La presencia de catalanes en Cuba se da tardíamente (finales del siglo XVIII), pero ya en el siglo XIX, llegan a conformar el 72% de todos los peninsulares asentados en la Isla.

Llegaron a tener el monopolio de una buena parte de la fabricación y comercialización del azúcar cubano en el mercado internacional; la producción tabacalera; la fabricación de algunas de sus más afamadas vitolas; dominaban casi todo el comercio minorista, donde para anunciar que se iba a la bodega, la gente decía: “Voy al catalán de la esquina”, aunque lo cierto es que eso varió en los años cincuenta del siglo XX donde se decía: “voy al gallego de la esquina”, pues la mayoría de los bodegueros eran gallegos o asturianos.

Su huella quedó impresa en muchos aspectos de la vida nacional. La mayoría de los catalanes se arraigó y optó por una doble nacionalidad sentimental, y amaban tanto a Cuba como a Cataluña.

A diferencia de otros inmigrantes peninsulares, una gran parte de los catalanes, después de algunos años de duro trabajo, se convirtieron en comerciantes o propietarios de algún negocio.

Catalanes en Cuba

Así, por ejemplo, Miguel Ballester, uno de los más antiguos inmigrantes catalanes, introdujo e instaló el primer trapiche de caña de azúcar en la Isla; Juan Güell y Ferrer, junto con Antonio López y López, de Cantabria, fueron dueños de la famosa compañía de buques “Marqués de Comillas”; Narciso Gelats Durall, fundador del Banco Gelats, uno de los más poderosos de La Habana; Juan Conill Puig fue pionero en almacenamiento de tabaco en rama, producto del que fue un gran exportador; el primer cafetal fomentado en Cuba fue obra del catalán Gelabert, quien trajo semillas de Santo Domingo y creó una plantación en el Wajay.

En 1750, Esteve Codina fundó el poblado de El Guatao; en 1773 Bernat Llagostera inaugura el Teatro Principal de La Habana, siendo el primer empresario del mismo; en 1790 el catalán Francesc Seguí crea el “El Papel Periódico de La Havana” del cual fue su editor y propietario; de las cuatro imprentas que existían en La Habana en las primeras décadas del siglo XIX, dos eran propiedad de catalanes: Palmer y Seguí, siendo este último el que abrió la primera librería en la ciudad.

Jaume Florit introdujo la taquigrafía en 1805, Josep Antoni Maestras la primera gran fábrica de chocolate en la isla y Joan Xifré la primera tenería.

En 1810 Bernardí Rencurrell fundó la primera industria de cigarrillos y la comercialización del tabaco de la zona oriental estuvo controlada durante muchas décadas por un grupo de catalanes establecidos en Santiago de Cuba.

El famoso Teatro de Villanueva lo construyó Miquel Viu Pons. En 1834 llegó a la capital Josep Robreño, autor y actor de amplia fama, cuyo apellido ha perdurado en los anales del teatro cubano hasta nuestros días.


Circo Habanero (Teatro Villanueva) una de las obras emblemáticas construidas por los catalanes en Cubs
Teatro de Villanueva construido por el catalán Miquel Viu Pons

Jaime Partagás y Rabell fue el fundador de la firma “Partagás”, “Real Fábrica de Tabacos Partagás”, en 1845. En 1853 José Sarrá y su tío Valentín Catalá crean en La Habana su famosa droguería Sarrá y su inmenso imperio inmobiliario. Y Gracias a Bacardí Cuba emerge como la potencia ronera que se mantiene hasta nuestros días.

Hay mas catalanes, éstos son sólo unos ejemplos.