Carmen Zayas Bazán, la mujer que amó a Martí

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Equipo de Fotos de La Habana. Integrado por historiadores, periodistas y profesores.

febrero 11, 2021

La figura Carmen Zayas Bazán, esposa de José Martí, ha sido muy maltratada por políticos e historiadores, quienes le han reprochado no haber «acompañado» al Apóstol de la independencia de Cuba en su afán libertario y preferir centrarse en su papel de madre.

Carmen Zayas Bazán y José Martí se conocieron en México en el año 1875, donde la joven de entonces 22 años vivía exiliada con sus padres y sus hermanas. La atracción entre ambos fue inmediata y dos años después, en la parroquia del Sagrario Metropolitano de México la pareja contrajo matrimonio.

Desde ese momento, y a pesar de las incomprensiones, amarguras y desencuentros, sería Carmen Zayas Bazán el gran amor de la vida de José Martí.

Carmen Zayas Bazán… y el amor, a pesar de todo

Vivió la joven pareja un par de años felices, primero en Acapulco, México; luego en Guatemala; y, finalmente, tras el establecimiento de la Paz del Zanjón, en La Habana, donde Martí encontró empleo en un bufete.

Sería en La Habana, precisamente, donde nacería el primogénito y único hijo de la pareja, José Francisco Martí y Zayas Bazán, «Pepito», a quien su padre dedicaría el célebre poemario «Ismaelillo».

Sin embargo, la felicidad de la pareja se vería truncada por la detención de Martí en octubre de 1879 y su deportación a España como consecuencia de sus labores conspirativas contra el poder colonial.

Al año siguiente se reúnen en Nueva York, pero por muy poco tiempo, pues ya Martí se encuentra en el núcleo de la vorágine de la revolución independentista, a la que ha decidido convertir en el objetivo de su vida; una pasión que no comparte, en igual medida, Carmen Zayas Bazán.

En el poema «Carmen», escrito durante el corto tiempo en el que fue feliz el matrimonio, Martí deja bien claros todo el amor y las pasiones que despertaban en él su esposa:

CARMEN (1880)

El infeliz que la manera ignore
de alzarse bien y caminar con brío,
de una Virgen celeste se enamore
y arda en su pecho el esplendor del mío.

Beso, trabajo, entre sus brazos sueño
su hogar alzado por mi mano; envidioo
su fuerza a Dios, y, vivo en él, desdeño
el torpe amor de Tíbulo y Ovidio. 

Es tan bella mi Carmen, es tan bella, 
que si cielo la atmósfera vacía
dejase de su luz, dice una estrella
que en el alma de Carmen la hallaría

Y se acerca lo humano a lo divino, 
con semejanza tal cual me besa, 
que en brazos de un espacio me reclino, 
que en los confines de otro mundo cesa. 

Tiene este amor las lánguidas blancuras
de un lirio de San Juan, y una insensata
potencia de creación, que en las alturas
mi fuerza mide y mi poder dilata. 

Robusto mi amor, en sus entrañas lleva
el germen de la fuerza y el del fuego, 
y griego en la beldad, odia y reprueba
la veste indigna del amor del griego. 

Señora, el alma de la piel terrena, 
despierta, rima en noche solitaria
estos versos de amor, versos de pena, 
rimó otra vez, se irguió la pasionaria.

De amor al fin; aunque la noche llegue
a cerrar en sus pétalos la vida, 
No hay miedo  ya de que en la sombra plegue
su tallo audaz la pasionaria erguida.

A pesar del amor que se tuvieron, Carmen Zayas Bazán y José Martí fueron una pareja infeliz, que sufrió numerosas rupturas hasta la separación definitiva, ocurrida en agosto de 1891, cuando Carmen abandonó Nueva York con destino a Cuba y un pasaporte español

Que su esposa, el amor de su vida, a pesar de todas las incomprensiones y problemas, buscara la seguridad bajo la bandera enemiga, hirió profundamente a Martí. Sin embargo, desde Nueva York se ocupó de ayudarle económicamente para que se instalará en Puerto Príncipe, su ciudad natal.

Pocos meses después aparecerían publicados los Versos Sencillos de Martí, en uno de los cuales parece el poeta evocar hasta que punto le afectó la partida de su esposa:

Rápida como un reflejo, 
dos veces vi el alma, dos:
Cuando murió el pobre viejo, 
cuando ella me dijo adiós. 

Nunca más volverían a encontrarse Carmen Zayas Bazán y José Martí.

Tras la muerte del Apóstol en Dos Ríos intentó infructuosamente reclamar el cadáver de su esposo, convertido en trofeo de guerra por sus enemigos.

Murió Carmen Zayas Bazán en La Habana el 15 de enero de 1928 n una casona del Vedado y sus restos reposan en el Cementerio de Camagüey, donde recibieron una última sepultura el 30 de junio de 1951, de forma simultánea a los de José en Santa Ifigenia. Así se acercaron los dos, una última y definitiva vez, sin lograr encontrarse.

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