Damaso Pérez Prado, de pianista de concierto a rey del mambo

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Equipo de Fotos de La Habana. Integrado por historiadores, periodistas y profesores.

septiembre 14, 2021

Cuando Damaso Pérez Prado llegó a La Habana en 1940 el «mambo» se tocaba en la ciudad con relativo éxito. Los hermanos Israel «Cachao» y Orestes López formando parte de la Orquesta de Arcaño y sus Maravillas, habían grabado el que es considerado como el primer mambo al final de un danzón en la anterior década. Por si había alguna duda en 1938 grabaron un danzón acelerado con el título sugerente de Mambo.

El genio de Güira de Macurijes, el trascendental Arsenio Rodríguez, reclamaba que las sesiones de improvisación que el denominaba «diablos» eran el verdadero origen del vocablo mambo, palabra de origen congo que se usaba en las confrontaciones de improvisación entre dos músicos, cuando uno de ellos decía: Abre cuto güiri mambo (Abre los oídos y oye esto) dando inicio al reto.

Afro-Cuba-Mambo

El mambo de Damaso Pérez Prado toma el nombre del original de los hermanos López, la riqueza rítmica y armónica del ciego maravilloso y sus diablos es innegable, como también lo es que estas dos raíces troncales evolucionan dentro de la complejidad sonora de Damaso. Es con el compositor matancero que cristaliza, evoluciona y se populariza el ritmo que volvió loco a los bailadores de los años finales del 40, 50 y llegó hasta el principio de los 60.

Si los hermanos López, creadores indiscutibles de las primeras variaciones del danzón acelerado, se basaban en la introducción de una sincopa en la percusión, el mambo de Damaso Pérez Prado giraba alrededor de los instrumentos de viento dando entrada a las tumbadoras (introducidas por Arsenio), creando un ritmo bailable que serviría de base para el cha cha chá y, finalmente, la salsa.

Damaso Pérez Prado y su orquesta

El mambo según Damaso Pérez Prado «es la combinación sincopada de un ritmo que llevan los saxofones, sobre esa sincopa, las trompetas, las flautas o lo que usted quiera hacen una melodía. La batería va con ritmo de cencerro a cuatro tiempo y el bajo da una combinación de una negra con dos corcheas, una negra en el primer tiempo, dos corcheas en el segundo tiempo, un compás de espera en el tercer tiempo y otra negra en el cuarto tiempo. El mambo clasifica un ritmo».

Primeros años

Nacido un 11 de diciembre de 1916 en la ciudad de Matanzas recibió una sólida base en música de concierto desde que comenzó a estudiar piano con el maestro Rafael Somavilla. Estos conceptos orquestales junto a su carácter estudioso y perfeccionista serían la base del éxito futuro de José Damaso Pérez Prado. A diferencia de algunos de sus contemporáneos sus orquestas se regían por un riguroso profesionalismo, sus presentaciones apenas integraban elementos de improvisación quedando poco espacio al error. La magia musical estaba fríamente pensada y hábilmente ejecutada.

Algunos de los talentosos músicos que trabajaron con él lo mencionaban como alguien «difícil y meticuloso», entendible estos adjetivos no como una crítica personal, sino como el enunciado de su profesionalidad y entrega a una profesión que le sacó de una infancia difícil y le convirtió en uno de los primeros latinos en cosechar grandes éxitos en el mercado americano, impensables unos años antes.

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En La Habana monumental de los años 40 formó parte de las orquestas de múltiples cabaret, siendo testigo de primera mano de los elementos imprescindibles para que los bailadores disfruten de la música. Algunas fuentes sitúan en 1943su llegada a una de las más grandes agrupaciones cubanas de aquel tiempo, La Orquesta Casino de la Playa.

En 1946, año fundamental para él, viaja por múltiples ciudades de América, recalando un tiempo en la meca latina de Nueva York y llegando finalmente al lugar donde todo cobrará sentido para él, México.

Damaso Pérez Prado, ciudadano mexicano

En este país, donde fallecería casi cuarenta años después un 14 de septiembre de 1989, sería una estrella irrebatible, apreciado por el público y la crítica. No fue una historia de amor a primera vista coronada por una boda glamurosa su estancia mexicana, pero la evolución laboral y personal de Damaso Pérez Prado está ligada indefectiblemente con este país. Allí fundó la Orquesta Pérez Prado que le consolidó como el rey del mambo (mambo King) y le hizo formar parte del cine de ese país.

En la actualidad su Mambo del Politécnico continúa usándose como el himno del Instituto Politécnico Nacional de la Ciudad de México) mientras que el Mambo Universitario es usado comúnmente en eventos y celebraciones importantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que junto a los cerca de 500mil oyentes mensuales en el perfil oficial de la plataforma Spotify dan una idea de la vigencia musical de Damaso Pérez Prado.

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En 1980 recibió la ciudadanía mexicana, lugar donde residía ininterrumpidamente desde 1964, y quizás pocos recuerden que estuvo más de una década fuera de este país debido a una expulsión realizada por los Agentes de Emigración Mexicanos. La razón real tras este trágico hecho no ha quedado reflejada con claridad así que nos abstenemos de realizar conjeturas sobre este hecho.

«Cara de Foca»

Tuvo el acierto de llevarse a México a un prometedor cantante conocido como Benny Moré para México mientras formaba su Orquesta. Dicen que en una sesión, de las extensísimas realizadas por Damaso Pérez Prado, alguien con jocosa intención preguntó: ¿Quién inventó ese mambo que me sofoca?, a lo que Benny respondió: Un chaparrito con «cara de foca». Haciendo referencia al metro cincuenta y ocho de altura de Pérez Prado. Quedando ese mote como acompañamiento del excelso compositor y arreglista matancero.

Aunque dicen otros contemporáneos que Benny no inventó el apodo. Este era usado por algunos miembros de la agrupación musical para burlarse de Damaso Pérez Prado, quien por su nivel de exigencia y afán perfeccionista les hacía ensayar con obstinación. El Benny en una explosión de sinceridad y con su gracia natural convirtió el mote en algo gracioso que no ofendía al rey del mambo.

Sinfonía a lo Pérez Prado

El talento de Damaso Pérez Prado como músico y compositor ha quedado opacado bajo la fachada de mambero popular. Sus creaciones «Mambo núm. 5», «Mambo núm. 8», «¡Qué rico el mambo!» y «Patricia» fueron éxitos absolutos en su momento y continúan siendo plenamente reconocibles por cualquier amante de la música. Pero tras esa cortina de «lo popular» y «el mambo» se oculta un talento imparable que no dejó de buscar la forma de «matar el mambo» en sus propias palabras.

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El ritmo que le hizo ganar fama y dinero también lo enterró como compositor generacional, de una capacidad y talento que trasciende este ritmo. Creador sin ataduras legó una de las piezas más desconocidas y geniales compuestas por un músico cubano «Suite exótica de las Américas (Exotic Suites of the Americas)» estrenada en 1963 en el Teatro de las Américas de Nueva York e injustamente infravalorada.

La pieza de 16 minutos está dividida en siete momentos, o estaciones musicales, comenzando por «Tema de dos mundos», «Amoa», «Criollo» donde se sienten las corrientes mamberas de Damaso Pérez Prado, la composición regresa a «Tema de dos mundos», «Uguamaná africano», pasando por «Blue» profundamente reflexivo y terminando nuevamente en «Tema de dos mundos». Si hay una composición musical que engloba las capacidades de Damaso Pérez Prado es esta explosión sonora, de carácter sinfónico, pero con las pinceladas antillanas que hicieron popular al compositor matancero.

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