La Quinta de Santovenia y el Asilo (1886) por Luis Bay Sevilla

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Asilo y Quinta de Santovenia

Retomamos la historia de la Quinta de Santovenia con la segunda parte y final (para leer la primera pinche aquí) del artículo del arquitecto Luis Bay Sevilla.

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Eugenio Sánchez de Fuentes, al comentar en un interesante trabajo las bellezas de esta gran residencia, dice, con sincera emoción lo siguiente:

Al final de una hermosa avenida sembrada de corpulentos y frondosos árboles, cuyos añosos ramajes se cruzaban, semejando un túnel de verdura, se alzaba este amplio y ventilado palacete que lo formaban dos cuerpos, separados por amplios jardines, su fachada mide más de cuarenta metros de largo.

Con la gran sala, sus galerías y colgadizos, con pisos de mármol de color negro y blanco, la escalinata de entrada, también de mármol, en forma de abanico, sus puertas y ventanas de reluciente caoba, y, por último, las estatuas y jarrones que embellecían sus jardines, despertaban la admiración de cuantos visitaban aquella gran residencia, construida con toda seguridad a fines del año 1833“.

En esta mansión se ofreció en el año 1841 una gran fiesta de carácter social, que al ser descrita por el “Diario de la Habana” por una magnífica pluma, se dijo que la suntuosidad de aquella casa era deslumbradora, no sólo por la belleza de su arquitectura, si que también por la riqueza en obras de arte que atesoraba entre sus muros.

El Asilo, antigua Quinta de Santovenia, patio interior.

El extenso y valioso enrejado de hierro que circundaba el jardín, en que se veían coronas de conde en bronce repujado y lanzas doradas, los lindos juegos de agua de las fuentes que embellecían sus jardines, el hermoso lago que surcaban frágiles barquichuelos, y la belleza incomparable de las plantas que se cultivaban en los jardines, donde además existía un extenso parque inglés, eran magníficos exponentes del confort con que vivían sus afortunados propietarios.

Herencias familiares

Domingo Dulce, Capitán General de la Isla de Cuba

A la muerte del segundo conde de Santovenia, don Nicolás Martínez de Campos y González del Álamo, en esta propiedad pasó a poder de su sobrino el doctor José María Martínez de Campos y de la Vega, que fue el tercer conde de Santovenia, quien casó con la señora Elena Martín de Medina y Molina, encantadora dama cubana que era muy admirada por su extraordinaria belleza.

Se cuenta que encontrándose ella, en una ocasión, cerca de la casa de vivienda de la finca donde residía con sus padres, en el pueblo de Ceiba Mocha, acertó a cruzar por allí el acaudalado hacendado matancero, propietario de seis ingenios azucareros, don Juan de la Cruz Van-der-Putter, que era viudo tres veces, quien, al verla, se prendó de tal modo de sus encantos, que a los pocos meses contraían ambos matrimonio.

A los pocos años de casados, murió don Juan, y entonces Elena contrajo segundas nupcias con el conde de Santovenia, quien falleció poco después de su matrimonio. Como la hermosura de Elena no había declinado, se enamoró perdidamente de ella el general Domingo Dulce y Garay, marqués de Castell-Florit, con quien contrajo terceras nupcias.

Amor entre polémicas

Al ser relevado Dulce del cargo de capitán general de la Isla de Cuba, retornó con Elena a España, donde años después fallecieron los dos. Elena, en su último matrimonio, tuvo los siguientes hijos:

  • María de las Mercedes, que casó con el conde de San Antonio, primogénito del duque de la Torre, matrimonio este que provocó un formidable escándalo del que fue absolutamente responsable el joven Serrano. Anulado este matrimonio por la Santa Sede, casó ella en segundas nupcias con el señor J. Lecourt.
Francisco Serrano,

Los padres del conde de San Antonio fueron la señora Antonia Domínguez Borrell, una bellísima trinitaria, fabulosamente rica, prima hermana de su marido, don Francisco Serrano, duque de la Torre, que era capitán general de esta Isla.

El escándalo alcanzó tales proporciones por la alta posición social y oficial del duque padre, que acababa de ser Regente de España y a la sazón era Embajador de su país en Francia.

  • Una hermana del joven Serrano casó con don Fernando Díaz de Mendoza, entonces diplomático español, Grande de España, conde de Valasote y marqués de Fontanalls, que después, ya viudo, fue el famoso actor que todos vimos, casado con doña María Guerrero, la más grande actriz que ha habido nunca en lengua castellana.
  • Serafina la segunda de las hijas de Elena y el general Dulce, casó dos veces, la primera con el señor Juan Crisóstomo Peñalver y Montalvo, primogénito de los condes de Peñalver. En segundas nupcias casó con el primer marqués de Casa Montalvo.

El viejo conde de Peñalver fue muerto de una puñalada al salir de la Catedral de La Habana, después de oír la misa de las once de la mañana, cuando se dirigía a su palacete situado en la esquina de Empedrado y San Ignacio, frente a la propia Catedral. Se cuenta que el asesino fue un joven que, según dijo, quiso vengar de ese modo la afrenta inferida a su hermana por uno de los hijos del Conde.

Origen del Asilo de la Quinta de Santovenia

Al morir en España la señora Susana Benítez de Parejo, que ya habia fundado el Colegio El Santo Angel, situado en Teniente Rey y San Ignacio, frente a la Plaza Vieja, dejó en su testamento más de cien mil pesos en oro, para la “Congregación de los Ancianos Desamparados“, designando como albacea al doctor Antonio González de Mendoza, prestigiosa figura del foro cubano, que era entonces presidente del Tribunal Supremo de Justicia de Cuba.

Y el doctor González de Mendoza, puesto de acuerdo con esa comunidad religiosa, adquirió en 1886, por la reducida cantidad de treinta y cuatro mil pesos, el edificio y todo el terreno donde se encuentra este emplazado, procediéndose inmediatamente a realizar las obras de adaptación fueron necesarias hasta dejar funcionando este establecimiento de caridad, que es, indudablemente, una de las instituciones benéficas mejor atendidas que existen en esta capital.

Donaciones al Asilo y breve historia de su benefactora

Susana Benítez y Pérez Abreu, nativa de la ciudad de Bejucal, fue en dama noble de la Banda María Luisa y casó dos veces, la primera con el acaudalado cubano don Antonio González Larrinaga y Benítez. En segundas nupcias casó con el coronel de Caballería Antonio Parejo y Cafiero.

Un hermano de Susana, nombrado Antonio, nativo también de Bejucal, casó con doña María de los Angeles de la Cantera, teniendo los siguientes hijos:

  • Susana, que casó en la Catedral de Sevilla con don Nicolás de Cárdenas y Chappotin, ministro de Cuba en Lima, quienes fueron padres de Susanita, que casó con el señor Pedro Arango, y Nicolás, coronel del Ejército Libertador, que contrajo nupcias con la señorita “Nena” Ariosa y Gaytán.
  • María Josefa, que casó con el señor Andrés Carrillo de Albornoz.
  • María de los Ángeles, que casó dos veces la primera con el famoso pintor cubano don Guillermo Collazo, y al morir éste, contrajo segundas nupcias con su cuñado don Tomás Collazo, general del Ejército Libertador y ministro de Cuba en Francia.
  • Antonio, el más joven de los hermanos, casó en Madrid con doña Joaquina Martínez de Medinilla, siendo favorecido por el Rey de España con el título de Marqués de Santa Susana, en consideración a sus méritos y, principalmente, por los servicios prestados por su tía doña Susana Benítez de Parejo.

Posteriormente, allá por el año 1915, el acaudalado hacendado don Pedro Laborde y Martínto, al vender ventajosamente los ingenios “Julia” y “Jobe” a la Sugar Cane Co. donó al Asilo la cantidad de veinticinco mil pesos, para que se construyera un pabellón, cuyas obras fueron ejecutadas bajo la dirección del arquitecto don Leonardo Morales.

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