Guillermina Lázaro, la casi desconocida primera escultora del Siglo XIX cubano

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Equipo de Fotos de La Habana. Integrado por historiadores, periodistas y profesores.

No abundan los datos sobre Guillermina Lázaro, pionera de la escultura y las artes en Cuba durante el siglo XIX. Suyo es el mérito de haber dado forma a la primera escultura levantada por una mujer en Cuba, cuando el ayuntamiento de Cifuentes le encargó la obra principal del parque de Colón.

Pero ni sobre este dato parecen ponerse de acuerdo las fuentes. Ella misma dejó escrito el nombre Cifuentes, sin embargo Luis de Soto en su «El Libro de Cuba» (1954) se reafirma al asegurar que la estatua de Colón fue develada en Cienfuegos, y de este dato se derivan varias informaciones. Sin embargo no he encontrado más datos concretos sobre esta obra.

Guillermina Lázaro, sombras y certezas

Había nacido en Madrid, pero llegó con su familia a La Habana, en una fecha anterior a 1883. Traía los conocimientos adquiridos en la Escuela de Arte de San Fernando donde otros maestros cubanos como Armando Menocal también cursaron estudios.

Guillermina Lázaro
Guillermina Lázaro en 1893

En La Habana recibió buenas críticas por sus obras y sus clases, que empezó dando en su residencia de la calle San Rafael 32, ubicada en el entresuelo del «Estudio de Otero y Colominas» que recibió gran preponderancia en las décadas finales del siglo XIX cuando se convierten en el gran estudio de la ciudad, heredando el lugar que había poseído el norteamericano Cohner, asesinado por el Cuerpo de Voluntarios el día de los sucesos del Teatro Villanueva.

Volviendo sobre la misteriosa Guillermina Lázaro, podemos afirmar que su nombre constó de gran prestigio en la ciudad y fruto de ello recibió la cátedra de Dibujo, Pintura y Flores Artificiales del Instituto San Fernando, uno de los más selectos de La Habana finisecular, ubicado en la calle Reina 24, entre Rayo y San Nicolás, especializado en la educación de las jovencitas habaneras.

En el año 1894 fue la encargada de realizar el banderín que se le asignó a la unidad de Bomberos de La Lisa, en Marianao. El acto se realizó bajo el puente, y el acto fue reseñado por varios medios de la época.

Sin gozar del reconocimiento unánime que alcanzarían otras féminas como Adriana Billini en la pintura o Cecilia Arizti en el piano, fue incluida en el número especial, dedicado a la mujer en Cuba, que publicó El Fígaro el 24 de febrero de 1895.

Lo único que deseo consignar…es que el primer monumento escultórico que la mano de la mujer ha levantado en este suelo, es obra mía; otra mujer levantará el mejor, yo levanté el primero. Me refiero al Colón que hice por encargo del ayuntamiento de Cifuentes (sic) y en cuya plaza o parque existe.

Procedo de la Escuela de Artes de Madrid… He obtenido por oposición quince grandes diplomas (era la más alta distinción); en la Exposición Universal de Barcelona me premiaron un jarrón estilo Luis XVI.

La figura alegórica que me hacen el honor de publicar representa la Libertad de Cuba

Extractos de la carta de Guillermina Lázaro en El Fígaro

Pero si en algo coinciden la Revista El Hogar o el Diario de la Marina es que fue ella la que abrió la veda a Mimí Bacardí y Rita Longa, las grandes escultoras de las décadas venideras, y por este motivo De Soto la ubica junto a Miguel Melero, director de la Academia de Bellas Artes de San Alejandro durante años, y José Vilalta y Saavedra, cuyas esculturas se reprodujeron en los albores de la República, como los tres nombres más importantes de la escultura en el siglo XIX.

Sorprendentemente el rastro de Guillermina Lázaro se evapora tras 1897. No se encuentran datos de su vida, ni de sus logros, ¿acaso la muerte? ¿acaso la vuelta a la madre patria? ¿O acaso el olvido natural de la época para las mujeres que eran relegadas al hogar?

La Libertad de Cuba Guillermina
Una de las obras de Guillermina Lázaro, aparecida en la revista El Fígaro, con el título de La Libertad de Cuba

El escribidor no halla las respuestas, sino más dudas y sorpresas, a fin de cuentas nuestra Guillermina Lázaro no dejó demasiadas obras, como si quisiese que la piedra y el mármol labrado fuesen los únicos elementos que la recordarán. Además del mencionado busto de Colón, sería otro busto, el de Rafael Montoro el que recibiría los mayores elogios al ser expuesto en el Salón Pola.

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