La Habana Ilustrada, la guía turística norteamericana nos enseña la ciudad en 1893 (II)

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Equipo de Fotos de La Habana. Integrado por historiadores, periodistas y profesores.

La Habana Ilustrada, es el título de la guía turística norteamericana publicada en 1893 y con la cual estamos conociendo de primera mano como era La Habana para los turistas en esa época. Seguimos con la segunda parte, para leer la primera pinche aquí.

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Una vez en tierra lo principal es cambiar dinero y para ello nos brinda una guía de las monedas que se mueven en Cuba y de las tasas de cambio.

Por ejemplo 1 onza de oro española equivalía a 17 dólares, pero 1/2 onza se cambiaba a 8 dólares. Los llamados «doblones» que venían a ser 1/4 de onza de oro se cambiaban a 4.25 dólares y los llamados «escudos» que eran 1/8 de onza se cambiaban a 2.12 dólares. Según el escritor el oro americano y los billetes verdes tienen una prima sobre el oro español, según el lugar de intercambio. Recomendaba cambiarlo en las estaciones cercanas a los muelles siguiendo la tasa de cambio antes mencionada para evitar estafas.

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La guía nos recomienda llegarnos al Paseo del Prado, admirar el recorrido desde la Fuente de la India hasta la Punta. En este recorrido destaca el Hotel Pasaje, muy retratado en la época y que se encontraba en la acera frente al Capitolio, y el recién renovado en 1890, Teatro Ópera Payret.

Paseo del Prado-Parque Central

Del Parque Central destaca la estatua de Isabel II, la que los habaneros bajaron tres veces de su pedestal, se sorprende y resalta con alegría que en dicho parque la banda militar tocaba casi todas las tardes aportando sonoridad a una zona en ebullición donde «la agradable muchedumbre disfruta en conversaciones de carruajes a carruajes, con encantadoras señoritas bajo el laurel de la India y sus palmas, en sus ligeros y hermosos vestidos, rodeadas de amigas y amigos con el deber de llenarlas de cumplidos, conversan a plena voz en la más tropical y grandiosa escena de interés».

Parque Central. Teatro Tacon

Pero el parque tiene más cosas que ofrecer además de las estampas de habaneras en sus carruajes. Los negocios florecientes de la zona tienen su propio ecosistema, el Café Central y el Café Tacón se disputan las tertulias de media tarde, allí la mayoría son hombres con sus puros. Las mujeres prefieren los celebrados Helados de Paris donde se ofertan los mejores sorbetes y helados de la ciudad. Los turistas americanos se dejan ver en el Gran Hotel Telégrafo y la oferta cultural la copan el Teatro Tacón y el Teatro Albisu; está el circo Pubillones pero aunque popular no disfrutó de su espectáculo así que solo lo menciona.

Por último en el recorrido del Prado hacia la Punta recomienda visitar el negocio ubicado en el No.67 los baños con tratamientos de hidroterapia del Dr. Belot «cuya elegancia y tratamiento está entre los mejores del mundo».

Carnavales en La Habana Ilustrada del Siglo XIX

El Casino Español es una de las paradas principales para el ocio en la ciudad, ofrece salones de baile con una decoración elegante y cuidada. En la época de Carnavales se produce aquí una de las fiestas de máscaras más famosas de la ciudad junto a la del Teatro Tacón. Estas fiestas empezaban a las 12 de la noche y se extendían hasta el amanecer. En el Tacón se elevaba la zona de la platea para añadirla al proscenio y el escenario convirtiendo toda la zona baja del teatro en un salón de una sola altura, similar mecanismo se aplicó al Teatro Tomás Terry en Cienfuegos.

El Teatro Tacón, ejemplo de La Habana Ilustrada

En pleno carnaval las 6 entradas de la calle San Rafael y las 3 que daban al Prado se abrían de forma gratuita para todos los asistentes y se tocaban canciones cubanas y españolas. Aunque la zona principal era alrededor del Tacón y del Casino Español en la lejana zona de Carlos III se reunía una buena concurrencia que se iba desplazando por la ciudad en sus carruajes.

Juegos y Apuestas-corridas de toros y las peleas de gallos

La Habana era en aquel momento la principal plaza de toros de América, en dura porfía con las mexicanas, y era sobretodo por la presencia casi permanente del Capitán General de la Isla de Cuba en ellas. Se traían desde Lérida los mejores toros para cada temporada pagando precios escandalosos para ello, una parte del gasto corría a costa de las cuentas del Ayuntamiento. Esto permitió atraer a Luis Mazzantini el gran «matador» de la época quien participó en 14 corridas. El desembolso rondó los 30 mil dólares y en el él se incluyó los gastos del viaje de ida y vuelta a Madrid.

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En esa época la Plaza era la cercana a Carlos III y el traslado desde casi cualquier punto de la ciudad costaba cerca de 50 centavos de plata. era recomendable llegar antes de que el Capitán General diese inicio al espectáculo pues la cuadrilla hacia una pequeña presentación que «merece la pena observar para entender el espectáculo«. Los tickets de entrada se podían obtener en cualquier estanquillo de la ciudad y las corridas comenzaban los sábados a las tres de la tarde.

Otro de los espectáculos de ocio de la población eran las peleas de gallos, estas tenían lugar en la calle Manrique y se celebraban los sábados al mediodía, antes de los toros, y según el relator las peleas de gallos cubanos son las más famosas del mundo.

Baseball Clubs

La Habana tenía para ofrecer espectáculos marítimos de regatas en el Havana Yacht Club y sobretodo los juegos del pasatiempo americano por excelencia, el béisbol. El Almendares Club tenía unos terrenos espaciosos (conocidos posteriormente como Almendares Park) en la zona opuesta a la Quinta de los Molinos, residencia de verano del Capitán General y muy conocida en la época por sus jardines y fuentes, donde solían reunirse las familias habaneras los domingos.

Baseball team. Batabano.1903
Equipo de Béisbol de Batabanó en 1903

El Havana Base Ball Club estaba en la zona del Vedado, más cercano a la costa y resalta que en la temporada se pueden observar la presencia de algunos jugadores americanos en los clubes cubanos. Los partidos se suelen jugar los sábados al mediodía y menciona que es un deporte que poco a poco atrae a los cubanos, amantes de los deportes atléticos. Los clubes deportivos tenían el segundo piso habilitado para dar grandes bailes y matineés creando una zona de esparcimiento para parejas.

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