Salvador Cisneros Betancourt un marqués insolente en el Congreso

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Equipo de Fotos de La Habana. Integrado por historiadores, periodistas y profesores.
Salvador Cisneros

Salvador  Cisneros Betancourt  nació noble,  creció noble, y murió noble de alma y sueños. No conoció en vida más sueño que la Patria, no portó jamás un arma y fue la piedra incómoda en los salones del Congreso.

Su historia con La Habana adquiere su máximo momento luego de terminada la Revolución del 95, en la cual fue presidente, como ya lo había sido en la de los Diez Años.

Salvador Cisneros Betancourt el anciano insolente

El Marqués, hombre de refinada educación, fue toda su vida un insolente para aquellos -sietemesinos les llamo Martí- que soñaban ver a Cuba ligada a los Estados Unidos.

Hombre de verbo brusco, sin las maneras hermosas de Sanguily, pero de ideas precisas, Salvador trató, usando todos los medios a su alcance, de impedir y luego frenar la influencia norteamericana en Cuba. Para ello apeló a métodos oratorios, periodísticos, legales, e incluso insolentes.

Salvador Cisneros

En 1901, en la Asamblea Constituyente, Salvador Cisneros Betancourt pronuncia su famoso argumento contra la Enmienda Platt, donde analiza profunda y pormenorizadamente las implicaciones e ilegalidades de dicha ley, es la cabeza visible de un grupo de patriotas intransigentes, pero la Enmienda era imparable, entonces, en un arranque de furia, el Marqués vibrante y amenazador, con la larga barba blanca que le llegaba al pecho, sus siete décadas a cuestas y los ojos llenos de furia hace lo impensable, se trepa en su banqueta y agitando el bastón, como si fuera un machete, comienza a vociferar:

Aquí sobran mariquitas y faltan mambises

Cuentan que no paró de gritar, que ese día hubo que suspender la sesión, y que al siguiente se le vio llegar con maneras burlonas a ocupar su banquete de diputado.

Salvador Cisneros

El fue quien propuso a Bartolomé Masó para presidente, pues ya en carta a Estrada Palma había roto públicamente con él, acusándolo de pronorteamericano y de darle la espalda a su propia historia mambisa.

Poco después de aquello el Generalísimo, que hacia campaña por toda Cuba a favor de Estrada, trata de ir al Camagüey a dar un mitin a favor de su candidato, pero Salvador Cisneros Betancourt se le adelanta y en carta abierta le insta a que siga de largo en su tren, que no pare en el Camagüey, pues allí todos son masoistas.

Mas Gómez era testarudo, y tal vez el hombre más popular del país entonces, por lo que decide ir de todas maneras. Le recibió un andén desierto, y una ciudad con puertas y ventanas cerradas, más el teatro estaba repleto, el viejo debe haber pensado entonces que las cosas se encaminarian… Fue abucheado, silbado y tuvo que abandonar bajo una lluvia de tomates la ciudad del Marqués.

Así de irreverente podía ser aquel hombre, al que desde el primer día de su nombramiento como presidente de una República en guerra, un 28 de octubre de 1873, podía vérsele andar desalmado por la primera línea de los combates, vistiendo siempre de civil, dándole ánimos a los soldados.

¿Un marqués homicida?

Según Manuel Sanguily, Salvador Cisneros Betancourt odiaba profundamente al presidente Mckinley, solia despotricar en su contra hasta que le afloraban las venas del cuello.

Cuán convincente habrá resultado para que, el 14 de septiembre de 1901, cuando Lacret y Sanguily reciben la noticia del asesinato saliesen corriendo para la casa de Salvador, pues no le veían desde el día 12. 

Luego confesaron que realmente sintieron el temor de que el Marqués hubiese decidido resolver, a la brava, el problema cubano.

Junta Patriótica de La Habana

Es posible que el último intento de reencarrilar, legalmente, el pensamiento martiano en la joven República se le deba a Salvador Cisneros Betancourt, quien tuvo en verdad poco trato con el Apóstol, pues el 10 de octubre de 1907 crea la Junta Patriótica de La Habana, la cual tenía como sustento el Manifiesto de Montecristi y las bases del Partido Revolucionario Cubano.

Sobre esta obra del Marqués, de la cual queda todo por escribir, según el sitio de la Oficina de Asuntos Históricos de Camagüey:

Sus miembros se dieron a la tarea de rescatar la ideología martiana de liberación nacional y antimperialista.

En su reglamento y bases su objetivo principal se basaba en unificar el sentimiento cubano en la lucha por la independencia absoluta. Expresaban el deber sus miembros y de todos los cubanos no sólo era luchar por derogar la Enmienda Platt, sino también la nacionalización de empresas y propiedades.

Para ello propusieron elaborar un plan económico que pusiera freno a la penetración de capitales a la Isla, así como la lucha contra los elementos antinacionales que hacían el juego a los Estados Unidos, y a la intervención en los asuntos internos de Cuba como rechazo a la humillación y esclavizante ocupación americana.

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El marqués insolente murió en batalla, en plena paz, defendiendo sus ideas independentistas. Con su partida se iba el último insolente de la generación del 68.

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