Manuel Lamar «Lillo», entre Matojo y Chicho Durañón (+ 2 dibujos animados)

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Equipo de Fotos de La Habana. Integrado por historiadores, periodistas y profesores.

noviembre 25, 2021

Entre los grandes caricaturistas y realizadores de dibujos animados en Cuba, Manuel Lamar «Lillo» ocupa un lugar de privilegio. El sólo hecho de haber dado vida a los personajes de Matojo y Chicho Durañón basta para colocarlo a la vanguardia del humor gráfico en la mayor de las Antillas.

Manuel Lamar Cuervo nació el 13 de diciembre de 1919 en Bogotá, Colombia. Su madre era colombiana y su padre el embajador cubano en ese país, por lo que desde joven se trasladó a vivir a la Isla, donde se graduó de Derecho Diplomático y Consular en la Universidad de La Habana (años después también obtendría el título de periodista en esa alta casa de estudios).

Curiosamente, nunca estudió dibujo y toda su formación fue autodidacta, pero poseía un talento natural que hacían que se lo disputaran las revistas y agencias de publicidad.

Fundador del Departamento de Dibujos Animados de la Televisión Cubana, fue, además, un entusiasta activista de la sección de humorismo en la UNEAC y la UPEC.

El Matojo de Lillo

A lo largo de su carrera como caricaturista, Manuel Lamar «Lillo» dio vida a varios de los personajes más entrañables de las tiras cómicas cubanas como Sapito Pérez, Titina o Chicho Durañón (el más celebre de los tacaños cubanos); pero, sin dudas, el más popular de todos fue Matojo, que nació en 1961 en las páginas del semanario Palante, para de ahí saltar a las publicaciones infantiles seriadas Pionero y Zunzún.

Resulta poco conocido, pero para darle vida a Matojo, Lillo encontró la inspiración en la cotidianeidad de su hija Patricia, a la que incluyó como uno de los personajes principales de la historieta , junto a otros dos niños Igor e Iván.

Matojo, resumía el ideal de lo que, supuestamente, debería ser un pionero cubano, pero divertido, natural y desprovisto de los afeites y la «carga ideológica» que hacían infumables a otros personajes de ficción contemporáneos. De ahí el éxito inmediato que tuvo entre los lectores más jóvenes y otros no tan jóvenes.

Las historias de Matojo y sus amigos fueron llevadas a los dibujos animados por el ICAIC en cuatro cortos que hasta el día de hoy siguen gustando a grandes y chicos, y provocando carcajadas: «Matojo no nada, nada» (con su célebre frase «Un nadador, necesitamos un nadador», que ha pasado de generación en generación, asentándose en el imaginario popular), «Buenos días, Matojo», «Matojo va a la playa» y «Matojo va a la escuela», son verdaderas joyas de los «muñequitos» cubanos, dignas de ser preservadas como patrimonio cultural.

Lillo "Matojo no nada nada"
«Un nadador, necesitamos un nadador» la frase de los animados de Matojo que, junto a «Yo no le hago caso a lo que dice a esa vieja» pasaría al imaginario popular del cubano

El doblaje de voz del personaje de Matojo en los cortos fue realizado por la gran actriz Consuelito Vidal, quien supo darle el encanto necesario para llegar y calar en la gente.

Lillo de Matojo a Chicho Durañón

Sin llegar al fenómeno de masas que resultó Matojo – quizás por estar dirigido a un público más adulto y con un perfil social más crítico – el personaje de Chicho Durañón, que no llegó a la pantalla, pero sí a la imprenta, fue también muy popular entre los amantes de las historietas cortas y caló en la población, al punto que al día de hoy en el habla común del cubano, el término «Chicho Durañón» se continúa empleando como sinónimo de tacañería.

Lillo dibujó también otras series muy recordadas como «Humor cotidiano» y «Humor Olímpico», que luego serían compiladas y publicadas en Cuba.

Más allá del humor y la caricatura, Manuel Lamar «Lillo», incursionó también en el cine más «convencional», y en 1968 dirigió el documental «Lam», dedicado al célebre pintor y que contó con la música de Leo Brouwer.

Sus últimos años 30 años los pasó Lillo en Miami, Estados Unidos, ciudad en la que murió el 25 de noviembre de 2019. Casi hasta el último suspiro mantuvo colaboración con varias publicaciones de corte humorístico, aunque sin llegar a alcanzar la fama y el aplauso que en Cuba le prodigaron Matojo y Chicho Durañón.

«Matojo no nada, nada» de Manuel Lamar Lillo

«Matojo va» de Manuel Lamar «Lillo»

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