Bobby Fischer, un genio del ajedrez en La Habana en plena guerra fría

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Equipo de Fotos de La Habana. Integrado por historiadores, periodistas y profesores.

marzo 10, 2021

Bobby Fischer

Bobby Fischer está considerado entre los grandes prodigios del ajedrez, llegó a ser Campeón Mundial y su talento abrumador se inmortalizó al romper la hegemonía soviética establecida desde el final de la Segunda Guerra Mundial en el juego ciencia.

Pero Robert James Bobby Fischer que nunca quiso ser bandera política, y a quien sus enfermedades mentales le convertían en una persona ajena al mundo más allá de las 64 casillas, terminó siendo odiado por el gobierno de su país y con una orden de búsqueda y captura pendiente por parte de este terminó sus días.

Su carácter complejo y arisco, rebelde por naturaleza, le llevó a La Habana en dos oportunidades, pero el mayor recuerdo en esta ciudad lo dejó su no presencia en el Memorial Capablanca de 1965 en el cual quedó en segunda posición por detrás de su gran rival Boris Spassky.

Memorial Capablanca

¿Cómo es posible que un jugador fantasma, representante americano por demás, despertase tanta atención y entusiasmo entre los habaneros? La situación por esperpéntica que parezca dio la vuelta al mundo, un tablero de ajedrez con un solo jugador, frente a él una silla vacía y un hombre, José Raúl Capablanca hijo, que miraba a todas partes menos al tablero mientras movía las piezas en la disposición que le llegaban por teletipo.

El afán mostrado por Bobby Fischer para en plena Guerra Fría participar en el torneo provocó que los habaneros simpatizaran con él. Así era Fischer, el mundo en llamas y a él no se le ocurrió otra cosa que jugar un torneo en La Habana, cuando la situación entre Cuba y Estados Unidos seguía en ascas tras las fricciones producidas por las nacionalizaciones del gobierno cubano a las compañías extranjeras, la crisis de los misiles y las sanciones económicas impuestas por el presidente Kennedy.

Ese año, por demás, el excéntrico Bobby Fischer solo jugó un torneo, aquel Memorial Capablanca, para ello lo tuvo que hacer desde el Marshall Chess Club de Manhattan, donde años antes había sufrido el ataque al corazón José Raúl Capablanca, el mayor genio del juego ciencia nacido en un país de Latinoamérica y en memoria del cual se disputaba el evento.

Bobby Fischer, excentricidades de un genio sin igual

El gobierno norteamericano se negó a permitir que Bobby Fischer viajase a la Isla previendo el uso político que le daría el gobierno comunista cubano a la figura del Campeón Norteamericano. En aquellos años de Guerra Fría el ajedrez, como la carrera espacial, eran los mecanismo de propaganda preferidos por ambas potencias para demostrar su poderío. Bobby no entendía aquello, él quería jugar al ajedrez en una ciudad que le había cautivado cuando con 13 años, en 1956, la había visitado por primera vez.

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En aquella visita Fischer, que no fue un niño prodigio como Capablanca pero sí probablemente el adolescente más prodigioso hasta el momento (Sergey Karjakin, Magnus Carlsen y Alireza Firouzja podrían discutirle ese título también) disfrutó de los placeres de la vida cotidiana cubana alojándose en una residencia en Cuatro Caminos, jugando al béisbol con otros niños de su edad, «negritos en su mayoría» como dirían en las crónicas, además de realizar sus primeras simultáneas y ganarle por primera vez a un jugador titulado.

Eran otros tiempos y él mismo era otra persona, menos obsesiva y más estable mentalmente que disfrutó con entusiasmo aquel anonimato levemente notorio de jugador en ascenso. En 1965, lo quisiese o no, Bobby Fischer era la gran esperanza de occidente contra el monopolio del este en el ajedrez.

Fischer jugó el torneo finalmente encerrado en una habitación del Club de Ajedrez neoyorkino ante un árbitro y un testigo. Desde Cuba le enviaban las jugadas primero por teléfono y luego por teletipo, pese a las suspicacias de la época no hubo dudas de que Fischer jugaba limpio, manteniéndose al margen de lo que una victoria suya hubiese significado en materia política. El torneo lo ganaría el soviético Vassily Smyslov con 15,5 puntos, adelantando por medio punto a Borislav Ivkov, Erim Geller y Bobby Fischer.

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El hotel Habana Libre (antes Habana Hilton) adornado para un evento de ajedrez

Aquella participación demostró el carácter obsesivo e intransigente de Fischer quien no cedió primero a las presiones del gobierno norteamericano al tiempo que exigía al Primer Ministro Fidel Castro no usar su imagen como propaganda política.

Aquella excepcional participación marcó varios hitos por ser la primera vez que un jugador participaba en un evento en vivo sin estar presente en la sala y el país, además como curiosidad la partida entre Fischer e Ivkov fue la primera de la historia en ser suspendida por lluvia debido a una tormenta que hacía imposible mantener una comunicación fluida entre La Habana y Nueva York.

Olimpiada por equipos de 1966

Apenas un año después pisó territorio cubano Fischer, convertido en ídolo de un país ansioso por descubrir al hombre tras la mano de Capablanca hijo. La actuación del equipo norteamericano fue excelente y consiguieron alcanzar el segundo lugar, la super escuadra rusa contaba con 3 campeones del mundo en sus tableros y era favorita indiscutible.

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Actuación de Bobby Fischer en la Olimpiada de La Habana

Más allá de los tableros esta vez Bobby Fischer disputó varias simultáneas informales, uno de los momentos más memorables fue la partida de la consulta entre Filiberto Terrazas y Fidel Castro celebrada en el Habana Libre (antiguo Habana Hilton) y a la cual se sumaron Tigran Petrosian, el campeón del mundo de aquella época, ayudando a Fidel Castro y Bobby Fischer quien hacía lo propio con Terrazas. La partida no reviste más importancia que aquel modo cooperativo de juego.

6800 tableros en la plaza de la revolucion1

Tras finalizar el torneo Bobby Fischer solicitó la posibilidad de permanecer un tiempo en el país y recorrer la isla. Recibió el permiso del FBI que había enviado a varios agentes a custodiarle y del gobierno cubano. Estuvo en Cienfuegos alojado en el Hotel Jagua y se dejó ver por la Academia situada en el Prado de la ciudad. Hasta que volvió a su país de origen.

Un talento inestable

El material altamente explosivo que movía la maquinaria cerebral del genio judío americano también era altamente inestable. A lo largo de su vida activa mostró diversas actitudes infantiles que le provocaron problemas con los organizadores de los distintos torneos. En algunos lugares lo tildaron de meras excentricidades pero lo cierto es que Bobby, a quien su madre abandonó con 17 años debido a su obsesivo espíritu y carácter, sufría de una enfermedad mental no diagnosticada.

En 1872 consiguió el título mundial ante Boris Spaasky en Islandia, el conocido como «Match del Siglo» que significó la primera gran derrota del ajedrez soviético y que sirvió de revancha para el gobierno americano tras la derrota sufrida en la carrera espacial, llenó a Fischer de elogios y titulares pero aquel inquieto joven de 29 años tras llegar al objetivo de su vida desapareció.

En la década transcurrida entre 1962 y 1972 había ganado todos los torneos que había jugado excepto los segundos lugares obtenidos en el Memorial Capablanca de 1965 y el torneo Piatigorsky de 1966. Se negó a defender su título ante el retador Anatoli Karpov en 1975, y hasta 1992 no se le volvió a ver delante de un tablero.

El colapso final

Cuando aceptó participar en un evento de reedición del Match del Siglo, al cumplirse 20 años del suceso, frente al tablero volvió a encontrarse a su enemigo íntimo Spassky. Volvería a ganar el americano en un giro sorprendente de los acontecimientos, pues Boris Spassky, en ese momento nacionalizado francés, seguía en activo como número 125 del mundo.

Aquel match se celebró en la antigua Yugoslavia y rompió un bloqueo establecido por el gobierno norteamericano a sus ciudadanos. Aquello le costó a Fischer una orden de búsqueda y captura, seguido de una pena de 250 mil dólares y diez años de prisión a su regreso a su país.

En 1981 había sido detenido en Pasadena mientras deambulaba en estado de mendicidad sospechoso de tomar parte de un atraco. No volvería Fischer a su país, aquel que se ufanó de su golpe a la dictadura soviética en el ajedrez. Prófugo de la justicia norteamericana fue apresado en Japón por intentar ingresar con un pasaporte falso en el 2004. Tras permanecer varios meses en prisión Islandia le concedió la ciudadanía permitiéndole ingresar al país, allí fallecería en enero del 2008.

En sus últimos años su comportamiento errático le llevó a alabar a Hitler, se declaró antisemita y se mostró conforme con el ataque a las torres gemelas ganándose la enemistad de los principales medios de su país de origen.

Envió varias solicitudes mientras se encontraba encerrado en una prisión japonesa, entre ellas su correspondencia da cuenta de una solicitando el asilo humanitario en Cuba, pero no recibió contestación. El hombre que acercó en plena guerra fría Nueva York y La Habana fue ignorado por ambos gobiernos, en una resolución cruel del destino, esperemos que haya encontrado la calma en el gélido Reikavik donde se consagró campeón del mundo y donde reposan sus restos mortales.

***

Bibliografía consultada:

Bobby Fischer en Cuba, de Miguel Ángel Sánchez y Jesús Suárez, Editora Two Bishops, 2019

-Revista Bohemia

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