Andarín* solo hay uno y se llama Félix, el «Andarín Carvajal»

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Equipo de Fotos de La Habana. Integrado por historiadores, periodistas y profesores.
Andarin Carvajal de mayor, promocionando una marca de manteca.

El Andarín Carvajal vino a este mundo a correr, y ¡vaya si corrió! Contra la miseria, primero y siempre; contra la indiferencia del gobierno Republicano después, -hasta que con 70 años el coronel Batista le otorgó un cargo en el Ministerio de Defensa-, y ahora contra el olvido de figura, primer maratoniano de América en Juegos Olímpicos y personaje típico de las calles de la capital. 

Su historia tiene la constante de la fatalidad asignada, como si el Andarín corriese y corriese y la fatalidad, en vez de perseguirlo, apostase por la paciencia para frustrar, siempre a punto del momento cumbre, su Gran Victoria, para devolverle a la miseria en la cual nació y vivió, casi toda su vida. 

Llegó al reino, o infierno, de este mundo en La Habana el día 16 de enero de 1866, en zona céntrica cercana a La Habana Vieja, aunque su familia se mudó a San Antonio de los Baños (a 35 km de la capital) siendo muy joven. 

En esta ciudad hizo vida de campo, otra de sus pasiones y obsesiones, hasta que el azar posibilitó un encuentro en 1883 con el español Mariano Bierza, un trotamundos que se dedicaba a correr de pueblo en pueblo realizando exhibiciones de su resistencia, mientras retaba a los jóvenes a vencerle.

Comenzaron el reto a las 7 de la mañana de un domingo de noviembre. Sobre las 5 de la tarde se rindió finalmente Bierza, a punto de desfallecer. El Andarín Carvajal, recibió su bautizo social ese día, salió del anonimato y desde ese momento intentaría vivir de ello pese a no contar con ninguna técnica de entrenamiento para explotar sus capacidades naturales. 

Viaje a Tampa y colaboración con los mambises.

Algunas informaciones ubican al Andarín Carvajal en la manigua haciendo de correo humano para los mambises. Por esa época ya había trabajado como barbero en su pueblo y, con carácter intermitente, se había desempeñado como cartero y “hombre anuncio” en distintas campañas de publicidad.

Este colaboracionismo le obligó a exiliarse en Tampa, donde su hermana residió hasta su muerte. Incapaz de estarse quieto, Félix Carvajal Soto, su verdadero nombre, puso su pequeña estatura, apenas 1,52m, en una embarcación y junto a otros hombres se unió nuevamente a la causa independentista.

Estuvo en la manigua hasta el final de la contienda, pero por esa marca en su destino -al que nace para clavo, del cielo le caen los martillos- no consiguió ningún aval tras la guerra para conseguir el certificado de “Veterano de Guerra de Independencia” que hubiese aliviado sus necesidades financieras. 

Acostumbrado a no rendirse, el Andarín Carvajal no se detuvo: siguió corriendo promocionando distintas marcas por las calles de La Habana, andando mientras repartía cartas y paquetes.

El Andarín Carvajal y la rocambolesca leyenda de su viaje a los Juegos Olímpicos de 1904

En estas andaba Carvajal cuando se entera de la celebración de los Juegos Olímpicos de San Luis en 1904. Desesperado por competir se enfrenta a la realidad, apenas tiene para malvivir, ¿Cómo va a costearse un viaje hasta San Luis? Consigue algunos apoyos en la prensa que hacen campaña por él al tiempo que coloca publicidad en su camiseta: 

Coopere con este atleta que quiere ir a los Juegos Olímpicos y competir en la prueba de maratón.

Aquí la historia y la leyenda se mezclan, según algunas fuentes el dinero recaudado no era poco, pero el mal uso del mismo por parte del Andarín Carvajal -se fue en barco hasta Nueva Orleans y allí lo perdió todo en el Bayou, entre mujeres y apuestas de dados- le obligó a llegar prácticamente andando (en «botella» o a través del Mississippi en dependencia de la versión) hasta San Luis. Otras fuentes apuntan que el dinero era justo para el viaje y no permitía apenas ningún tipo de gastos extras, de ahí que llegase justo de tiempo y fuerzas.

La realidad es que los Juegos Olímpicos de San Luis han quedado marcados en rojo por su pésima organización, y sumado este desconcierto, en el calendario al mal fario de Carvajal tenemos el cuadro resultante siguiente. 

En la línea de meta se presentó Félix Carvajal con sus zapatones de trabajo, pantalones largos y camisa. A su lado los ingleses, griegos y británicos se mofaban del panorama que veían ante sus ojos. Las apuestas estaban en ver dónde se rendía aquel «pigmeo» con pinta de granjero. Se preguntaban: ¿Qué hace aquí un latinoamericano con aquellas fachas?

Uno de los competidores, de cuyo nombre no encuentro referencias, le prestó unas tijeras con las que recortó sus mangas y los tiros del pantalón, los zapatones tenían difícil apaño, así que corrió como si trabajase, acostumbrado como estaba a mal trabajar para vivir, Carvajal corrió como si le fuese la vida. 

¿El pecado bíblico, el hambre o la mala suerte?

Pese al polvo que levantaban los caballos de los jueces que marcaban la ruta y las fuertes horas del mediodía, el cubano tomó ventaja antes del primer tercio de carrera. Su paso era imposible de seguir por los contendientes, pasaba por los controles sin poder recibir avituallamiento, a diferencia de los mejor preparados equipos contra los que competía. 

Entrando en el último tramo de carrera, apenas a unos kilómetros de la gloria helénica reservada a los elegidos, el Andarín Carvajal no aguantó la tentación de los manzaneros que bordeaban el camino.

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Imagen del cartel de una obra de Teatro basada en la vida del Andarín Carvajal.

Como si estuviese en el parque de su pueblo aquella tarde noviembre, veinte años atrás, se subió a por unas manzanas y empezó a comer, no desfalleció por un encantamiento, -hemos dicho que el aspecto de Carvajal se acercaba más al de uno de los enanos que a la Blancanieves de Disney– pero el resultado sería igual de fatídico.

Entre retortijones del estómago el cubano empezó a vomitar, tras el vómito sobrevino la diarrea, apenas corría unos cientos de metros debía detenerse nuevamente. El hambre le había jugado una mala pasada, mientras evacuaba vio como era adelantado por varios corredores. Cruzó la meta en 5 puesto, destrozado, no por el esfuerzo, sino por la traición que su cuerpo le había hecho. Sus pulmones metálicos y sus piernas de siete leguas habían aguantado, pero el estómago no.

Finalmente la descalificación de uno de los medallistas permitió que nuestro Andarín ascendiera hasta el 4 puesto, pero ya nada importaba. Él sabía lo cercano que había estado el oro olímpico. Tras los Juegos no volvió a Cuba inmediatamente, aprovechando su presencia en el país corrió por distintas ciudades norteamericanas, ganando en muchas de ellas las exhibiciones y labrando su nombre entre los cronistas deportivos de la época. 

Vuelta a Cuba

Volvió a Cuba, nadie le esperaba, se ganó la vida un poco como pudo, caminando y corriendo. Consiguió dinero para ir a correr a los Juegos Olímpicos de Atenas de 1906, conocidos como intercalados, pero no se sabe si llegó tarde o no llegó a la ciudad, poco importa el porqué, estos juegos no son reconocidos por el COI pero el daño en el ánimo del Andarín Carvajal estaba hecho. 

El Andarín Carvajal en una pista de carreras.

Tras un período por Europa, en el cual siguió ganando algunas exhibiciones y acumulando méritos deportivos, cuando regresó a su país lo hizo igual de pobre que cuando partió.

En Cuba formó parte en algunos eventos en los que se usaba su imagen como publicidad para algunas marcas. Pero aún así, vivió siempre con lo justo. 

Hazañas y gestas legendarias

Una de las anécdotas más increíbles fueron las más de 4000 vueltas que le dio a la Manzana de Gómez durante 6 días con sus noches en las cuales solo tomó zumo de naranja. Tras esta proeza quiso recorrer la Isla en una maratón desde Pinar del Río hasta Santiago por la Carretera Central. Cuenta Ciro Bianchi que a la vuelta le vieron el presidente Gerardo Machado y su Secretario de Obras Públicas, Carlos Miguel de Céspedes, quienes le saludaron, pero por esas cosas del destino del Andarín, no había ninguna cámara cerca que inmortalizase el suceso, siempre tan cerca y tan lejos.

En los finales de su vida se cuenta que su situación mejoró, trabajó en el Hotel Inglaterra, tenía dotes para los idiomas, y luego se le otorgó una ordenanza en el Ministerio de Defensa.

Así llegaron sus últimas horas, cultivando verduras y hortalizas en una pequeña, pero honrada y bien cuidada finca en la zona de La Lisa. Hasta que un incidente con un vecino le provocó una embolia, era el 27 de enero de 1949. Entre sus pertenencias se halló un automóvil (según Ciro Bianchi: “Parecía un automóvil, pero tenía ruedas de bicicleta”), una cama de roble con colchón de lana y una bandera cubana descolorida donde tenía sus medallas y trofeos.

El botín era buen sostén para su leyenda: Félix Carvajal Soto, el «Andarín Carvajal» había corrido tanto durante su vida, que al final casi había conseguido dejar atrás a la mismísima miseria


*El diccionario define el término «andarín» del modo siguiente:

adjetivo · nombre masculino y femenino[persona] Que puede andar mucho, en especial si lo hace porque le gusta.

1 Comentario

  1. Avatar

    Cada vez que leo sus anecdotas me entristese, cuanto le debió la vida.

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