Rafael Montoro: el recurso al servicio de la idea

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Equipo de Fotos de La Habana. Integrado por historiadores, periodistas y profesores.

En la Cuba de la segunda mitad del siglo XIX no escasearon los hombres brillantes. Algunos tienen la suerte de ser recordados, otros, como Rafael Montoro, son preteridos con toda intencionalidad por cuestiones que nada tienen que ver con el talento.

Rafael Montoro en el núcleo duro de la intelectualidad del XIX

Rafael Montoro y Valdés, Marqués de Montoro, nació en La Habana el 24 de octubre de 1852.

Durante su infancia y primera juventud tuvo la suerte de estar bajo el influjo de varios de los intelectuales cubanos más destacados de su época, los que contribuyeron a la formación del que en justicia, y a pesar de todo lo que se le pretenda preterir, puede ser considerado uno de los hombres más talentosos nacidos en la mayor de las Antillas en la segunda mitad del siglo XIX.

En los años 1862 – 1863 cursó estudios en el Colegio El Salvador, que dirigía José María Zayas, pero al resentirse su salud se vio obligado a partir de Cuba al año siguiente.

Hasta el año 1866 en que regresó a La Habana, Rafael Montoro, estudió en Inglaterra, Francia y los Estados Unidos. De vuelta en su ciudad natal matriculó en el Colegio de San Francisco de Asís, donde fue alumno del poeta Juan Clemente Zenea y de Enrique Piñeyro. Por esos años tomaría también sus primeras lecciones de oratoria con Antonio Zambrana.

A la edad de 14 años publicó su primer trabajo titulado «La pena de expulsión» en la revista Ejercicios Literarios, al que siguieron varias colaboraciones en la prensa.

Al estallar la Guerra de los Diez Años, Rafael Montoro estaba a punto de cumplir los 16 años y su familia lo envió a Europa para mantenerlo alejado del ambiente político que vivía el país.

El joven Rafael Montoro se estableció en Madrid, España, donde vivió por una década (1868 – 1878). Allí comenzó a estudiar leyes, trabajó en el Ateneo Científico y Literario junto con Emilio Castelar, Cánovas del Castillo, Azcárate y otros, con los que aprendió muy de cerca las interioridades y los teje manejes de la política española.

Con un cubano, José del Perojo, introdujo en las corrientes intelectuales peninsulares la corriente neokantista desde las páginas de la Revista Contemporánea, de la cual fue colaborador.

Colaboró, además, con Revista Europea, El Norte y El Tiempo y fue secretario de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles.

La vía del autonomismo

Al regresar a Cuba en 1878, Rafael Montoro, estaba ya convencido que si bien eran imprescindibles cambios en la relación entre la Isla y su metrópoli, la solución de los problemas de la Isla pasaban por la reforma y no por la ruptura con la metrópoli.

En esa línea de pensamiento, Rafael Montoro estuvo entre los fundadores del Partido Liberal (Autonomista) y se convirtió en su principal ideólogo.

Desde esa posición se opuso con fuerza a los partidarios de la independencia antes y durante la Guerra del 95; defendió la bandera en las Cortes (de la que era diputado por Cuba) y ejerció el cargo de secretario de Hacienda durante el efímero gobierno autonomista de 1898.

La derrota de España en la guerra contra los Estados Unidos y el desastre del 98, destruyeron en la práctica toda las bases del autonomismo. Los militantes del Partido Autonomista se vieron abocados a retirarse de la vida pública, apoyar la independencia (como muchos habían hecho ya, desencantados de España) o sumarse a una corriente anexionista que resurgía.

Rafael Montoro, consciente de que era el momento de los que habían luchado por la independencia optó por lo primero.

Marqués de Montoro

El 8 de enero de 1897 el rey Alfonso XIII le otorgó a Rafael Montoro el título de «Marqués de Montoro» en reconocimiento a los servicios prestados a la corona y a la defensa prestada a contracorriente de los intereses de España en Cuba.

La República y el recurso al servicio de las ideas

Fiel a su política de reconciliación con los que habían estado al servicio de España, el primer presidente de la República, Tomás Estrada Palma, nombró a Rafael Montoro como embajador de Cuba en Alemania e Inglaterra.


Rafael Montoro

Sello de la República de Cuba emitido en honor a Rafael Montoro


Así regresó a la vida política y en 1908 fue candidato a la vicepresidencia por el derrotado Partido Conservador. Cinco años después, Mario García Menocal lo nombró secretario de la Presidencia y en 1921, su sucesor Alfredo Zayas lo designó como su Secretario de Estado.

Hombre de recursos y de ideas, Rafael Montoro, junto a su vida política durante la República desarrollo una febril actividad intelectual:

Desde 1910 fue miembro y fundador de la Academia Nacional de Artes y Letras y en 1926 lo eligieron Académico de Número de la Academia de la Historia.

En total escribió más de 350 artículos y trabajos en la prensa y numerosos prólogos para destacados escritores.

Como historiador se debe agradecer su Compendio de la historia de la Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana (1930) y la Biografía de Vidal Morales y Morales en Iniciadores y primeros mártires de la Revolución Cubana (1931).

Rafael Montoro falleció en La Habana el 14 de agosto de 1933. Con su muerte desaparecía el último de los grandes ideólogos del autonomismo decimonónico, uno de los oradores más brillantes que se recuerde y un hombre de rectos principios que, más allá de que se pueda compartir o no su devenir político, puso siempre sus recursos al servicio de la idea de una Cuba mejor.

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