La Habana de 1890 a los ojos de un turista americano (IX)

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Centro Asturiano de La Habana

Reseña sobre el Centro Asturiano de La Habana, tomada del libro: «Viaje a América, Tomo 2 de 2 / Estados Unidos, Exposición Universal de Chicago, México, Cuba y Puerto Rico» de Rafael Puig y Valls. Editado en 1894.

A pocos pasos de la Central de Bomberos se halla el Centro Asturiano. Dominan en la isla de Cuba tres elementos peninsulares: el asturiano, el gallego y el catalán, pero hay que confesar que las grandes iniciativas, el leader de la isla, el que impone su criterio, bulle y se agita, es el asturiano.

No sé a punto fijo el número de colonos que tiene Asturias en Cuba; lo que si puede asegurarse es que las pequeñas industrias y los comercios más ricos están en manos de los hijos del Cantábrico, que, siendo en gran número, España puede contar con su patriotismo, que los que iniciaron la Reconquista en los altos montes de Covadonga no han de perder en Cuba la reputación de valientes, tenaces y sufridos que conquistaron en la península y que escribieron con tinta indeleble en la historia de España.

Forman los asturianos en La Habana una legión nutrida y compacta. Pobres y ricos mantienen el tacto de codos que da fuerza al individuo y a la comunidad, y levantaron la casa pairal en el mejor sitio de la Habana, con una ostentación y riqueza capaces de atestiguar, de decir en síntesis expresiva: somos aquí los primeros y los mejores.

Ni en los Estados Unidos, ni en parte alguna, he visto un Club montado con mayor riqueza, que maneje más cuantiosos ingresos y que haya sabido organizar con mayor tino un establecimiento que proporciona solaz a los ricos, educación e instrucción a los niños y amparo y protección a los pobres.

No puede ambicionar, quien no sea un magnate, salones más espléndidos y mejor decorados; no puede pedir el aficionado a la instrucción clases mejor montadas, donde se enseña en lenguas y matemáticas cuanto necesitan las clases dedicadas al comercio, ni el que quiere divertirse, sin olvidar a los que padecen, mejor pan, medicina y consejo que el que da el Centro Asturiano a los hijos del Cantábrico que no han sabido hallar en los campos de Cuba vida independiente y hogar libre de las tristezas del que sufre los rigores de la miseria.

Fuimos al Centro asturiano unos cuantos catalanes de los que nos reuníamos todos los días en el hotel de Inglaterra, acompañados por Don Rosendo Fernández, comisario en Chicago, representante de la isla de Cuba y vocal activo e inteligente de la Junta del Centro.

Acogidos en aquella casa como amigos, iluminados y engalados los salones para que pudiéramos apreciar todas sus bellezas, examinadas detenidamente las obras de arte que adornan la biblioteca, la sala de Juntas y el salón de baile, centro de primores y buen gusto, tanto en su hermosa columnata como en los espejos, muebles, lucernas y luces de paramento, realzado todo por los colores del solado de mármol y los tonos delicados de las paredes, sobria y artísticamente pintadas, siendo sólo de sentir que aquel salón inmenso esté cortado en ángulo recto, siguiendo las líneas de la manzana, con un teatro en el vértice en forma de chaflán, recargado de ornamentación en su boca de escenario, desentonando algo, pareciendo nota chillona en aquel concierto de harmonía que existe entre todos los elementos que constituyen el salón principal del Centro asturiano de La Habana.

Siento no recordar los nombres de las personas que obsequiaron aquella noche a la pequeña colonia de Barcelona, para enviarles, en nombre de todos los favorecidos, un recuerdo de gratitud.

Aquí, con ser Barcelona una ciudad que no se asusta de una cifra más o menos pomposa,

Centro Asturiano de La Habana
Centro Asturiano de La Habana, en la actualidad parte del Museo Nacional de Bellas Artes

cuando sepa que el Centro asturiano de La Habana tiene un presupuesto anual de más de 100,000 duros para atender a su casa, a sus niños y a sus pobres, fuerza será confesar que no ha llegado la capital de Cataluña a poseer un elemento de distracción cuyo confort no tiene aquí igual, ni parecido, hermanado con un pensamiento piadoso y patriótico, que donde halla el pobre protección y amparo, la patria encuentra siempre brazos que la defiendan y labios que la bendigan.

Cuatro casas de salud, «La Benéfica», «Garcini», «Quinta del Rey» e «Integridad Nacional», con un presupuesto anual de 40,000 duros, están mantenidas por el Centro asturiano; casas en donde hallan albergue y salud o consuelo y piadosa sepultura unos cien enfermos a manutención diaria.

No basta aún esto: la sociedad ampara también a los pobres vergonzantes, a los que repugnan la promiscuidad tristísima del hospital, y les da asistencia médica y medicinas gratis en las farmacias más importantes de la ciudad.

Ahora piensa aquel Centro construir una gran casa de salud, un gran «sanatorium» para los pobres y los desvalidos, testimonio del ferviente amor que las clases ricas de Asturias sienten por sus hermanos de Cuba.

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