José Martí: su vida en el primer exilio peninsular

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Equipo de Fotos de La Habana. Integrado por historiadores, periodistas y profesores.
Casa de José Martí en Zaragoza

José Martí en su peregrinar interminable, tras la deportación a España por parte del gobierno colonial en la isla en 1870, como medida para conmutar la pena de 6 años de prisión, vivió en varias casas en la península que pasamos a nombrar en el siguiente texto.

Hemos mencionado, en anteriores trabajos, las residencias habaneras donde transcurrieron los poco más de 16 años que vivió en la isla, hasta su desembarco por Playa Las Coloradas para integrarse a la manigua en el año 1895.

Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche

Ahora hablaremos de las residencias en España donde el Apóstol, entre el duro exilio y las carencias materiales, forjó aún más su espíritu y organizó logísticamente su pensamiento independentista.

¿Acaso sin este descarnado proceso no hubiese sido posible para él alcanzar el grado de comprensión de los valores humanos imprescindibles para una sociedad «con todos y para el bien de todos» que primaría en sus acciones y pensamientos hasta el final de sus días?

Casa Jose Marti en Valencia España
Casa en Valencia Capital. Ubicada en la Plaza de Milagro del Mocadoret, detrás la Plaza de la Reina y de la Torre de Santa Catalina donde residió temporalmente la familia Martí y Pérez entre 1857 y 1859. Tomada de Internet.

El dolor y el desgarro del destierro sacaron de Martí algunas de las más brillantes páginas de la literatura cubana. Poco antes figuras como José María Heredia o Cirilo VIllaverde usarían la condena del exiliado para dibujar con sus escritos las mejores y más criollas páginas de las letras cubanas del siglo XIX, sin demeritar los textos del precoz adolescente, sería en el exilio, como tantos escritores antes y después, que la brillantez del genio apareciese en su obra.

Casa Jose Marti en Valencia España
Casa donde vivió Jose Marti en Valencia-España.

De la noche más oscura, brota la luz más clara, una constante que ha rodeado a los grandes genios de la historia, José Julián no sería la excepción.

Anda, corre donde debas ir,

anda, que te espera el porvenir*

Tras el período de reclusión en la Cárcel de Tacón y el trabajo forzado en la Cantera de San Lázaro es enviado, gracias a gestiones familiares, hacia Isla de Pinos donde permanece -entre octubre y diciembre de 1870- en un ambiente más agradable que le ayuda a recomponer su maltrecha salud.

Estando en la Finca El Abra, propiedad de José María Sardá, José Martí recibe la amarga noticia de que puede volver a La Habana, pero solo como paso intermedio para marcharse al exilio de la Península.

Se embarcaría el Apóstol un 15 de enero de 1871 rumbo a Cádiz en el barco Guipúzcoa, cumpliría en el trayecto 18 años de edad.

Llegaría a España el 1 de febrero y tras una breve estancia en tierras gaditanas emprende recorrido hacia Madrid, llegando el 16 del propio mes. En la capital peninsular se estableció el joven José Julián en la Calle Desengaño no.10.

Edificio ubicado donde vivió José Martí en Madrid, calle Desengaño 10
Edificio ubicado donde vivió José Martí en Madrid, calle Desengaño 10

Podemos considerar que este fue su primer hogar como desterrado, pues aunque se movió por otras residencias sería en esta en la que permanecería más tiempo. Aunque hoy no existe el edificio en el cual vivió el Héroe Nacional de Cuba sí existe una edificación de varios pisos en el mismo sitio y número que aquella en la cual estuvo él.

En esta residencia Martí vivió entre 1871 y 1873, con intervalos en un cuarto de la calle Lope de Vega no.40 (mayo-agosto de 1872) y una corta estadía en otra casa de huéspedes ubicada en la calle Concepción Jerónima (febrero-abril de 1873). Volvería a residir en Madrid en otra morada del barrio de Tetuán en 1879 en su segundo exilio, pero su paso sería de apenas un par de meses (septiembre del 79 a últimos de diciembre de ese mismo año).

En esta ciudad José Martí interactúa con Fermín Valdés Domínguez y diversos cubanos que le acogen con entusiasmo, al tiempo que colabora y polemiza con diversos grupos de españoles progresistas.

También en Madrid se inicia en la masonería y es intervenido quirúrgicamente en el Hospital San Carlos de la calle Atocha:

Martí estaba muy enfermo en julio de 1872. Dos veces lo habían operado de un sarcocele producido por un golpe de la cadena de presidiario en las crueles faenas de la cantera. Nunca se curó de la que fue para él terrible dolencia, por las operaciones hechas a destiempo y en malas condiciones, y que tantas veces le obligó a guardar cama y le impedía andar.

Fermín Valdés Domínguez. Ofrenda al hermano. Publicada en el periódico El Triunfo el 26 de junio de 1908.

Tras una tercera intervención en la península es en el año 1876 en México que se produce la extracción final del tumor sólido del testículo.

La situación en España es compleja, a los problemas en las colonias se suman las disputas internas que hicieron emigrar a Francia, en 1868, a la Reina Isabel II. Todavía con los ecos de La Gloriosa resonando en la ciudad (nombre dado a la revolución que expulsó a la antigua reina y que desembocaría en la proclamación de la República española en 1873), José Julián se matricula en Derecho Civil y Canónico, y en Filosofía y Letras, estudios que culminará en Zaragoza en el segundo semestre de 1874.

A orillas del Ebro florece la rebeldía

Para Aragón, en España,
Tengo yo en mi corazón
Un lugar todo Aragón,
Franco, fiero, fiel, sin saña.

El más grato de los recuerdos de este período lo deja Martí en la ciudad de Zaragoza donde estudia y vive durante más de 18 meses. Aquí tiene dos residencias, una en Olmos no. 3 (se instala en octubre de 1874) y la otra en Manifestación no. 13 en la cual esta la tarja que adjuntamos en la imagen a continuación.

Casa de Martí en Zaragoza
Casa de Martí en Zaragoza

Se aloja una casa de huéspedes regenteada por Félix Sans. Existe una Cátedra José Martí en la Universidad de Zaragoza en la cual se fomenta el estudio de la memoria del prócer de la independencia.

Existe una beca de intercambio con la Universidad de La Habana. Gracias a la colaboración de la zaragozana más cubana que conozco el que escribe este texto tuvo la oportunidad de recorrer la ruta martiana en dicha ciudad.

Si quiere un tonto saber
Por qué lo tengo, le digo
Que allí tuve un buen amigo,
Que allí quise a una mujer.

En el poema VII de sus ni simples ni sencillos, Versos Sencillos, deja Martí el resumen de sus vivencias en la ciudad bañada por el Ebro. En los versos anteriores el amigo es Pablo Gonzalo Pérez, pintor zaragozano a quien había conocido en Madrid y que acogió a Martí y a Fermín en su ciudad natal tras el traslado de estos. Gracias a él conocieron los círculos culturales de la ciudad.

busto 1
Busto en la Universidad de Zaragoza

La mujer fue Blanca de Montalvo. Sobre este tema existen muchas teorías, el propio Fermín Valdés Domínguez aporta algo de luz sobre esta dama, apenas mencionada, «una blonda y bella y distinguida señorita a quien amó», se sabe que fue un amorío furtivo por las reticencias de los padres de ella. En 1875 Martí

Allá, en la vega florida,
La de la heroica defensa,
Por mantener lo que piensa
Juega la gente la vida.
Y si un alcalde lo aprieta
O lo enoja un rey cazurro,
Calza la manta el baturro
Y muere con su escopeta.
Quiero a la tierra amarilla
Que baña el Ebro lodoso:
Quiero el Pilar azuloso
De Lanuza y de Padilla.

El espíritu de fraternidad y confraternidad con el pueblo y la ciudad era definitivo. En sus memorias Fermín Valdés Domínguez dejaría escrito: «en Zaragoza jamás nos creímos deportados, ni en tierra extraña«.

Estimo a quien de un revés
Echa por tierra a un tirano:
Lo estimo, si es un cubano;
Lo estimo, si aragonés.

Impactado por los sucesos de Zaragoza tras el golpe de estado de los Generales Martínez Campos (sí, Arsenio el del Pacto del Zanjón) y el General Serrano que dieron fin a la Primera República Española.

En aquellos días de rebeldía ciudadana los liberales maños se enfrentaron en las calles para defender la República pero fueron abatidos, sin embargo aquel acto caló en el prócer cubano.

Casa de Martí en Zaragoza
Casa de Martí en Zaragoza

Ya había perdido la esperanza de una resolución pacífica a las reivindicaciones cubanas que había puesto en La República Española ante la Revolución Cubana.

Amo los patios sombríos
Con escaleras bordadas;
Amo las naves calladas
Y los conventos vacíos.

Sus largos paseos por una ciudad construida para la introspección y la búsqueda con sus callejuelas laberínticas fueron el impulso final para la consolidación del Martí político.

Amo la tierra florida,
Musulmana o española,
Donde rompió su corola
La poca flor de mi vida.

Que lo leas, mi Blanca

Se despide así José Martí de la ciudad y de una vida que no volverá pese a los ruegos de Blanca de Montalvo que le cuidó, a él y a Fermín cuyos problemas estomacales datan del presidio y los trabajos en la Quinta de los Molinos, en los momentos más duros del invierno aragonés.

Partiría finalmente hacia América a finales de 1874, previa escala en París, donde queda su inseparable hermano Valdés Domínguez. Los caminos de Martí y Blanca no volverían a cruzarse, pero ella había sido inmortalizada dentro de la obra de él en el cuento Hora de Lluvia.


Así escribía un Martí enamorado y efervescente:

Mi Blanca: A las ocho y media empiezo a escribir para ti esta brevísima historia—feliz ya, porque nace de tu cariño y tu deseo.

Espacio estrecho es una hora, y cosa rápida y risible ha de ser todo lo que en ella precipitadamente escriba yo. Tiempo, papel—todo es estrecho para este poderoso amor que vive en mí.

Llueve copiosísimamente; llueve sin cesar. Es, Blanca mía—y no te rías—que el cielo mismo frunce el ceño, y se pone mohíno, y llora, porque no hemos podido hablarnos hoy. Tú eres el cielo.

Mi prólogo, extravagante en verdad, te dice aquí adiós.

Tú esperas un cuento; yo no puedo hacerte esperar: allá va a ti.

El texto publicado sin firma en la Revista Universal de México (17 de octubre de 1875) acaba con una súplica de amor. En su vida amó a otras mujeres el Apóstol pero para Blanca quedarían las palabras finales de ese apasionado cuento.

Son las nueve y veinticinco minutos.—Ya acaba mi brevísima historia. —Aún llueve. Aún esperas. Salgo a llevártela. ¿Me quieres, Blanca mía?

En 1896 nació el único hijo que tendría ella, su nombre: José.


*-Verso de la canción Réquiem de Silvio Rodríguez.

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