Clara Maass, una mártir olvidada de la guerra contra la fiebre amarilla

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Equipo de Fotos de La Habana. Integrado por historiadores, periodistas y profesores.
Clara Maass

Clara Maass forma parte de esa masa indefinida y desinteresada que ha construido la historia, entregando su propia vida si es preciso, como una ofrenda al progreso. Su nombre debería ser mencionado en esta época de virus y agentes mutantes, de vacunas y sujetos vacunales, de estudios médicos y voluntarios para que recordemos a aquellos mártires anónimos que con su esfuerzo han evitado la muerte de otros.

No fue, desde luego, esta enfermera norteamericana la primera persona que falleció mientras servía de cobaya humana para encontrar la vía de erradicar una enfermedad que se cobraba la vida de miles de humanos en el cambio de los Siglos XIX al XX. Fue en el Campamento Jesse Lazear, en Marianao, donde se llevó a cabo uno de los más ambiciosos proyectos de la época.

Una comisión de médicos e investigadores norteamericanos y cubanos unieron sus conocimientos con el fin de hallar solución a la transmisión de la fiebre amarilla. Los militares americanos habían quedado estupefactos por la letalidad de la enfermedad que había dejado más muertos en las tropas americanas durante la Guerra Hispano-Cubano-Americana que los propios combates.

Clara Maass

Tomando las premisas presentadas por Carlos Juan Finlay, en 1881, como base fundamental del estudio, después de descartar otras hipótesis, el Doctor Walter Reed y su Comisión de la Fiebre Amarilla del Ejército comenzaron a investigar en la Estación de Inoculación del Hospital de Las Ánimas donde resultaron infectados y murieron Clara Maas y William Lazear (como explicamos en este artículo ).

Aquí hacemos un paréntesis para volver a nuestra Clara Maass, pues debemos colocarla en este momento dentro del relato que pretende recordar a los voluntarios y doctores que enfrentaron a la fiebre amarilla.

Clara Luisa Maass, una enfermera ejemplar


Clara Luisa Maass era una joven nacida en Newark, New Jersey, Estados Unidos un 24 de junio de 1876. Era la mayor de 9 hermanos y quizás aquel espíritu de cuidar a los demás fue lo que la llevo a matricular en la Escuela de Enfermeras Cristina Trefz, en el Hospital Alemán de Newark (hoy renombrado Clara Maass en su honor), obteniendo el certificado de finalización de sus estudios en 1895 cuando recién había cumplido los 19 años.

Clara Maass

Clara tenía un alto sentido del deber y cumpliendo con sus principios de servir al prójimo decidió abandonar su cómoda posición como jefa de enfermeras del hospital de su ciudad para servir al Ejército Americano que se encontraba envuelto en la Guerra Hispano-Cubano-Americana.

Se desplazó a la Florida y sirvió en los distintos campamentos militares de la zona ubicados en Jacksonville hasta que fue enviada directamente a la zona de conflicto en Santiago de Cuba.
En territorio cubano conoció de primera mano enfermedades como la malaria, la fiebre tifoidea, la disentería y el dengue que causaban más estragos que las heridas de guerra. Algunas fuentes señalan que la proporción de muertos por enfermedades y de muertos en acciones de combate era de 3 a 1.

A finales de 1899 volvió a responder al llamado del ejército y fue hasta Filipinas donde enfermó de dengue aunque se recuperó a tiempo para el siguiente llamado, esta vez regresaba a Cuba, pero a la zona occidental.

Clara Maass

Es así que en octubre del año 1900 llega a La Habana siguiendo el plan del Jefe de Sanidad de las fuerzas norteamericanas de intervención, William Gorgas. Bajo su mando se fundó en febrero de 1901 el Hospital de las Ánimas*, dirigido por el higienista cubano Juan John Guiteras. A este centro hospitalario llegó Clara Maass como enfermera y allí entró en contacto con la Comisión de Walter Reed, Jesse William Lazear, James Carroll y el cubano Arístides Agramonte. Aunque no ha quedado muy clara si la participación de la enfermera estaba dentro de la misma línea investigativa o si estaba en un equipo paralelo que investigaba una vacuna para la fiebre amarilla.

Período de intervención norteamericano y plan de sanidad

En aquel momento los voluntarios eran hombres y los resultados estaban siendo muy dispares. La enfermera Clara Maass se sometió a las pruebas de inoculación un 4 de junio de 1901 y apenas sufrió los efectos de la enfermedad. Ante la sorpresa generalizada, y la duda entre los participantes del ensayo, decidió someterse nuevamente a la picadura de un mosquito el 14 de agosto de ese año.

Apenas diez días después falleció y su muerte (junto a la del médico Jesse Lazear) provocó que se suspendieran los experimentos en humanos hasta que se contasen con medios suficientes para apostar por un estudio con mejores condiciones técnicas que ayudasen a erradicar este flagelo. Surge entonces el proyecto del Campamento Lazear en Marianao.

In memoriam

Aunque en un primer momento su nombre no fue destacado por la prensa, los oficiales del ejército americano realizaron un fuerte movimiento para rescatar su memoria. Así fue que recibió honores militares en su entierro en el Cementerio de Colón primero y luego, el 20 de febrero de 1902, cuando sus restos fueron depositados en su Newark natal.

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En el cincuentenario de su fallecimiento se realizaron diversas acciones en Cuba para honrar su memoria. En el Hospital de Las Ánimas se colocó una tarja, y, como ocurrió con Jeannette Ryder, el Ministerio de Comunicaciones de Cuba emitió un sello conmemorativo en recuerdo a su entrega y devoción en el cumplimiento de los preceptos galenos en agosto de 1951, con una tirada de 3 millones de sellos con su imagen.

En su país recibió distintos homenajes entre los que podemos mencionar la emisión de sellos en 1949 y 1976. Además de renombrar al Hospital Alemán de Newark como el Clara Maass Memorial Hospital en junio de 1952.

En un mundo marcado por la peor pandemia de los últimos 100 años es preciso recordar, y visualizar, a aquellos seres anónimos que han elevado con su espíritu los valores morales del ser humano.

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Hospital que lleva el nombre de Clara Maass

*- El Hospital de las Ánimas radicó en las instalaciones que habían pertenecido al Cuerpo de Ingenieros del Ejército Español, estaba en los terrenos ubicados desde la Calzada de Infanta hasta Ayestarán y desde la Línea del Ferrocarril de Marianao hasta la calle Desagüe.


Bibliografía

María del Carmen Amaro Cano en Revista Cubana de Enfermería, julio-septiembre de 2011. Universidad de Ciencias Médicas de la habana.

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