin embargo, una crónica del propio Rubén Darío, publicada en el mismo Fígaro tres años después – en la que desliza el supuesto amorío de Julián del Casal con la señorita María Cay que terminaría casándose con el general Lachambre; y habla sobre el banquete que le ofreció la redacción – hace suponer que el poeta permaneció más tiempo en La Habana durante esa segunda escala.

También puede ser, perfectamente, que Darío, que escribía de memoria al cabo de varios años y muchos viajes, confundirla su primera escala con la segunda y ubicara de forma incorrecta este convite en El Fígaro… Y, vamos, que tampoco tiene demasiada importancia el asunto.

Rubén Darío y Martí

Más relevante resulta, sin dudas, para la historia y las letras hispanas, la relación que sostuvo Rubén Darío con el Héroe Nacional cubano José Martí, el más universal de los habaneros, y precursor del Modernismo, que con el nicaragüense alcanzaría su máxima expresión.

Los dos poetas se conocieron en 1893 en Nueva York, donde Darío, que se encontraba de visita en la ciudad, pidió ser presentado al cubano, por el que sentía un profundo respeto.

Martí tuvo la deferencia de invitarle a la velada del Hardman Hall en el que el Apóstol cubano hacía uso de su verbo encendido para llamar a la guerra con España.

No es un secreto para nadie que Rubén Darío era un españolista convencido que veía en la «Madre Patria» la alternativa a los «bárbaros fieros», pero esto no fue nunca un impedimento al cariño que profesó a Martí, al que llamaba «Maestro».

La admiración que sentía Rubén Darío queda claramente demostrada en el obituario que le dedica al Héroe de Dos Ríos a trece días de su muerte en el periódico La Nación y que luego incluiría en su libro «Los raros» (1896). Es allí donde el poeta lanza con dolor su célebre lamento)

«¡Oh Maestro!, ¿qué has hecho…?»

Expresión a la que algunos, por desconocimiento o mala intención, le han añadido la coletilla «Cuba no te merecía», un apocrifismo total.

Lo que en realidad escribe de forma textual Rubén Darío – un defensor del proyecto hispanoamericano que no podía comprender la actuación de Martí – y que ha sido comúnmente adulterado o descontextualizado es:

«Cuba admirable y rica y cien veces bendecida por mi lengua; la sangre de Martí no te pertenecía…»

Para más adelante, refiriéndose al que consideraba su maestro y amigo, concluir con una aseveración que sí sería tristemente profética:

«Cuba quizá tarde en cumplir contigo como debe».

Rubén Darío un «habanero» más

Tendrían que pasar casi 20 años para que Rubén Darío volviera a La Habana. Primero la muerte de Martí, el «desastre del 98» y luego la ocupación norteamericana de la Isla debieron impactar profundamente en el poeta e influir esa pausa tan larga.

Finalmente, en septiembre de 1910 el periódico El Fígaro publicaba una exclusiva que causó sensación en los círculos intelectuales y literarios de la capital cubana:

«Rubén Darío viene a vivir a La Habana… Un cablegrama fechado en Jalapa (México) el viernes último nos confirma y ratifica la promesa que de viva voz nos hiciera, de consagrarnos algunos días, de esos que tan intensamente vive en su vida de artista trashumante y nostálgico.»

Es sabido que, al final Rubén Darío no vino a vivir en La Habana, pero sí realizó una larga visita en septiembre de 1910 para beneplácito de sus admiradores y amigos.

Rubén Darío en La Habana (1910)
Rubén Darío a su llegada a La Habana en septiembre de 1910. Junto a él en la foto, Arturo de Carricarte, Osvaldo Bazil, Ramón Catalá, Francisco Sierra y Eduardo Sánchez Fuentes.

Darío llegó el día 2, de nuevo en el vapor México y regresó dos días después por el desaparecido muelle de La Machina para permanecer hasta el 8 de noviembre en que se embarcó con rumbo a Francia.

Según las crónicas de la época, durante el tiempo que permaneció en La Habana el poeta estuvo deprimido y rehuyó las apariciones públicas, a diferencia de su estancia de 1892.

Se alojó Rubén Darío en el hotel Sevilla y después, cuando quiso disfrutar de aires más tranquilos, en una pensión en el Vedado. Tomó como rutina (así lo cuenta la revista Carteles) visitar el Café Alhambra:

«(…) en el que acostumbraba a pasarse las horas ensimismado ante su ajenjo y viendo jugar al dominó a sus vecinos de mesa. «

Como un habanero más…

A pesar del aislamiento voluntario en que se sumió Rubén Darío en esa última visita a La Habana, no dejó de asistir al acto que se convocó el 21 de octubre en la tumba de su amigo Julián del Casal, al que le dedicó unas sentidas palabras.

Precisado por un periodista de La Discusión que le rogó un recuerdo de su tercera y última visita a la Isla, escribió Darío:

Paz y progreso y gloria a Cuba, país que admiro y que he amado siempre… Rubén Darío.

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