Don Luis de Velasco el valeroso cántabro que ofrendó su vida a La Habana en 1762

fotosdlahabana

Equipo de Fotos de La Habana. Integrado por historiadores, periodistas y profesores.
Luis de Velasco Museo Naval recorte

Cuando Luis de Velasco recibió la orden de abandonar su buque “La Reina” en la bahía y encargarse de comandar las defensas del Morro comenzaba, sin saberlo acaso, su carrera hacia la inmortalidad.

Contaba en ese momento 51 años de edad, de ellos 36 dedicados a la marina, pues había nacido en Noja, Santander, un 9 de febrero de 1711. Se unió a la marina con 15 años de edad, desde entonces su vida estuvo plagada de hechos que son más objeto de una serie de aventuras que de un corto artículo como este.

Recibe su bautismo de fuego -curiosamente terrestre- a los 16 años, en el sitio a Gibraltar, en el vano intento del Rey Felipe V de recuperar, entre enero y junio de 1727, el Peñón. (Si esto fuera un guión cinematográfico el autor insertaría un guiño haciendo alusión a enemigos ingleses, y a los meses de junio y julio -dicho guiño quedaría sin explicar en el momento, para que solo el cinéfilo avezado sonría diciendo “claro”-).   

En 1732 participa en la conquista de Orán que termina en julio de ese año, y luego en la caza de corsarios y piratas por el Mediterráneo y las Antillas. Por sus méritos es ascendido a teniente de fragata, grado que ostenta cuando nuevamente se rompen las hostilidades con Inglaterra en 1739, su valiente actitud en el transporte y cuidado de tropas contra los ingleses hace que en 1741 sea ascendido a capitán de fragata.

Llega 1742, España va de nuevo a la guerra con Inglaterra, Luis de Velasco patrulla en ese momento las costas entre La Habana, Matanzas y Veracruz al mando de una fragata de 30 cañones, en la cual había sostenido ya pequeñas escaramuzas con navíos ingleses, pero eran junio y julio sus meses para las hazañas… 

Luis de Velasco y la victoria más grande que hasta ese momento vio La Habana

Patrullaba Velasco su tramo de mar cuando le salen al paso una fragata inglesa -con más piezas de artillería que la suya- y un bergantín. La superioridad del enemigo en hombres y poder de fuego es evidente, duda un momento, pero el viento acude en su ayuda y Velasco se percata que el bergantín se ha separado y no podrá enganchar a tiempo. No lo piensa, ordena el giro y enfrenta la fragata. Aun nadie dispara, nuestro hombre espera, y espera -con flema más inglesa que española- hasta estar a tiro de pistola, entonces da la orden… los cañones sacuden el navío inglés que ha quedado con daños serios de movilidad. 

Luis Velasco Museo Naval 2
Pintura de Luis de Velasco en el Museo Naval.

Velasco desenvaina el sable, da la orden de abordaje y salta el primero, dos horas y media dura la lucha cuerpo a cuerpo. Dominada la fragata piensa un minuto, el viento ahora no le es favorable, lo mejor sería retirarse con el botín a quedar en una mala movilidad, pero… es junio, su estrella lo alumbra, el viento cambia y una vez más no lo duda, ordena la caza del bergantín que ha quedado en mala posición. Sus hombres no se lo creen, solo dos disparos fueron necesarios para dejar medio inservible el buque inglés que no llegó a disparar e iza la bandera de socorro.

Tres horas después de divisar los navíos ingleses, y pensar por un momento en regresar, Luis de Velasco navega hacia La Habana con dos buques apresados que le doblan en hombres y poder de fuego.

La entrada a la ciudad es colosal, los habitantes no dan crédito a lo que observan, un barco español ha apresado a casi 300 ingleses y dos navíos. Muchos hablan de milagro, la mayoría corea que es la victoria más grande que han visto.

El romance de La Habana con su protector acaba de empezar.

De nuevo junio

Pasaron cuatro años de tan colosal victoria y Luis de Velasco comandaba un grupo de jabeques en la zona Sur del país cuando una fragata de 36 cañones y 150 hombres es divisada en poniente, cualquiera al mando de tan débiles embarcaciones hubiera arredrado, pero era su mes y eran los ingleses. Ordena una separación que culminara en una formación envolvente por la zona de las aletas, y dirigiendo el fuego centralmente comienza un arduo cañoneo que culminó al izar la fragata enemiga la bandera blanca por estar medio desarbolada. Al abordarla se contabilizaron 150 prisioneros. Luis de Velasco lo había vuelto a hacer.

La Habana. Castillo del Morro 1762.

El ejercito de guerra más grande que jamás había cruzado el atlántico se situó a las puertas de La Habana la mañana del 6 de junio, en ese momento y siendo fiel a su ineficaz mandato el Mariscal Prado pensó que era la flota de Jamaica que iba en su ruta, no sería hasta bien entrada la mañana, y disipada la niebla, y de paso acortada la distancia, que fue evidente que Inglaterra les venía encima con una fuerza colosal.

La toma de La Habana por los ingleses fue posible gracias a un cúmulo de malas decisiones que comenzaron un año antes cuando Prado asumió el mando de la isla, desde la no fortificación real de la loma de La Cabaña, hasta la no preparación de la milicia, pasando por la ausencia de labores de fortificación de una ciudad que fácilmente podía haber sido inexpugnable.

Viendo lo que se avecinaba y valorando la muy real inferioridad marítima española, el capitán general ordena desmontar los barcos -¡Ah, Cervera!- y le encarga el mando del Morro a Luis de Velasco, quien nuevamente se hallaba en la ciudad. Comenzaba así la epopeya del Morro. 



Lo primero que hace es tapiar la entrada a la fortaleza, a partir de entonces solo se podrá acceder descolgándose mediante sogas por las murallas, lo segundo: situar a Bartolomé Montes como coordinador en el castillo mientras él dirigía el fuego de las baterías al pie de las murallas. Así prácticamente hundió el Cambridge y obligó al Marlborough a remolcarlo para que no se fuera a pique. Dos barcos fuera de momento por el precio de uno. 

Los intentos de ganar la fortaleza entrando desde tierra también fueron desbaratados por la eficaz y personal dirección del fuego que realizaba Luis de Velasco. Años después sus hombres narraban que parecía estar en todas partes al mismo tiempo, en la posición que se volvía importante ahí de repente estaba, para reaparecer al rato en el otro extremo del castillo. Algunos dijeron que en más de 15 días no le vieron dormir. Lo cierto es que mucho tiempo después los ingleses aún estudiaban el uso de la artillería que realizó durante los casi dos meses -junio y julio, como no- que duró el asedio, teniendo como agravante el estar en una fortaleza en llamas en todo momento.

Unos días antes del fin, visiblemente débil producto del cansancio y del impacto de rocas es sacado hacia La Habana para su cura y recuperación. Solo estuvo tres días, le llegaron noticias de la caída de la moral y el desanimo visible de los sitiados, se incorporó, tomó el sable, a su amigo el Marqués González y volvió al Morro. Desconoce este articulista cómo escaló en su estado físico las murallas, pues incluso el empleo de escaleras de soga amerita una fuerza que ya no parecía tener.

Como explicamos anteriormente (en este artículo) la tamaña defensa y resistencia de la fortaleza hizo que el alto mando inglés, con loable sentido de la marcialidad y de la admiración, le conminara a rendirse bajo los términos y condiciones que él escogiera, para entre otras cosas impedir que una bala pérdida acabara con tan valiosa vida. (puedes leerlo aquí)

Pero era Luis de Velasco un militar de honor, sabía que a esas alturas del asedio si caía el Morro caía La Habana, y él no sería el hombre que perdió La Habana. 

Imagen de Luis Velasco, en el Congreso de Madrid.
Imagen de Luis Velasco, en el Congreso de Madrid.

Una bala lo tumbó mientras dirigía el contraataque español ante la entrada de los ingleses por una brecha al castillo. El general Kepper, comandante inglés del asalto que había dado la orden de respetarle la vida, lo encontró, cerca de la brecha derruida, con una herida no mortal en el costado izquierdo y el sable agarrado en su mano derecha. Dicen los testigos que sus últimas palabras fueron: “¡González la bandera!”, y ahí precisamente cayó también el Marqués González, y su segundo Bartolomé Montes, y el valiente capitán Párraga.

Los ingleses le brindaron un auxilio inicial, y le preguntaron si quería que sus cirujanos lo atendieran, o ser enviado a La Habana. Posiblemente su decisión fue lo que le costó la vida. Escogió ser tratado por sus coterráneos, a donde fue conducido personalmente por el ayudante de campo del Conde Abermale, y murió inexplicablemente de un tétano producido por una tardía extracción de la bala.

Epílogos para un valiente. España.

Al enterarse los ingleses de su muerte decretaron un cese al fuego de 24 horas para que su cadáver pudiera ser inhumado en el convento San Francisco de Asís en ceremonia oficial, y contestaron las salvas de artillería disparadas por España en su honor. 

El Rey Carlos III para honrar la muerte del valiente decidió otorgar a su hermano Iñigo José de Velasco –Don Luis era soltero- el marquesado del Morro de Velasco, -el 12 de julio de 1763- y una renta de 4000 reales anuales según algunas fuentes y 20000 según otras. 

Luis de Velasco estatua
Imagen de la estatua en su Noja. Tomada de españaenlahistoria.org

Además ordenó su majestad que siempre debía existir un buque llamado “Velasco” en la marina española, según nuestras indagaciones el primero se bautizó en 1764, y a partir de ahí y hasta 1994, -fecha donde perdemos la pista- hubo seis “Velasco”.

Se convocaron concursos en todas las manifestaciones artísticas, de ahí se seleccionó la escultura ganadora y se erigió una estatua en su honor en un pueblo cercano a su natal Noja, donde se le ve con el sable en su mano derecha y la mano izquierda apretando la herida.

La Real hacienda acuñó monedas con su esfinge y la del marqués González en una cara y el Morro en la otra, a la par que se colocaba un cuadro suyo en el Congreso de los Diputados, donde aún está.

El epílogo de un adversario. Inglaterra

A partir de la caída de Don Luis de Velasco el conde de Abermale cada vez que se refirió a él lo hizo usando el epíteto: “el más valiente de los capitanes del rey católico”. Erigieron un monumento en su honor en la Abadía de Westminster, hicieron trasladar a sus museos monedas de las acuñadas por España, y desde entonces y hasta bien entrado el siglo XX cada vez que un barco de la armada británica pasaba cerca de Noja disparaba salvas en honor del adversario más grande que conoció “La reina de los mares” en su época de oro.

0 comentarios

Trackbacks/Pingbacks

  1. El Convento de San Francisco de Asís contado por Emilio Roig (1928) - Fotos de La Habana - […] del obispo Laso, que lo consagró, trasladándose sus cenizas en 1867 a la Catedral de La Habana; Luis de…
  2. El barrio de Jesús del Monte a los ojos de Emilio Roig - Fotos de La Habana - […] la vía casi única de abastecimiento de ésta; en sus cercanías murió Pepe Antonio, que fue, con don Luis…
  3. Castillo del Morro, fiel vigía de La Habana - Fotos de La Habana - […] precisamente aquella heroica gesta del cántabro de Velasco y sus hombres la última acción de guerra que verían los…
  4. De la Casa del Marqués de Casa Torres a La Factoría - Fotos de La Habana - […] de Casa Torres sería Don Laureano Chacón y Torres, quien se distinguiera por su valor durante el ataque inglés…
  5. Así atacaron los ingleses el Morro en 1762 y así lo defendió Luis de Velasco (I) - Fotos de La Habana - […] cuando el valiente Dn. Luis de Velasco acabó con los navíos y pudo acudir a la muralla de tierra,…

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Te podrían interesar…

Pin It on Pinterest