Jeannette Ryder, el Bando de la Piedad y la Tumba de la Lealtad

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Equipo de Fotos de La Habana. Integrado por historiadores, periodistas y profesores.
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Cuando Jeannette Ryder recorría las calles habaneras a comienzos del siglo XX con un jolongo de comida al hombro para alimentar a los gatos y perros callejeros poco le importaban las opiniones que se burlaban de ella. Hacía mucho tiempo que había decidido sumarse al bando de los humildes y desprotegidos, aceptando la ingratitud y las incomprensiones de una sociedad que aún no había entrado en la modernidad. Con el paso del tiempo sus ideas se fueron abriendo paso y consiguió crear las primeras clínicas para animales y algunos santuarios para darles cobijo. Iniciaba así el Movimiento por los Derechos de los Animales en Cuba.

Puede sonar extraño que fuesen necesarios más de 100 años para que se tomasen medidas legales que protegieran, con la atención que merecen, los derechos de los animales en nuestro país, pero lastimosamente así ha sido, aunque como bien dice el refrán «más vale tarde que nunca«.

No obstante la demora de esas medidas se hace necesario recordar a la precursora de los movimientos por los derechos y la protección de los animales en la Isla.

Jeannette Ryder, un ser humano excepcional

En su andar itinerante por las callejuelas de la Habana Vieja aquella menuda americana sorprendía a propios y extraños al enfrentarse a los carretoneros que golpeaban a los caballos, renuentes a continuar la tormentosa faena bajo el inclemente sol caribeño. La pregunta rondaba la cabeza de quienes presenciaban aquellas escenas en que la delgada y educada mujer increpaba a quienes azotaban y maltrataban a los animales. ¿Qué hacía aquella norteamericana en Cuba?¿Cómo había llegado?

Poco o nada se conoce con exactitud de su vida antes de su llegada a La Habana. Algunas fuentes ubican su nacimiento en Wisconsin, Estados Unidos a finales de 1865 o 1866. Tenía conocimientos médicos y buena mano para tratar a los enfermos y convalecientes pues había estado casada desde muy joven con el médico Clifford Ryder. Sobre la fecha exacta de su llegada a la ciudad no hay demasiados datos que confirmen ni desmientan a las distintas fuentes consultadas, de este período el único hecho tangible y verificable es la fundación del Bando de Piedad de la Isla de Cuba o Sociedad Protectora de Animales un 27 de octubre de 1906.

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Detalle de la tumba de Jeannette Ryder

Como podemos suponer llevaba unos años en la ciudad la magnánima señora y aunque algunos señalan que pudo llegar en medio de la Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana no hay evidencias de que así fuese. Es muy probable que realizara varias visitas a la ciudad antes de asentarse en ella. Como mencionamos en una entrada de este blog era relativamente común que los norteamericanos visitarán con frecuencia La Habana desde finales de 1889 (para leer más pinche aquí).

Bando de la Piedad-Sociedad Protectora de Animales (S.P.A)

A lo largo de su vida aportó de su bolsillo Jeannette Ryder cerca de 150 mil pesos para labores de filantropía (según Leonardo Depestre Cantony en su libro Cien Mujeres Famosas en La Habana). Pero el programa humanitario de aquella institución, que alcanzaba todos los vértices de la sociedad habanera, se basaba en la caridad y las donaciones, así que es muy probable que esa cifra se refiera a los fondos de la sociedad.

Las bases de la institución estaban centradas en los niños pobres y huérfanos, los enfermos y desvalidos y, por supuesto, los animales (desprovistos de cualquier derecho y explotados hasta el desfallecimiento por sus dueños).

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En la esquina de la calle Paula (hoy Leonor Pérez en honor a la madre de nuestro héroe nacional José Martí) con la calle Picota radicó aquella institución. El local fue cedido en 1916 por el gobierno de Mario García Menocal y bajo el amplio movimiento en pos del saneamiento y la higiene desarrollado por el Secretario de Sanidad y Beneficencia Doctor Enrique Núñez de Villavicencio, quien en reconocimiento de la labor humanitaria y social que realizaba con austero tesón Jeannette Ryder dio protección oficial a dicha institución.

En 1934 Ricardo de la Torriente, creador del personaje de Liborio, legó al Bando unos terrenos en la zona del Cotorro que sirvieron para erigir una escuela interna para niñas de escasos recursos con el fin de garantizarles una formación educativa para que se valieran por sí mismas. Gracias a las donaciones recibidas el Bando de Piedad se mantuvo en activo hasta 1959 cuando fueron absorbidas sus funciones por el gobierno revolucionario.

Una sociedad en evolución

La Habana empezaba a modernizarse, los primeros automóviles entraban en la ciudad, el comercio y la interacción con turistas de diversos países empezaron a desterrar de la mentalidad ciudadana algunos rezagos, incívicos, de la sociedad colonial. Se habían realizado algunos avances significativos gracias al esfuerzo de algunos filósofos y periodistas como Enrique José Varona, Raimundo Cabrera y Fernando Ortiz. En aquella sociedad que quería mirarse a los ojos de la modernidad norteamericana la figura de Jeannette Ryder sirvió de espejo en la cual mirarse. De ahí que recibiese el apoyo de diversos movimientos femeninos y círculos sociales.

Hay que reconocer que figuras como Gertrudis Gómez de Avellaneda, Marta Abreu y Piedad Costales habían intentando con anterioridad acciones de filantropía y reivindicación de derechos sociales para las mujeres, los niños y los desvalidos de la sociedad. Pero lo de Jeanette Ryder fue más allá y sus reivindicaciones fueron revolucionarias por visualizar la explotación de los animales, denunciando el maltrato que sufrían los perros y gatos callejeros que eran cazados, mutilados y asesinados por las turbas de niños y borrachos sin que hiriese aquello la sensibilidad de una sociedad que se presumía moderna y de enjundia.

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Imagen de la conocida Tumba de la Lealtad, tomada de FOTOS DE LA HABANA (Grupo de Facebook) Autor: Danny Millán.

Otro de los encarnizados combates que realizó el Bando de Piedad fue contra las plazas de toros que habían sido cerradas por el gobierno interventor americano con la Orden 187 del 10 de octubre de 1899 y que Luis Mazzantini había intentado reflotar al comienzo de la República, al tiempo que fundaba el Frontón Jai Alai, pero que la sociedad habanera, más concientizada con lo incruento de aquel espectáculo, no permitió la reapertura de las plazas de toros que pese a las presiones de algunos estamentos de la sociedad, siguieron prohibidas desde entonces (sobre este tema volveremos más adelante).

Sin descanso

La visceralidad de sus primeros planteamientos provocó enfrentamientos con múltiples intereses de ahí que Jeannette Ryder decidiese centrar sus reivindicaciones en garantizar los derechos mínimos para los niños pobres y huérfanos y el buen trato para los animales, sobretodo para aquellos de carga usados con fines comerciales.

Aquella Habana de las primeras décadas del siglo XX dependía en gran medida de los caballos, asnos y bueyes para mover mercancías y personas. La labor de la menuda mistress Ryder debe entenderse dentro de aquellos límites. Sin su desinteresada labor de concientización e impulso educativo sería imposible entender los avances sufridos en materia de conciencia colectiva que logró la Habana en las décadas posteriores y el grato recuerdo que de ella quedó en la ciudad tras su muerte.

Primer Congreso Nacional de Mujeres

En el Primer Congreso Nacional de Mujeres, organizado por la Federación Nacional de Asociaciones Femeninas del 1 al 7 de abril de 1923; Jeannette Ryder realizó una ponencia «Amor y protección a los animales» que llevó al congreso sus preocupaciones como tema oficial del Bando de Piedad.

«Lo primero es persuadir al que maltrate a un animal de que lo que hace no está bien. Hay que abrirle los ojos a la bondad».

¿No es una realidad insoportable que después de tantos siglos de enseñanzas religiosas haya tanto crimen y tan crueldad (sic) en el mundo? ¡Tantos sufrimientos inútiles amontonados sobre tantos seres indefensos! Y no hemos aprendido a amar las manifestaciones de la vida con acciones prácticas de misericordia y buen trato.

«La crueldad y el sufrimiento que existen en el mundo hoy, qué son el resultado del egoísmo e indiferencia del hombre no tendrán remedio? Remedio es preciso encontrar si la raza quiere
seguir adelante. Cuando la justicia y la caridad se usen como ley de la verdadera vida, la verdad sobre la fraternidad universal será, reconocida».

Extractos de la ponencia de Jeannette Ryder en el Primer Congreso Nacional de Mujeres, 1923

Años finales y legado

La trascendencia de su personalidad y carisma es ineludible si analizamos la evolución social de la sociedad habanera en las primeras décadas del siglo XX. Jeannete Ryder falleció en la Habana un 10 de abril (algunas fuentes indican que fue el 11) de 1931 debido a un problema pulmonar. En 1957 el Ministerio de Comunicaciones de Cuba puso en circulación una emisión postal para recordar su labor como benefactora y fundadora del Bando de Piedad.

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Sellos emitidos en 1957

Su tumba cuenta con un aura simbólica que hace que sea de las más visitadas en la Necrópolis de Colón. Trece años después de su deceso se inauguró la estatua yacente que la muestra con su perrita Rinti a los pies. La escultura obra de Fernando Boada resume la historia que contaban los trabajadores del Cementerio que veían al animal echado sobre la tumba de su dueña, velando su descanso y negándose a beber y comer hasta morir.

Dicho complejo funerario es conocido como la «Tumba de la Lealtad» y se une al Día del Perro que se celebra en Cuba el 10 de abril como dos de las principales huellas que nos ha legado a la sociedad cubana.

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