Armando Rodríguez, justicia a caretazos (Crónicas del Stadium del Cerro)

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Equipo de Fotos de La Habana. Integrado por historiadores, periodistas y profesores.
Stadium del Cerro

Armando Rodríguez es uno de los nombres más conocidos dentro del arbitraje latinoamericano, su debut en Grandes Ligas un 4 de abril de 1974 marcó el camino para que otros latinos pudiesen integrarse en el circuito del mejor béisbol del mundo. Era conocido por ser un hombre respetable y dialogante, junto a su mentor Amado Maestri, componía la terna arbitral indispensable en los más importantes eventos de baseball en el país.

Hay un dicho en la calles habaneras que menciona que a los hombres tranquilos no se les pone a prueba porque son personas que se tienen bajo control, pero no son pendejos, ni se amilanan fácilmente. Este era el caso del umpire Armando Rodríguez, su impoluta carrera hasta la noche del 26 de octubre de 1957 le avala como una estrella en el complejo arte de impartir justicia en el diamante. Con 19 años (en el momento de los hechos) en estos ruedos, toreando las pasiones desenfrenadas de jugadores, managers y aficionados , Armando Rodríguez estaba a prueba de cualquier tipo de guapería.

Una cámara húngara muy cubana

Esa noche el umpire protagonizó uno de los sucesos más sorprendentes realizados en la grama del Stadium del Cerro, no hablamos esta vez de sus múltiples aciertos arbitrales, el suceso choca de por sí pues hablamos de una agresión, máscara en mano a un lanzador americano de los Dodgers de Brooklyn de Grandes Ligas, Danny Mc. Devit.

Stadium del Cerro- Mc Devitt

El partido se desarrollaba con cierta tensión el Club Cienfuegos, para el que jugaba Mc Devitt, estaba incómodo con los conteos de Armando Rodríguez y un supuesto favoritismo hacia sus rivales, los extremistas del Habana. Antes del partido el juez de la competición bloqueó permiso para que el excelente serpentinero Camilo Pascual jugase con los Elefantes, provocando gran disgusto en el equipo verde.

En el cuarto inning y ganando 1 a 0 Mc Devitt, lanzador zurdo que llegaba con gran fama a la Liga Cubana, estaba fuera de sus casillas por su falta de control. Anteriormente se había quejado de la forma en que estaba construido el box del Stadium del Cerro, le había recriminado los conteos a Armando Rodríguez y había tenido un intercambio de palabras con Amado Maestri, que hacía de juez de campo, señales elocuentes de incomodidad.

En el inning en cuestión las complicaciones surgieron tras una base por bola a la cual le siguió un dead ball (golpeado por lanzamiento) y un error en tiro del propio Mc Devitt llenó las bases. Como reza el argot beisbolero, a un error sigue un batazo y así llegaron las dos primeras carreras del Habana, con indiscutible al izquierdo del receptor Chiti. Completamente fuera de sus cabales comenzó lanzando con suma calma entre envío y envío, razón por la cual ya había recibido de parte de Armando Rodríguez un llamado de atención.

Aprovechando la parsimonia del lanzador le robaron una base caminando, como aquel que dice, la rabia de Mc Devitt fue tremenda, los corredores en segunda y tercera empezaron a adelantar nuevamente y en su ofuscamiento el árbitro le cantó un «balk» -esta violación sucede cuando se hace el viraje a la base sin sacar el pie, es una acción técnica que siempre ha provocado divergencias entre lanzadores y árbitros-.

Armando Rodríguez - Stadium del Cerro- Mc Devitt

Esta sanción, significaba el avance de los jugadores en base, generando la tercera carrera para el Habana, esto provocó la ira desenfrenada del bigleaguer americano, ofuscado lanzó el guante al suelo en dirección al árbitro y comenzó a lanzar improperios. Con rapidez el receptor Noble y el manager del Cienfuegos, Emilio Cabrera, fueron a contenerle intentando evitar la expulsión del juego del lanzador, pero la suerte estaba echada y Armando Rodríguez con la misma parsimonia del lanzador le lanzó una advertencia ¡o se calma o se va a las duchas! mientras el público estallaba en risas y abucheos.

El serpentinero no creyó entonces en jerarquías ni disciplinas y desde el montículo lanzó una bola rápida en dirección a la anatomía de Armando Rodríguez, fiel a la mala puntería de su noche el envío fue un bolón que no impactó en el umpire, sin ofuscarse Rodríguez le expulsó y entonces ocurrieron los hechos definitivos.

Mc Devitt se dispuso a embestir desde el box, en desenfrenada carrera, esquivando a sus compañeros, incapaces de retener un espíritu apacible que no había tenido su noche, llegando al home Armando Rodríguez, que había sido pelotero él mismo, se quitó la careta y en un gesto de matador en su escenario se adelantó a la agresión y le propinó el primer caretazo de la velada, grogui cayó al suelo el pitcher que, sin control, esa noche le sobraba ímpetu y se dispuso a arremeter nuevamente sobre el árbitro cubano.

Armando respondió nuevamente a caretazo limpio, enviando al suelo nuevamente a Mc Devitt, sangrando profusamente con dos heridas en la cabeza que obligaron a evacuarle con urgencia al Hospital Anglo Americano, se temía un fractura o algo peor por la profusión con que sangraba, en su evacuación había dejado tinto en sangre el camino desde el home al vestuario. Evacuada la víctima/agresora sus compañeros se lanzaron sobre Armando Rodríguez quien se intentó defender, careta en mano mientras los miembros del Habana y el resto de árbitro y policías intentaban contener el tumulto.

Stadium del Cerro

La trifulca se aplacó y el magullado Armando Rodríguez, con el uniforme sucio y medio roto pero el orgullo intacto, siguió dictando justicia. Al día siguiente la Liga Cubana le sancionó por el resto de la contienda, más adelante le levantarían el castigo dejando en 15 días la sanción, mientras que al lanzador se le imponía una multa de 50 pesos cubanos.

Armando Rodríguez, un árbitro en el Salón de la Fama

Pese a este hecho en el cual se tomó la justicia física por su mano, temiendo una agresión que se produciría irremediablemente, el legado de Armando Rodríguez, nacido en Arcos de Canasí (actual provincia de Mayabeque) un 6 de diciembre de 1922, no se vería afectado. Ese mismo año ofició como árbitro en la Serie del Caribe en la cual estuvo durante 16 ediciones representando a Cuba y Venezuela.

armando rodriguez

En su larguísima trayectoria de 42 años en los terrenos de juego, el conocido como «El Guajiro» demostró su amor por el juego sin desligarse de la pasión de jugador que siempre le acompañó. Entre sus méritos destaca, además de romper la barrera del arbitraje a los cubanos y latinos en Grandes Ligas, el estar inmortalizado en cinco Salones de la Fama del béisbol.

Seleccionado a un Campeonato Mundial, aún en edad juvenil, las lesiones le sacaron del deporte activo y bajo la tutela de Amado Maestri debutó como árbitro en los terrenos del antiguo estadio de La Tropical, actual Pedro Marrero.

Su labor en México, país en el cual se radicó tras la abolición del deporte profesional en Cuba, trascendió el mero hecho del arbitraje, trasladando sus conocimientos a la junta involucrada en la creación de Liga Invernal Veracuzana y la Academa de Árbitros de Veracruz.

Danny Mc Devitt

La víctima de la agresión, el lanzador zurdo Mc Devitt, había nacido en Nueva York en 1932 y entre sus principales méritos destaca el título de Serie Mundial de 1959 con Los Angeles Dodgers, el primero del equipo después de su traslado desde Brookyn a California. En aquel mítico equipo compartió vestuario con jugadores ilustres como Don Zimmer, Sandy Koufax y Pee Wee Reese.

Stadium del Cerro

En una carrera de 5 años en la Gran Carpa 1957-1962 sus números no fueron demasiado notorios, un récord de 21 victorias y 27 derrotas lo atestigua. El promedio de 4.40 carreras limpias por nueve innings no es nada reseñable. Sin embargo es una figura recordada dentro de la franquicia de los Dodgers pues en su temporada de novato de 1957 (precisamente la del incidente en La Habana) fue el último lanzador abridor de los Dodgers en el legendario Ebbets Field, ese día se lució repartiendo 9 ponches en una victoria local de 2 por cero ante los Piratas de Pittsburgh.

El antiguo Stadium del Cerro fue el hogar de múltiples sucesos extraordinarios, algunos de ellos de índole deportiva incluso. Perdonen el comentario jocoso, pero la realidad es esa, el coloso del Cerro era el epicentro de las más exacerbadas pasiones de los habaneros y los visitantes extranjeros. Un lugar preminente y tan conocido en América como el cabaret Tropicana o los casinos de la ciudad, allí se realizaron diversas reivindicaciones de carácter social y político, pero sin dudas los recuerdos de este ti.

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