Del Jardín Botánico de La Habana al Capitolio (Así cambió La Habana)

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Equipo de Fotos de La Habana. Integrado por historiadores, periodistas y profesores.
Capitolio,-Jardín-Botánico,-Estación-de-Villanueva

El primer Jardín Botánico de La Habana estuvo en los terrenos adyacentes a la antigua puerta de Tierra. Resguardados por las varas de rigor que debían mantener libres los metros anexos a las murallas de La Habana, en aquella estratégica ubicación se planificó el que debería ser el gran campo de experimentos para el desarrollo agrícola y la botánica en la isla, pero que apenas permanecería unos años en esa privilegiada ubicación.

Así que más o menos donde ahora vemos los fabulosos jardines del Capitolio, justo hacia la calle Dragones (entonces de La Salud) estuvo la edificación principal del Jardín Botánico, que fue finalmente demolida para construir el Depósito y Paradero de Villanueva. Sin embargo el Jardín Botánico y la cátedra de Botánica no desaparecieron, sino que fueron trasladados en 1839 a los terrenos de los Molinos del Rey.

Pero aunque no hay muchos datos que aporten luz sobre el breve período de existencia de este centro de investigaciones en la céntrica zona extramuros habanera, merece la pena recordar al que fue el primer Jardín Botánico, propiamente dicho, de La Habana.

El origen

Sería el interés personal de Mariano Espinosa, a menudo olvidado en detrimento de nombres más conocidos que a continuación nombraremos, el que impulsaría el interés por la Botánica en la isla. Este hombre envió con asiduidad a la península semillas y plantas tropicales con el fin de que consignasen en los archivos del Jardín Botánico de Madrid y fue uno de los principales promotores de la creación en la isla de uno con el mismo fin.

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Puerta Principal del Jardín Botánico de Madrid en un dibujo de 1780. La fundación del Jardín Botánico de La Habana estuvo estrechamente relacionado con el madrileño.

Sin embargo, las condiciones en 1793 aún no estaban dadas. Así lo consignan Miguel Angel Puig-Samper y Mercedes Valero en su libro «El Jardín Botánico de La Habana«. Las intenciones de Espinosa fueron apoyadas por varios criollos y por Don Luis de Las Casas, sin embargo sería el médico aragonés Martin de Sessé -quien hizo escala en La Habana como parte de la Real Expedición Botánica a Nueva España (1787-1803)– el que daría soporte científico al proyecto en ciernes.

La ausencia de un botánico certificado en Cuba era un obstáculo de difícil solución, así que Sessé -quien había sido fundador del Jardín Botánico de México– se ofreció a formar a un criollo que pudiese crear y asumir la dirección de una posible cátedra de Botánica. Sería elegido José Estévez y Cantal, discípulo de Tomás Romay con una dotación de mil pesos anuales pagados por el Real Consulado de Agricultura y Comercio.

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Imagen paradisíaca del Jardín Botánico de Madrid en 1869.

Estévez comenzó a formarse y participó en distintos proyectos botánicos durante el período 1796-1810 en los cuales radicó en Madrid un tiempo para estudiar Botánica, Química y Mineralogía. Mientras tanto en La Habana el entusiasta Mariano Espinosa continuaba con la creación de un pequeño vivero y el envío de semillas a la Península. Sería la Real Orden de 16 de mayo de 1813 la que diese sostén legal a Espinosa y su vivero, facilitando los pasos siguientes en la fundación del futuro Jardín Botánico de La Habana.

Este fue posible a través de gestiones en las cuales estuvieron involucradas varias figuras eminentes de la época como Francisco de Arango y Parreño, don Juan José Díaz de Espada y Landa (Obispo de Espada) y Tomás Romay reunidos bajo el amparo de la Real Sociedad Económica de La Habana, posteriormente conocida como Real Sociedad Económica de Amigos del País, y el Real Consulado de Agricultura y Fomento que en 1794 había sido creado por el Capitán General Don Luis de Las Casas; surgió el proyecto de edificar un Jardín Botánico en La Habana tras la fundación en 1775 del Jardín Botánico de Madrid.

Sin embargo el gran florecimiento que en algunos aspectos iluminó los años finales del siglo XVIII y las primeras décadas del XIX se vieron definitivamente ratificados en 1816 con la llegada el 2 de julio de Don José Cienfuegos, quien además de dejar su nombre a la Villa de Fernandina de Jagua, se trajo consigo al superintendente Alejandro Ramírez.

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Evolución de la zona extramuros de La Habana. Se puede observar como la zona evoluciona desde las décadas finales del siglo XVIII hasta que el Jardín Botánico de La Habana (tercera imagen) se establece en toda su extensión.

No es baladí este hecho pues sería este hombre una figura fundamental en el desarrollo económico y social de la Isla (sobre todo de La Habana) desde su puesto de Jefe Superior de la Hacienda de la Isla de Cuba. Ramírez, vallisoletano de nacimiento, desarrolló un amplio programa de reformas que permitirían a su sucesor (el criollo conde de Villanueva) modernizar estructuralmente a La Habana.

El Jardín Botánico del Campo de Marte

El crecimiento y expansión de La Habana Extramuros hacia el oeste fue comprometiendo las dimensiones del Campo de Marte, que otrora llegó a ocupar el terreno más allá de las murallas desde La Punta hasta prácticamente el Arsenal. El entonces joven y lampiño paseo de Isabel II aún no había perfilado su trazado con la majestuosidad que alcanzará en las décadas posteriores. Precisamente sobre la extensión y funcionalidad del Campo de Marte en tiempos del Marqués de La Torre escribía Cirilo Villaverde:

«era un cuadrilongo, que se extendía sin interrupción N. S. desde la Punta hasta el Arsenal limitado al E. por la estacada de los fosos de la Ciudad; y al O. por los barrios dé Jesús María, Guadalupe y la Salud, partiendo de la puerta traviesa de la Factoría por la calle de Palomar, plaza del Vapor a la Calzada de Galiano, cuyo puente de piedra se construyó en 1790.

Reducido poco a poco en sus límites y sin que en él se realizara obra alguna de embellecimiento, fue el primero que de ello se ocupó el obispo Espada, al mudarse a la casa del señor Renté, en la esquina de Amistad y San Luis, haciendo que se construyeran calles y se sembraran plantas y árboles y se colocaran algunos faroles».

Quizás por el amparo que proporcionaban las murallas y el débil arroyo que fluía por la ribera adyacente a la misma, esta zona inmediata a las murallas permanecería como una zona fértil y salvaje hasta la demolición de las mismas. Las propiedades del terreno extramuros fueron aprovechadas en un primer momento por los patricios de la Real Sociedad Económica quienes aportaron los fondos necesarios para la construcción del Jardín Botánico de La Habana.

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Otro mapa de la zona, que muestra al Campo de Marte, la Zanja Real, las murallas y el Jardín Botánico de La Habana en el centro, con las tres casetas principales.

El objetivo de este trascendía la formalidad de embellecer la zona y está considerado como uno de los hitos de la botánica nacional. Sería Alejandro Ramírez el que pediría formalmente el 28 de mayo de 1817 los terrenos adyacentes al Campo de Marte, limitados por la Zanja Real que penetraba en la ciudad intramuros.

Tras la aprobación del Capitán General Cienfuegos, el 30 de mayo de aquel año se inició la construcción del mismo bajo planos del brigadier Francisco Lemaur, quien junto a su hermano Félix, realizaron durante este período numerosos planos y perfiles de la ciudad.

De la Ossa, De La Sagra y Auber

Una vez inaugurado el Jardín Botánico de La Habana fue seleccionado José Antonio de la Ossa quien se mantuvo al frente del mismo hasta 1822 que fue nombrado Ramón de la Sagra, quien volvía a la isla de Cuba con el apoyo de varios criollos destinados a Cortes. De La Sagra venía a crear la cátedra de Historia Natural que posteriormente se denominará como Botánica Agrícola, él mismo escribe sobre las limitaciones que tenía el Jardín Botánico de La Habana:

Con el mismo laudable objeto, se ha establecido en la Habana un Jardín botánico en el año de 1817, y una Cátedra
de Botánica agrícola en 1825; pero la corta extensión del terreno, no permite introducir en él los métodos de gran cultivo.

Y de consiguiente limitado á pequeños ensayos, y su Cátedra á la exposición de los principios elementales de la ciencia del cultivo, si puede influir en la propagación de los conocimientos» en despertar la actividad, el interés hacia las mejoras , y en acrecentar con nuevas especies y variedades la esfera de la agricultura cubana, no es susceptible de dar ejemplos prácticos para su reforma, ni de ofrecer modelos para el sistema agrónomo que he indicado.

Historia Económica de la Isla de Cuba de Ramón de la Sagra (1831)

El polémico De La Sagra, como muchos otros intelectuales y políticos liberales en la península y ultra conservadores en la isla, tuvo no pocos enfrentamientos con los criollos más revolucionarios. Sin embargo, no se puede negar los aportes en materia científica que nos legó, además de sus libros y la revista Anales de Ciencias, Agricultura, Comercio y Artes; y de la escuela de Agricultura que nombró Institución Agrónoma y que buscaba modernizar los medios de cultivo de la tierra en el país.

Quinta de Molinos, Habana. Postal
El jardín Botánico de La Habana en su nueva ubicación de la Quinta de Molinos

En 1835 abandonaba el país -y su puesto al frente del Jardín Botánico de La Habana- para trabajar desde París en su monumental Historia Física, política y natural de la Isla de Cuba (1837-1861). Sería Pedro Alejandro Auber quien interinamente pasaría a ejercer como director del Jardín Botánico de La Habana tras haber obtenido el 17 de marzo de aquel año el puesto de catedrático de Botánica que había convocado la Real Junta Gubernativa de Farmacia de la Isla de Cuba en 1834.

No sería un período fácil para Auber, puesto que los proyectos del Camino de Hierro que traerían el ferrocarril a la ciudad habían avanzado y la zona que ocupaba el Jardín resultaba crucial para la expansión del mismo. Sería el cese como Capitán General de Miguel Tacón el que terminaría por sentenciar la posición del Jardín Botánico de La Habana en los terrenos adyacente al Campo de Marte.

El conde de Villanueva conseguía mediante la Real Orden del 23 de abril de 1838 el traslado de la futura Estación de Villanueva a los terrenos que ocupaba el Jardín. Unos meses más tardes llegó la orden de desalojo definitiva y el traslado de las plantas del Jardín Botánico hacia la zona de la Quinta de Los Molinos, en las faldas del Castillo del Príncipe.

El propio Auber escribe sobre el trágico suceso «fue tan repentina la traslación del Real Jardín Botánico a los Molinos del Rey, extramuros de esta ciudad, donde actualmente se encuentra situado, que apenas me quedó tiempo para salvar las plantas exóticas que había en él».

Plano Quinta
Zona de la Quinta de los Molinos donde se trasladó el Jardín Botánico de La Habana desde su céntrica ubicación en la zona actual del Capitolio

El 13 de abril de 1843, estando instalado ya el Jardín Botánico de La Habana en la zona de la Quinta de Los Molinos, fallecía Pedro Alejandro Auber, siendo sustituido por su hijo. En 1861 De La Sagra a publicaba un libro tras su último viaje a Cuba -en agosto de 1859- con el título de «Historia Física, Económico-Política, Intelectual y Moral de la Isla de Cuba» en el cual actualizaba datos y refrescaba conceptos sobre el archipiélago cubano.

No sabemos si se pasó por el Jardín Botánico de La Habana y su nueva ubicación, que ya entonces no pertenecía a la Real Junta Superior Gubernativa de Farmacia sino que había pasado a depender de la Universidad de La Habana.

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