Mario Benedetti crónica de su romance con La Habana

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septiembre 14, 2021

Mario Benedetti

Con ojos de buey, dedos de frente, pies de plomo, llegó en 1966 Mario Benedetti a La Habana. Era el inicio de una relación, que cambiaría su vida, con la Isla Grande de las Antillas.

Llegó dispuesto a averiguarlo todo, a transformarse desde lo más hondo, en realidad venía como jurado al concurso literario de Casas de la Américas, pero su motivo era más definitorio, venía:

dispuesto a transpirar

a cotejar testigos

a combustir mulatas

Esa primera vez, que nunca se olvida, era una necesidad venir a La Habana, pues siempre dijo que el triunfo de enero de 1959 le cambió la vida.

Mario Benedetti
Un joven Mario Benedetti

Llegó para volver siempre, nunca dejó de hacerlo, desde aquel día en que maravillado, en algún lugar de la capital escribió:

Vamos a ponernos
brevemente de acuerdo
aquí los buitres
son auras tiñosas
las olas humedecen los
pies de las estatuas
y hay mulatas en todos
los puntos cardinales
 
los autos van dejando
tuercas en el camino
los jóvenes son jóvenes
de un modo irrefutable
la palabra carajo
vitaliza el fraseo
y hay mulatas en todos
los puntos cardinales
 
nada de esto es exceso
de ron o de delirio
quizá una repentina
borrachera de cielo
lo cierto es que esta noche
el carnaval arrolla
y hay mulatas en todos
los puntos cardinales

Volvió al año siguiente, con el pretexto de participar como jurado en la edición de cuentos del concurso de Casa, pero una visita al año no llenaba sus ansias y en eso llegó 1968.

Mario Benedetti trabajador de Casa de las Américas

Durante tres años Mario fue un cubano más, que hizo guardia, cortó caña, arrancó mala hierbas… y a todo eso le hizo poemas. Él mismo ha dicho de esos años:

Fui como invitado para que creara un departamento que se llama Centro de Investigaciones Literarias y que formara el personal. Luego lo dirigí por tres años. Fue una experiencia muy interesante. Primero porque fue la primera vez que trabajé en algo que tuviera que ver con mi vocación y, además, el hacerlo dentro de la Revolución tenía otro color.

Hice un plan para ese Centro, contraté personal de muchos lados, casi todos licenciados en literatura hispanoamericana que era a lo que se dedicaba la Casa. Después, siempre dirigiendo el Centro, pasé a integrar el Consejo de Dirección de la propia Casa de las Américas, que también fue una experiencia muy particular y muy estimulante. Era ver cómo funciona un organismo cultural de la Revolución desde adentro.

Como director del Centro de Creación Literaria Mario Benedetti fundó la serie Valoración Múltiple, el Archivo de la Palabra y la colección Palabra de esta América, además de impulsar a decenas de aspirantes a poetas que solían pulular por sus alrededores.

Mario Benedetti
En Casa de las Américas

Fue para el uruguayo una época grata, que siempre recordó coas luces que sombras, pero un poeta de su generación no podía divorciarse de su realidad, y al Uruguay se regresó un día de 1971, donde fundó, junto con otros uruguayos, el Movimiento de Independientes 26 de marzo, que luego se integrará en el llamado Frente Amplio.

Asume un puesto en la Universidad de Montevideo, como director del Departamento de Literatura Hispanoamericana en la Facultad de Humanidades y Ciencias. Desde ese momento se zambulle con fuerza en la política del Frente, hasta el golpe de estado de 1973.

Un poeta en peligro

Mario Benedetti era muy visible para que le permitieran quedarse en el Uruguay, exiliado decide establecerse en Argentina, a solo un río de distancia de su patria, pero toda fortaleza tiene su lado amenazante, y para la Junta Militar de su tierra el poeta estaba muy cerca.

Perseguido también en tierras argentinas se refugia en el Perú, pero la mano de la dictadura es larga, y logra que en 1975 sea expulsado. Amenazado, constantemente expulsado, el poeta no lo duda, levanta un teléfono y llama a Casa de la Américas, al otro día le llegaba, enviado por Haydee Santamaría, el permiso para volar a Cuba. Mario Benedetti volvía a los brazos de La Habana.

Un cubano con acento

El regreso a Casa tuvo un condición, Mario Benedetti quería vivir como un cubano de a pie, sin jerarquías ni atenciones especiales, no estaba de visita, atrás había dejado a su familia y no deseaba más comodidades que las que su trabajo le pudiese proporcionar.

Terminó viviendo en Alamar, centro de refugio de miles de emigrantes latinoamericanos, en el edificio de doce plantas de la zona 8. Este escritor pensando en ello se pregunta: en una época sin internet ¿cuántos jóvenes que plagiban para sus amadas los versos del uruguayo lo habrán reconocido en la bodega? 

Mario Benedetti
Haydée Santamaría, Mario Benedetti y Alejo Carpentier

Hasta donde las fuentes nos permiten saber Mario Benedetti estuvo en La Habana, muy posiblemente siempre en Alamar, hasta 1980, en que decide establecerse en España.

Regresó luego muchas veces a Cuba, a Congresos, concursos, reconocimientos, homenajes, o placer. Siguió volviendo incluso luego de la muerte de su esposa Luz.

Falleció en Uruguay, el 17 de mayo de 2009.

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