La Habana Ilustrada, la guía turística norteamericana nos enseña la ciudad en 1893 (I)

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Equipo de Fotos de La Habana. Integrado por historiadores, periodistas y profesores.
La Habana Ilustrada

La Habana Ilustrada, así se nombra la guía turística sobre la que abordaremos hoy pues en 1893 era una ciudad cosmopolita, reluciente y apetecible, incluso a los ojos de un neoyorkino, al menos así lo refleja una guía turística de esa época que, con los elogiosos ojos del vendedor, deja muy bien parada a la ciudad.

El texto está escrito en un inglés sencillo y directo, lejano de los ribetes de Joseph Hergesheimer y su San Cristóbal de La Habana o de la guía presentada en 1890 que mencionamos hace un tiempo (para leer pinche aquí).

Esta guía fue sin dudas una venta de lujo para la editora Napoleon Thompson & Co. Printers and Translators radicada en el número 43 de Gold Street pues entre su publicación en 1893 hasta la edición que hemos leído en 1894 se imprimieron 6 ediciones de la obra compilada por J.C. Prince. Del éxito relativo de dicha guía podemos destacar la presencia de mapas y explicaciones detalladas de lugares turísticos de interés, no solo de La Habana, sino de toda la isla.

¿Cómo se llega a La Habana Ilustrada?

Para llegar a La Habana se podían tomar distintos barcos en dependencia de dónde se partiese. Desde Nueva York la compañía Wards Line salía todos los miércoles a las 3 de la tarde directo a La Habana, mientras que los sábados, a la misma hora, salía uno hacia Veracruz que realizaba escala en la capital de la Isla de Cuba. El recorrido era de 4 días y medio hasta La Habana pero desde Nueva York con esta compañía se podía, además, tomar directo a la villa de Fernandina de Jagua (o Cienfuegos) un barco que zarpaba cada 15 días y que en su recorrido hacia escala en Nassau por lo que el trayecto total se alargaba a una semana de viaje.

muelles


Esta no era la única línea de barcos pues los viajantes contaban con más opciones de viaje desde la Gran Manzana, por ejemplo la Spanish Transatlantic Line que salía cada diez días contaba con una opción de primera clase muy apetecible para los viajeros más pudientes pues se vendía a sí misma como la excelencia europea en las Indias Occidentales y amenizaba con vino tinto español el trayecto.


Existían otras compañías como The Mallory Line, que cubrían los días martes y viernes, saliendo todas a la misma hora. Esta compañía tenía además las ofertas más baratas desde Tampa y Key West siendo la más recomendada por la guía pues contaba en sus naves con las comodidades de sus competidores pero recortaba el recorrido directo en un día, haciendo el viaje en 3 días y medio. Algunas de estas compañías vendía desde ciudades como Boston,

barco

Philadelphia o Washington la posibilidad de ir en tren hasta Nueva York, como parte del billete, en el Pennsylvania Railroad, o usando este mismo servicio ir hasta el Puerto de Tampa zarpando en barco desde allí hasta La Habana o Key West (Cayo Hueso) la ciudad más importante de la Florida, como se deduce, aún Miami no era una ciudad con demasiada trascendencia en la zona sur de Estados Unidos.

Llegamos a La Habana

A la pregunta de cómo era La Habana a finales de 1893 debemos responder que lo que más sorprendía al visitante eran las fortificaciones de la entrada de la Bahía, y el resto de batería ubicadas en el resto de elevaciones de la ciudad. Hasta 650 piezas de artillería menciona en el texto además de señalar el notable desembolso de dinero que supuso para la corona española levantar semejantes embarcaciones.

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Volanta en la Plaza de Armas en el año 1900

Dichas fortificaciones son la bienvenida junto a las dos embarcaciones, de sanidad y de aduana, que interceptan en el mar y son las encargadas de certificar el ingreso a los muelles reales. Una vez en el puerto sorprendió a nuestro querido guía la inmensa cantidad de navíos que se encontraban en el interior de la Bahía. La Habana sorprende al visitante entonces mostrándose exuberante y viva, con la zona de los muelles llena de personas en el ajetreo cotidiano y el vociferío que rodeaba a la vendimia.

La ciudad en esa época tenía cerca de 250 mil personas y usaba como medio de transporte las famosas volantas o carruajes .En la zona del Prado, destaca el visitante, lo sorprende la presencia de no pocas victorias (carruajes de origen francés que incorporaba un asiento para el cochero) al parecer dicho medio de transporte estaba ya en desuso en Estados Unidos, se muestra contento con el precio de estos servicios y señala que los caballos cubanos, más pequeños que los americano, tienen la peculiaridad de cansarse menos.

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Zona de los muelles de La Habana

Al salir de la zona del puerto recomienda recorrer la calle Obispo pues «destacan allí las mejores tiendas de la ciudad, que no desmerecen la calidad de las tiendas de Madrid o París, pues La Habana representa a España en muchas características diferentes, pero su particularidad es indudable. El pintoresco aspecto de la ciudad, la cual es un vasto museo de curiosidades atrapa tu atención a cada instante». Los tabacos mejor comprarlos en La Carolina, los libros en la Wilson’s American y Las Ninfas, La Granada, La Especial y La Complaciente son las tiendas que no pueden faltar a un buen turista.

calle obispo 1860
Calle Obispo en 1860

Paralelas a la calle Obispo se encuentran la calle de los fotógrafos, O’Reilly y la calle Muralla o Ricla, donde se pueden comprar al por mayor las mejores calidades de esta tierra.

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