Parroquial del Espíritu Santo, la iglesia más antigua de La Habana

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Equipo de Fotos de La Habana. Integrado por historiadores, periodistas y profesores.

La Iglesia Parroquial del Espíritu Santo, considerada la más antigua de La Habana y de Cuba, se encuentra ubicada en la intersección de las calles Cuba y Acosta en el municipio de la Habana Vieja.

En lo que es hoy la intersección de la calle Cuba con la calle Acosta se levantó en el año 1638 por una sociedad «de color» una ermita dedicada al Espíritu Santo. Una década después le fue otorgada la prerrogativa de parroquia y en 1773 el derecho a servir de asilo.


Parroquial del Espíritu Santo La Habana

Placa en la fachada de la Parroquial del Espíritu Santo en la que se refrenda la potestad del templo al derecho de asilo.


Parroquial del Espíritu Santo

Los Padres Paúles se hicieron cargo del templo en 1863 y lo reedificaron. El 31 de enero de 1867, tras casi un lustro de reformas, fue reinaugurada la iglesia con el aspecto que se le conoce hoy.

El nombre de Parroquia del Espíritu Santo se debe a que los negros libres que construyeron la primitiva ermita en 1638 la colocaron bajo la advocación del «Divino Paráclito», nombre que se le da al Espíritu Santo en la liturgia y la teología cristianas.

Como consecuencia de las numerosas reformas llevadas a cabo en el edificio durante su larga existencia, en la Parroquial del Espíritu Santo se mezclan diferentes estilos arquitectónicos que van desde el mudéjar y el neoclásico hasta el gótico que puede apreciarse en la bóveda nervada, que ordenara construir el Obispo Jerónimo Valdés (quien, por cierto, fue inhumados en uno de los muros de la iglesia y cuyos restos se perdieron en una de las tantas reconstrucciones de templo).

Uninave, como fue norma en las Iglesias cubanas del siglo XVII, el Obispo Morell de Santa Cruz ordenó adicionarle una capilla en el ala sur en 1760; 40 años antes se había erigido la torre campanario, construida por el maestro Pedro Hernández de Santiago.

En 1808 se colocó el reloj en el campanario y a mediados de ese siglo XIX se demolió la ampliación que había realizado Morell de Santa Cruz y volvió a levantarse la pared que limitaba con la calle Acosta.

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