Dulce María Loynaz, musa de América

Cecilia Borroto López

Graduada de Español-Literatura. Ha publicado en diferentes medios sus artículos, cuentos y poemas. Email: ceciliaborroto@gmail.com

enero 12, 2021

Dulce María Loynaz

ACTUALIZACIÓN: Tras la publicación de este artículo se puso en contacto con FOTOS DE LA HABANA una anticuaria que, en un gesto de amabilidad, nos ha cedido las fotos que añadimos a esta entrada. En ellas se observan ediciones de los libros Jardín y Un verano en Tenerife autografiados de puño y letra por la autora y dedicados al padre, y también poeta amigo del gran José Lezama Lima, Angel Gaztelu.


El guijarro es el guijarro, y la estrella es la estrella.

Pero cuando yo cojo el guijarro en mi mano

y lo aprieto y lo arrojo y lo vuelvo a coger…

Cuando yo lo paso y repaso entre mis dedos…,

la estrella es la estrella, pero el guijarro es mío… ¡Y lo amo!

(Poema XXI)

Y como ese guijarro era su palabra, su poesía. Dulce María nació para irradiar luz y sencillez al mismo tiempo, cualidad vista en pocas ocasiones.

Considerada una de las cinco musas de América, junto a Gabriela Mistral, Delmira Agustini, Alfonsina Storni y Juana de Ibarbouru. Todas ellas cultoras del posmodernismo.

Nació como María de las Mercedes Loynaz Muñoz el 10 de diciembre de 1902, en La Habana. Hija del General del Ejército Libertador Enrique Loynaz del Castillo, contaba con tres hermanos Flor, Enrique y Carlos Manuel.


Ellos crecieron en un ambiente culto, de recogimiento, rodeados de lujos y un bello jardín. Fueron educados en casa, destinados a la poesía y la grandeza.

Su hogar en el Vedado era lugar de acogida para los poetas e intelectuales de España y Latinoamérica: García Lorca, Alberti, Juan Ramón Jiménez, Luis Rosales, Zenobia Camprubí, Gabriela Mistral, Juana de Ibarbourou, Alejo Carpentier, entre otros.

Dulce María Loynaz y la sencillez poética como fortaleza

Dulce María Loynaz

Haber viajado a regiones exóticas del Medio Oriente le brindó esa dosis justa de misterio y universalidad; las Islas Canarias la enamoraron hasta el punto de escribir Un verano en Tenerife.
Es curioso resaltar que su gran novela, Jardín, describa el jardín de su casa situada en la calle Línea, esquina 16, en el Vedado.

En su obra apreciamos desde el lejano Nilo hasta el mundo interior de la Loynaz, reúne en pocas palabras lo remoto y lo intrínseco.

Su verso tiene la suave fragancia de la naturaleza, de la nocturnidad. La sencillez del capullo en flor y la inocencia de la fe cristiana que profesaba.
Su poesía es limpia, desnuda, cuya belleza no radica en grandes palabras, sino en la autenticidad y estado puro del sentimiento. Una voz lírica tan suave como el arrullo de un estanque, ese que Dulce María quiso ser.

Yo no quisiera ser más que un estanque verdinegro, tranquilo, limpio y hondo.

Uno de esos estanques

que en un rincón oscuro

del silencioso bosque,

se duermen a la sombra tibia y buena

de los árboles.

Dedicada siempre a la escritura, para ella el proceso de creación era una batalla entre la idea viva y su traducción al papel.

Esta palabra mía sufre de que la escriban, de que le ciñan cuerpo y servidumbre. He de luchar con ella siempre, como Jacob con su Arcángel; y algunas veces la doblego, pero otras muchas es ella quien me derriba de un alazo.

(Poema CV)

Poemas tan tímidos que se puede sentir el temblor de un pétalo ante el toque del amor. Los que somos heridos por Cupido irremediablemente acudimos a la cita con los versos de Dulce María, tienen el don de expresar lo que nuestro cerebro aún no termina de comprender. Solo ella para dejarnos intactos y desgarrados en alma viva.

Aunque durante muchos años apenas salió de su casa, de su jardín selvático, cuando escribía era libre como las olas. Sus poemas le permitían ser ella en toda su expresión, con luces y sombras; son el alumbramiento supremo.

«No se puede ser todo flor…, y el que no ponga el alma de raíz, se seca.»

(Poema III)

Admirada por los grandes escritores, ganadora de los mayores galardones literarios, falleció en su Habana el 27 de abril de 1997.

Poemas de Dulce María Loynaz

Sumario

1. TÚ, PAZ MÍA…

2.LA CANCIÓN DEL AMOR OLVIDADO

3.SI ME QUIERES, QUIÉREME ENTERA

4.LA BALADA DEL AMOR TARDÍO

5.YO TE FUI DESNUDANDO…

6.TIEMPO

7.VUELVO A NACER EN TI

8.EN MI VERSO SOY LIBRE

9.DESEO

10.JUEGOS DE AGUA


TÚ, PAZ MÍA…

Tú, paz mía…
Aceite sobre mi mar en remolino,
gusto, sal de mi vida.

Tú, espejo milagroso
que no reflejas mis tinieblas
y reflejas la luz que ya no es mía…

Tú, jazmín dormido…
Estrella descolgada
para mi cielo tan vacío…

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LA CANCIÓN DEL AMOR OLVIDADO

Para el amor más olvidado
cantaré esta canción:

No para el que humedece los ojos todavía…
Ni para el que hace ya
sonreír con un poco de emoción…

Canto para el amor sin llanto
y sin risa;
el que no tiene una rosa seca
ni unas cartas atadas con una cinta.

Sería algún amor de niño acaso…

(Una plaza gris… Una nube… No sé…)
Para el amor más olvidado cantaré.

Cantaré una canción
sin llamar, sin llorar, sin saber…
El nombre que no se recuerda
pudo tener dulzura:

Canción sin nombres
quiero cantarte
mientras la noche dura…

Cantar para el amor que ya no evocan
las flores con su olor
ni algún vals familiar…
Para el que no se esconde entre cada crepúsculo,
ni atisba ni persigue ni vuelve nunca más…

Para el amor más olvidado
-el más dulce…-,
el que no estoy segura de haber amado.

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SI ME QUIERES, QUIÉREME ENTERA

Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra…
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca. Y gris, y verde, y rubia,
y morena…
Quiéreme día,
quiéreme noche…
¡Y madrugada en la ventana abierta!

Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda… O no me quieras!

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LA BALADA DEL AMOR TARDÍO

Amor que llegas tarde,
tráeme al menos la paz:
Amor de atardecer, ¿por qué extraviado
camino llegas a mi soledad?

Amor que me has buscado sin buscarte,
no sé qué vale más:
la palabra que vas a decirme
o la que yo no digo ya…

Amor… ¿No sientes frío? Soy la luna:
Tengo la muerte blanca y la verdad
lejana… -No me des tus rosas frescas;
soy grave para rosas. Dame el mar…

Amor que llegas tarde, no me viste
ayer cuando cantaba en el trigal…
Amor de mi silencio y mi cansancio,
hoy no me hagas llorar.

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YO TE FUI DESNUDANDO…

Yo te fui desnudando de ti mismo,
de los «tús» superpuestos que la vida
te había ceñido…

Te arranqué la corteza-entera y dura-
que se creía fruta, que tenía
la forma de la fruta.

Y ante el asombro vago de tus ojos
surgiste con tus ojos aún velados
de tinieblas y asombros…

Surgiste de ti mismo; de tu misma
sombra fecunda-intacto y desgarrado
en alma viva…

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TIEMPO

EL beso que no te di
se me ha vuelto estrella dentro.
¡Quién lo pudiera tornar
-y en tu boca…-otra vez beso!

.2.
Quién pudiera como el río
ser fugitivo y eterno:
Partir, llegar, pasar siempre
y ser siempre el río fresco…

.3.
Es tarde para la rosa.
Es pronto para el invierno.
Mi hora no está en el reloj…
¡Me quedé fuera del tiempo!…

.4.
Tarde, pronto, ayer perdido…,
mañana inlogrado, incierto
hoy… ¡Medidas que no pueden
fijar, sujetar un beso!…

.5.
Un kilómetro de luz,
un gramo de pensamiento…
(De noche el reloj que late
es el corazón del tiempo…)

.6.
Voy a medirme el amor
con una cinta de acero:
Una punta en la montaña.
La otra…, ¡clávala en el viento…!

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VUELVO A NACER EN TI

Vuelvo a nacer en ti:
Pequeña y blanca soy… La otra
-la obscura-que era yo, se quedó atrás
como cáscara rota,
como cuerpo sin alma,
como ropa
sin cuerpo que se cae…

¡Vuelvo a nacer!… -Milagro de la aurora
repetida y distinta siempre…
Soy la recién nacida de esta hora
pura. Y como los niños buenos,
no sé de dónde vine.

Silenciosa
he mirado la luz -tu luz…
¡Mi luz!
Y lloré de alegría ante una rosa.

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EN MI VERSO SOY LIBRE

En mi verso soy libre: él es mi mar.
Mi mar ancho y desnudo de horizontes…

En mis versos yo ando sobre el mar,
camino sobre olas desdobladas
de otras olas y de otras olas… Ando
en mi verso; respiro, vivo, crezco
en mi verso, y en él tienen mis pies
camino y mi camino rumbo y mis
manos qué sujetar y mi esperanza
qué esperar y mi vida su sentido.

Yo soy libre en mi verso y él es libre
como yo. Nos amamos. Nos tenemos.

Fuera de él soy pequeña y me arrodillo
ante la obra de mis manos, la
tierna arcilla amasada entre mis dedos…
Dentro de él, me levanto y soy yo misma.

Amor es…

Amar la gracia delicada
del cisne azul y de la rosa rosa;
amar la luz del alba
y la de las estrellas que se abren
y la de las sonrisas que se alargan…
Amar la plenitud del árbol,
amar la música del agua
y la dulzura de la fruta
y la dulzura de las almas dulces….
Amar lo amable, no es amor:

Amor es ponerse de almohada
para el cansancio de cada día;
es ponerse de sol vivo
en el ansia de la semilla ciega
que perdió el rumbo de la luz,
aprisionada por su tierra,
vencida por su misma tierra…

Amor es desenredar marañas
de caminos en la tiniebla:
¡Amor es ser camino y ser escala!
Amor es este amar lo que nos duele,
lo que nos sangra bien adentro…

Es entrarse en la entraña de la noche
y adivinarle la estrella en germen…
¡La esperanza de la estrella!…

Amor es amar desde la raíz negra.
Amor es perdonar;
y lo que es más que perdonar,
es comprender…
Amor es apretarse a la cruz,
y clavarse a la cruz,
y morir y resucitar …

¡Amor es resucitar!

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DESEO

Que la vida no vaya más allá de tus brazos.
Que yo pueda caber con mi verso en tus brazos,
que tus brazos me ciñan entera y temblorosa
sin que afuera se queden ni mi sol ni mi sombra…

Que me sean tus brazos horizonte y camino,
camino breve y único horizonte de carne:
que la vida no vaya más allá… ¡Que la muerte
se parezca a esta muerte caliente de tus brazos…!

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Juegos de agua

Yo no quisiera ser mas que un estanque
verdinegro , tranquilo , limpio y hondo,
uno de esos estanques
que en un rincón obscuro
de silencioso parque,
se duerme a la sombra tibia y buena
de los arboles
¡Ver mis aguas azules en la aurora,
y luego ensangrentarse
en la monstruosa herida del ocaso…!
Y para siempre estarme
impasible, serena, recogida,
para ver en mis aguas reflejarse
el cielo, el sol, la luna, las estrellas,
la luz, la sombra, el vuelo de las aves…
¡Ah el encanto del agua inmóvil, fría!
Yo no quisiera ser mas que un estanque.

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