Plaza de la Iglesia Parroquial o cuando la Catedral aún no estaba en su sitio

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Equipo de Fotos de La Habana. Integrado por historiadores, periodistas y profesores.
Catedral de la Habana 1890. Vista desde calle Empedrado.

Extracto sobre la plaza de la iglesia parroquial publicado en el libro «Matanzas, primera urbe moderna de Cuba» de la autora Alicia García Santana.

La plaza de la iglesia Parroquial estuvo estrechamente vinculada a la de Armas. 

La Parroquial era el edificio más importante de la comunidad. Inicialmente era de guano, pero fue reedificada de cal y cantos con posterioridad al ataque de Jacques de Sores, y concluida en 1574. 

Según se aprecia en el plano de Cristóbal de Roda, tenía la fachada principal hacia la calle de los Mercaderes, su fondo hacia la plaza de Armas, un costado mayor daba a la calle Obispo y el otro a su plaza.  

Plano de la Plaza de Armas

A principios del siglo XVII se intentó reconstruirla y dotarla de una torre, acorde con la importancia creciente de la ciudad. 

Mucha polémica suscitó el emplazamiento de la iglesia en relación con el castillo de la Fuerza, (puedes leerlo aquí) pues se consideraba necesario alejarla de este por razones de seguridad, tal como estipulaban las Leyes de 1573. 

Se presentaron varios proyectos, entre otros el realizado por el maestro mayor Juan de la Torre que, al decir de Diego Angulo Íñiguez, era semejante al de la catedral de Jaén, por lo que de haberse construido sería 

“el último eslabón de aquella magnífica serie de catedrales andaluzas iniciadas por Diego de Siloé al pie de la Sierra Nevada”. 

Pero nada se hizo. La reconstrucción de la iglesia, ya sin techo, queda paralizada. En 1612 se cubre con nueva techumbre pero se mantiene en el mismo lugar, sin recursos con que enfrentar su total edificación.

El templete 1899. Ubicado en la antigua plaza de la Iglesia Parroquial.
El templete 1899

En 1665 se recomienda nuevamente la construcción de la Parroquial en otro sitio, y si ello no fuera posible se pedía al menos orientar su entrada principal al Oriente, es decir, girar la fachada que daba a la calle del fondo hacia la plaza.

 Es el primer indicio de reconocimiento del espacio público de la plaza, que hasta entonces no había sido asumido como ámbito de representación. 

Los edificios relacionados con la plaza de Armas en el siglo XVII eran de muy modesta factura. 

Consistieron en talleres y oficinas de menestrales —identificados por sus correspondientes colgadizos exteriores a modo de portales—, tiendas, y bodegas. 

Las habitaciones de los vecinos pudientes prefirieron ubicarse en las calles cercanas a la iglesia Parroquial. 

Las casas de los más encumbrados personajes de la época estaban en la calle Obispo entre Oficios y Mercaderes, directamente enfrentadas al costado mayor de la primitiva Parroquial. 

También quedan restos de gran antigüedad y prestancia en el tramo de la calle de los Oficios entre Obispo y Obrapía.  

Dichas casas son de dos plantas y responden al tipo descrito como a la castellana, mudejarizados, con el acceso frente al patio y este flanqueado por galerías. Los bajos se destinaron a funciones públicas y los altos a uso doméstico. 

Techos de armadura de par y nudillo realzan los espacios interiores. Las fachadas, en extremo austeras, carecen de balcones, que se insertaban solamente en las residencias más importantes, con preferencia en el ángulo de esquina.

Al fin, en 1666 se amplía la iglesia y se construye su torre. Los edificios anexos a la misma ocupan parte del espacio lateral que existiera por el lado de la calle de O’ Reilly, con lo que la plaza de Armas va adquiriendo mayor protagonismo.  

En el minucioso plano del área, de fines del siglo XVII, atribuido al ingeniero Juan de Císcara, se observa el ámbito de la plaza presidido por la horca y por una ceiba. 

En 1741, la voladura del buque El Invencible provocó la destrucción definitiva de la iglesia y de otros edificios de su entorno. Se planteó su reconstrucción y también la edificación de una nueva sede de gobierno, sin embargo, nada se hizo hasta que la toma de La Habana por los ingleses en 1762, y su devolución al año siguiente, imprimió dinamismo a la ciudad al calor de una mejor atención por parte de las autoridades. 

Castillo de la Real Fuerza 1890
Castillo de la Real Fuerza 1890

Se impuso así la modernización de la urbe, tarea asumida por destacados gobernantes que trasladaron a la Isla los presupuestos del Iluminismo español.

El problema de la sede del gobierno coincide con la aprobación, en 1772, del traslado de la Parroquial para la inconclusa iglesia de los jesuitas, en la plaza de la Ciénaga. 

Nuevo proyecto de la plaza de la Iglesia Parroquial

Se decidió entonces la demolición de la Parroquial para construir en parte de sus terrenos el edificio destinado a las Casas Capitulares, del Gobernador y la Cárcel; inmueble que dotaría de mayor rango urbano al espacio primado de la población, en cuyo lado norte se había iniciado la fábricación de uno de los palacios más notables de la época: el de Correos o de la Intendencia —finalmente del Segundo Cabo

El mismo fue ejecutado según el proyecto del ingeniero Silvestre Abarca (1707), y concluido en 1783 con las modificaciones aportadas por los ingenieros Luis Huet y José del Pozo y Sucre, y por el arquitecto gaditano Pedro de Medina.

La decisión de remodelar la plaza fue tomada por el mariscal de campo Felipe Fondesviela, marqués de la Torre, quien ocupó la gobernación de la Isla entre 1771 y 1776. 

Con ese objetivo, el ingeniero Ramón Ignacio de Yoldi elabora un ambicioso proyecto en 1773, inspirado en las ideas del propio gobernador. 

Para darle un aspecto regular a la plaza se retiró la línea de fachada que originalmente tuvo la Parroquial Mayor, en eje con la calle Obispo. 

Plaza de Armas de La Habana 1870
Plaza de Armas de La Habana 1870

En su solar —y en otros adquiridos hasta completar la manzana rodeada por las calles Obispo, Oreilly y Mercaderes—, se construiría el palacio de Gobierno, Cabildo y Cárcel, con portales a su frente que continuaban por el resto de los lados de la plaza; tal como se estaba ejecutando en la plaza Vieja y en la de la Catedral. 

Esto incluía al pequeño tramo de casas de la esquina de Obispo y Oficios, que quedó entonces comprendido dentro del ámbito de la plaza propiamente dicha, y no en su esquina como originariamente.

De este amplio proyecto solo se llegarían a construir el mencionado palacio de Correos, y el de Gobierno, Cabildo y Cárcel, llamado de los Capitanes Generales, según plan atribuido al ingeniero Antonio Fernández de Trebejos, con la participación del arquitecto Pedro de Medina. 

El palacio de los Capitanes Generales fue terminado en 1791 bajo la gobernación de Luis de las Casas (1790-1796). 

Con estos inmuebles la plaza se acercaba al ideal de Plaza Mayor con edificios porticados. Su aspecto se terminaría en el siglo XIX y adquiriría definitiva expresión en el XX.

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