Isla de Pinos, de la Juventud, de las Cotorras y del Tesoro… Brevísima historia de un municipio

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Equipo de Fotos de La Habana. Integrado por historiadores, periodistas y profesores.

La Isla de Pinos (hoy Isla de la Juventud) era uno de los 26 términos municipales que integraban la provincia de La Habana durante la República.

Situada al sur del occidente de la isla de Cuba, en el archipiélago de los Canarreos, Isla de Pinos es la más importante y poblada de las islas que rodean a la de Cuba y dista del Surgidero de Batabanó puerto de enlace con la Isla mayor 94 km.

Descubierta por Cristóbal Colón el 15 de junio de 1494 durante su segundo viaje, fue ignorada por los gobernantes españoles por más de un siglo, que la dejaron a merced de corsarios, filibusteros y piratas.

Finalmente, en el año 1627, fue mercedado al capitán Hernando de Pedroso y, muerto este, pasó a sus sucesores hasta que, a comienzos del siglo XVIII, Manuel Duarte y Acosta, que se había casado con una nieta del propietario original consolidó toda la propiedad en sus manos.

Aunque la Isla de Pinos se dividió en siete hatos y más de una veintena de haciendas entre los sucesores de Duarte que, además ejercieron como gobernadores designados, la ocupación efectiva del territorio continuó siendo prácticamente nula, lo que representaba un problema ante el fortalecimiento y la agresividad de los enemigos de España.

Tras recuperar La Habana de la ocupación inglesa en 1763, el Capitán General de la Isla, Ambrosio Funes de Villalpando, Conde de Ricla, intentó colonizar la isla, pero el empeño se vio frustrado por el regreso del conde a España y el poco entusiasmo que mostró la población de Cuba en irse a vivir a un lugar inhóspito, mal comunicado y en constante peligro de ser atacados por todo tipo de malhechores.

Don Francisco Javier Duarte – otro de los descendientes de Manuel, que había colaborado con el proyecto del Conde de Ricla – no cejó, sin embargo, de intentar el poblamiento de la Isla de Pinos, entonces ocupada sólo por ganado salvaje que se había multiplicado en sus extensas llanuras.

Así, se dirigió al rey de España solicitando permiso para fundar un pueblo y una iglesia, pero el sucesor de Ricla en la Capitanía General retuvo la misiva, pues temía que el poblamiento de Isla de Pinas alentar a la piratería y el contrabando en el sur del país. El Obispo de La Habana se negó también a autorizar la construcción del templo debido a la férrea oposición del párroco de Quivicán, a cuya iglesia estaba subordinada la Isla de Pinos.

El 10 de diciembre de 1787, el Capitán de Fragata, Don Julián Terry, que había sido autorizado para estudiar geográficamente y cartografiar la Isla de Pinos, entregó al Capitán General de la Isla un voluminoso informe en el que señalaba, entre otras muchísimas cosas, que la población del lugar era de apenas 300 almas entregados a la salazón de carne de vacuno que comerciaban a través de Batabanó; y que los pinos del lugar podían servir para brea y reparación de barcos. Fuera de eso no había interés alguno que justificase destinar atención y recursos a esa isla perdida de Dios.

No sería hasta el año 1822 que los españoles decidirían ocuparse de Isla de Pinos debido ante el temor de que pudiese ser ocupada por las nuevas repúblicas americanas que le hacían la guerra, y porque un pirata tardío llamado Pepe el Mallorquín, aprovechando el desgobierno del lugar se había hecho dueño y señor del mismo, convirtiéndolo en base de operaciones para cometer todo tipo de pillerías en los mares del sur.

España, que en ese entonces era débil en todas partes, autorizó a los ingleses (que luego de haber sido piratas de toda la vida perseguían la piratería) a desembarcar en Isla de Pinos para dar caza a Pepe el Mallorquín, quien se internó tierra adentro y resistió casi un año hasta que los hijos de Albión le dieron muerte y se llevaron su cabeza a Jamaica como trofeo.

Al comunicarles a las autoridades de La Habana la muerte del Mallorquín, los ingleses les advirtieron también que si no ponían orden en sus dominios, lo harían por ellos, pero sin volver a pedir permiso, y quizás definitivamente.

Un ultimátum así no podía ser ignorado y los españoles decidieron, por fin, poner un empeño serio en poblar la siempre olvidada Isla de Pinos:

En 1826, el Capitán General Francisco Dionisio Vives decidió tomar providencias para guarnecer y fortificar el territorio. A esos efectos comisionó al teniente coronel de artillería Don Clemente Delgado para que estudiara la Isla desde el punto de vista militar, así como la naturaleza de sus tierras y su producción. Tras presentar su informe se le envió de regreso con 14 soldados, doce presidiarios y un teniente ayudante, con órdenes de situarse en el punto de más fácil comunicación con Batabanó.

Don Clemente se dirigió de inmediato a un poblado fundado por Andrés Acosta en el hato de Santa Fe, a dos leguas y media del embarcadero, siguiendo a la Sierra de Casas. Después de varias entrevistas consiguió que este le cediera una legua cuadrada de terreno para funda una población, con la condición de que los donatario de las parcelas construyeran sus casa en un término no mayor de un año.

Trazados los planos del pueblo por el mismo oficial español, comenzó a levantarse la hoy ciudad de Nueva Gerona, nombre que se le dio en honor de la homónima plaza de Cataluña en cuya heroica defensa tomó parte el general Vives durante la Guerra de Independencia Española.

Los terrenos limítrofes con la nueva población, correspondientes a la hacienda La Merced, fueron adquiridos por la Real Hacienda, para que se pudiera desarrollar la nueva colonia, a la que dieron el nombre, al levantarse el acta de Colonización el 17 de diciembre de 1830, de «Colonia de la Reina Amelia», en honor a la tercera esposa de Fernando VII. Una compañía de guarnición fija y algunos presidiarios sería el núcleo original de población de su población.

En el año 1847 se levantó una ermita bajo la advocación de Nuestra Señora de los Dolores. Luego se establecerían dos escuelas para las primeras letras y se edificarían una galera para los presidiarios, un cuartel para la tropa, un hospital civil y uno militar.

Las aguas termales de Santa Fe y lo beneficioso del clima para algunas enfermedades atrajeron a Isla de Pinos a numerosas familias pudientes y se establecieron hoteles y casas de huéspedes para los «temporadistas» que llegaban desde La Habana, vía Batabanó.

Municipio Isla de Pinos

Según el censo de 1864, tenía Isla de Pinos 2067 habitantes, casi todos concentrados en Nueva Gerona y Santa Fe. En ese año, y hasta el 1ro de agosto de 1874 en que se autorizó la creación de su Ayuntamiento, perteneció al municipio de Bejucal.

Por Resolución de su Ayuntamiento, de fecha 2 de noviembre de 1908, el municipio Isla de Pinos quedó dividido en los barrios siguientes: Nueva Gerona, Sierra de Casas, Sierra de Caballos, Cuchilla Alta, Punta del Este y Santa Fe. La cabecera municipal y judicial se estableció en la ciudad de Nueva Gerona a 3/4 de legua de la desembocadura del río Casas.

La gran Ciénaga de Siguanea, dividía el territorio del municipio en dos porciones unidas por el istmo de Cayo Piedra. En la porción septentrional se hallaban grandes llanuras y elevaciones de cierta importancia que culminan en la Sierra de la Cañada, la Sierra Daguilla, Sierra de los Cristales y las sierras de Casa y de Caballos. En estas dos últimas se encontraban grandes yacimientos de mármoles entre los cuales se construyó la ciudad de Nueva Gerona.

Las tierras del norte eran fertilizadas por los ríos las Nuevas, navegable por embarcaciones pequeñas; Sierra de Casas, una maravilla natural con 117 metros de ancho de boca y 33 frente a Nueva Gerona; Santa Fe, que nace en la sabana de Daguilla, con sus afluentes los arroyos Piedras Azules y Frijoles; Los Indios; e infinidad de arroyos de menor caudal e importancia.

Al sur de la Ciénaga de Siguanea se abría otra gran llanura, sólo interrumpida a ratos por elevaciones de poca consideración de las cuales nacían corrientes de agua. Allí se extendían bosques maderables de pinos, júcaros, ácanas y cedros. En la zona más meridional, y en una ancha franja sobre la costa, el terreno se presentaba árido y pedregoso.

Desde las primeras décadas del siglo XX se asentó en Isla de Pinos una numerosa colonia americana (estadounidenses), la cual contribuyó de forma decisiva al desarrollo de la economía del municipio. Los americanos fomentaron prósperas fincas rústicas y también algunos caseríos como Corral, Mc Kinley, Santa Fe, Columbia, Júcaro y Cubagua.


Escudo de Isla de Pinos

Escudo de Isla de Pinos


Isla de Pinos se comunicaba con la Isla de Cuba por vía aérea y a través del cabotaje con el puerto de Batabanó. Internamente existían algunas carreteras construidas por el Estado como la que unía a Nueva Gerona con Santa Fe (a 11 escasos km de la cabecera municipal) y de ahí seguía hacia La Ceiba. Otras distancias más cortas eran cubiertas por otras vías: Júcaro – Columbia, Santa Fe a Cubagua y Nueva Gerona – Presidió Modelo.

La economía municipal dependía de la agricultura, la explotación de las canteras de mármol, la pesca y los temporadistas que visitaban sus balnearios de aguas termales.

En la década de 1950 está última actividad se había reducido considerablemente al cambiar los gustos de los vacacionistas que se inclinaron hacia el sol y las playas. Por esa razón, y para aprovechar los encantos naturales de las costa sur de Isla de Pinos, se construyó el hotel Colony.

De Isla de Pinos a Isla de la Juventud

Tras la DPA de 1976, Isla de Pinos se convirtió en un «municipio especial» subordinado directamente a las instancias centrales de la nación que habían convertido el territorio pionero en una especie de laboratorio de ensayo de proyectos económicos y sociales.

El 2 de agosto de 1976 la máxima dirección del país decide cambiar el nombre de Isla de Pinos por el de Isla de la Juventud, decisión que hizo pública como parte de las iniciativas desarrolladas en saludo al XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes.

1 Comentario

  1. Josafat Ocampo Mtez.

    La felicito por la narración histórica de la isla, hoy Isla de la Juventud. La entrañable Cuba es vital para aquellos que nos sentimos comprometidos con su pueblo,son un ejemplo para Latinoamérica.

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