Víctor Manuel García, un pincel de vanguardia en La Habana

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Equipo de Fotos de La Habana. Integrado por historiadores, periodistas y profesores.
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Mientras se escapaban las últimas gotas de vida del pincel de Víctor Manuel García la ciudad de La Habana, donde había echado su arte y su suerte, transcurría impávida en el letargo del invierno anodino del trópico. Fue un 2 de febrero de 1969 cuando se apagó finalmente la paleta del «pionero» de la pintura modernista cubana, baluarte fundamental para la renovación en el joven ambiente pictórico nacional.

Mientras corría entre las aulas de «San Alejandro«, donde trabajaba su padre, se acostumbró al olor a pintura, el tensar de lienzos, las formas y los paraísos visuales de la pintura. Pero de aquel primer juego de infante inocente nació un genuino interés por dominar las formas, dar sentido al color y el más genuino de los deseos de hallar un mecanismo de expresión propio.

Todo esto lo leyó a la perfección el maestro Leopoldo Romañach, quien conmovido por la audacia y técnica del joven, ayudó a que fuese, primero de forma extraoficial, designado profesor auxiliar de dibujo en la más longeva institución de este tipo en Hispanoamérica, cargo que ocuparía durante 14 años.

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Víctor Manuel, más allá de Gitana Tropical

Estaba en París, donde encontraba el universo cultural de entonces el sentido, cuando le ocurrió como a doña Lydia Cabrera, aquel descubrimiento de La Habana a orillas del Sena marcó el interés de Víctor Manuel por recorrer nuevos rumbos pictóricos. Fechada en la capital europea en el año 1929, su Gitana Tropical constituyó un símbolo del nuevo arte cubano.

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A diferencia del genio Wifredo Lam, los viajes a la ciudad de la luz de Víctor Manuel serían fugaces aspiraciones de oxígeno creativo. Siempre volvía a La Habana, ciudad donde había nacido un 31 de octubre de 1897 y donde vivió toda su vida entre el arte, los pigmentos y la bohemia.

Su primera exposición personal se produjo en «Las Galerías» de San Rafael en el año 1924, tenía entonces Víctor Manuel apenas veintisiete años. Entre los esbozos, en palabras de Loló de la Torriente, «de aquella primera colección expuesta se advertían ya que aspiraba a reducir los medios tonos hasta llegar casi a eliminarlos, acumulando volúmenes luminosos, tan extendidos y seguros que resaltaban sobre placas yuxtapuestas el modelo de trazado con finas y sutiles formas que contrastaban, sobre fondo sin sombras de relación, la emoción del conjunto«.

A su regreso del primer viaje que realizó por Europa en 1925, donde conoció la obra de los impresionistas y postimpresionistas, influenciado sobretodo por el primitivismo de Paul Gauguin, formó parte de los pintores anti-academicistas por naturaleza que encabezaba junto a figuras como Carlos Enríquez, Eduardo Abela y Fidelio Ponce de León, pero que acogería a gran parte del grupo de artistas que emergería en las décadas siguientes hasta el surgimiento en los años 50 de la nueva generación aunada alrededor del Grupo de los Once.

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Esa cercanía personal no es extensible a su pintura. Víctor Manuel es Víctor Manuel, su pintura no encaja en ningún molde del momento, y él, lejos de sentirse desamparado, continúa en el tránsito de profundizar en sus propios canales expresivos, auqnue estos le alejen de sus contemporáneos.

«Anotemos la fecha de hoy, porque ella señala el acceso a la vida inmortal de quien contribuyó como pionero juvenil, tanto como con obra madura y hecha, al nacimiento y auge de la pintura moderna en Cuba. Pudiera pensarse que esta palabra, pionero, denota un sentido de elementalidad de esfuerzo ciego en la arrancada como los soldados a quien se aplica pero en nadie como en Víctor Manuel sería falso un juicio o suposición semejante.

El maestro cuyo cuerpo vamos a dejar tendido en la tierra que lo sostuvo amorosamente, fue no solo un gran dotado, sino un trabajador consciente, un artista de rapidísima vibración espiritual. En su obra se aúnan el hallazgo plástico de lo criollo y nacional, y su expresión más exigente, en una síntesis de motivaciones y recursos que sólo a un poderoso artista le es dable ofrecer.
Hace apenas unos meses trajimos aquí a la grande Amelia cuya fabulosa exposición es en estos días pasmo de legos y versados.

Ahora te traemos a ti, pobrecito, mínimo, franciscano y volteriano Víctor Manuel. A partir de hoy, ya no te abandonaremos, ya no nos abandonarás. No desapareces, te integras a nuestra vida, más vivo que antes y más fuerte, tú que acabas de morir y parecías tan débil

Palabras de Nicolás Guillén en el sepelio de Víctor Manuel.

Estilo cubano

En palabras de uno de sus grandes admiradores y amigos, José Lezama Lima, «Víctor Manuel había recibido una gracia y ahora nos devuelve su caridad», esta cita extraída de «Pequeña oda a Víctor Manuel García» ejemplifica a la perfección la fascinación de su obra en sus contemporáneos.

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La caridad a la que se refiere Lezama es el principio de lo que podemos considerar verdaderamente escuela cubana de vanguardia. Alejada de los moldes paisajísticos y estáticos de los ilustres Armando García Menocal y Leopoldo Romañach, eximios maestros de la técnica pero a veces estériles en la expresión, esta nueva corriente busca un lenguaje expresivo y corporal más allá de la forma propia del trazo.

El «corto siglo XX» necesitaba de Cuba un nuevo sello expresivo, en esa corriente surgió Víctor Manuel, con sus lúgubres tonalidades que se asentaban en el extremo opuesto del sentimiento pop en el cual se quería incluir a Cuba como destino turístico de colores estridentes y alegría.

La profundidad romántica de Víctor Manuel continúa ligada a la idiosincrasia natural del cubano, alegre en la desgracia y taciturno en la algarabía. Su vida es así mismo fiel reflejo de este sentimiento, asiduo visitante del café bohemio por excelencia La lluvia de Oro (en la calle Obispo) era común verle dirigirse hacia su estudio-taller en la Plaza de la Catedral, ubicado en la planta alta del palacio del Marqués de Aguas Claras.

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No debe extrañar que en la Primera Exposición de Arte Moderno (Pintura y Escultura) que se exhibió en los salones del Centro de Dependientes entre marzo y abril de 1937 recibiese premios por su obra. En esta exposición colectiva se expusieron hasta diecisiete obras suyas.

Artista total

Su lenguaje permaneció inmutable a expresiones externas de contemporaneidad. No hay en su obra simbolismos que hagan mención a los sucesos políticos y sociales ocurridos en Cuba a partir del primero de enero de 1959. Su pincel solo conocía el lenguaje de su complejo mundo interior, era este el que dictaba los trazos de sus obras, de ahí el frescor rebelde de su pintura, los trazos juguetones y la sensación de libertad poética que emergen de sus cuadros.

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Poema de Nicolás Guillén dedicado a Víctor Manuel

El carácter, a veces distendido, de Víctor Manuel le llevó a firmar solo una parte de su obra con su nombre artístico. Otros cuadros asociados a él llevan un largo guión enrevesado por firma o el nombre de Manuel o Manolo García, y otros, en su gran medida dibujos, ni siquiera contienen ningún ejercicio de cuño creativo.

«Su salud jamás lo preocupó. Parecía comprender que en realidad nunca el genio es más consciente que cuando pasan los años, persiste el oficio y el cuerpo se halla deteriorado.

Entonces estamos próximos a nuestro auténtico yo (…) Víctor Manuel, en sus últimos años, aunque no lo viera todo ni pudiera contra la agresividad del óleo, lo sabía todo.

Dudaba que la sobriedad y la disciplina, el descanso y el ejercicio, los tratamientos médicos, pudieran devolverle la energía y, bohemio como era, buscaba el placer en el vagabundeo de su destrozado corazón que palpitaba con febril impaciencia en el reducido marco de una plaza que era su jardín empedrado.

Todo aquello era la fiebre de un pasado pero, ¿acaso si para otro cuerpo aquella era una fiebre alarmante, para el suyo, no podía resultar temperatura normal? Víctor Manuel se alimentaba de sí mismo, ese había sido su hábito. (…) La experiencia de la vida le había dado cierto sosiego y comprensión, para esperar sin espanto la muerte. Y, así, la esperó él.»

Loló de la Torriente, en la Revista Bohemia
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Esta despreocupación de los detalles externos a los límites físicos donde plasmaba su arte provocaron gran deterioro de su salud, un príncipe de la bohemia como era conocido por sus amigos.

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