Armando André, el hombre que intentó volar el Palacio de los Capitanes Generales (parte II)

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Equipo de Fotos de La Habana. Integrado por historiadores, periodistas y profesores.
armando andré

Continuación de Armando André, el hombre que intentó volar el Palacio de los Capitanes Generales (para leer la primera parte pinche aquí).

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El plan para volar el Palacio de los Capitanes Generales tenía varias problemáticas importantes que resolver aún. El proyecto original pasaba por comprar, o alquilar, el café y fonda «El Correo» situado en la intersección de la calle O’Reilly con la calle Tacón, quedando de frente a ambos palacios: Capitanes Generales y Segundo Cabo.

Con la excusa de ampliar los desagües del café pretendían acceder a la cloaca comunal existente en el centro de la calle y en la que desembocaban los sumideros, y excusados, de ambas dependencias gubernamentales. Según sus cálculos, una persona era capaz de acceder por los conductos de ambos palacios y podía colocar dos cargas, de 100 libras de dinamita cada una, en la base de dichos edificios.

La explosión, soñaban, sería tremenda, llegarían piedras al castillo del Morro y el caos en la ciudad sería inminente, permitiendo a los osados insurrectos escapar de la ciudad. El plan tenía dificultades logísticas y económicas, cuestión de lo ambicioso del proyecto; resumiendo, era francamente irrealizable más allá del pensamiento optimista de nuestros esforzados conspiradores.

Palacio de Capitanes Generales siglo XX
Entrada Principal del Palacio de los Capitanes Generales en el siglo XX

Analicemos la situación. Se necesitaban cerca de 2000 pesos oro solo para hacer un trato por el café/fonda, había que sumar a esta cifra que no tenían las 200 libras de dinamita y, además, era necesario tener una certeza de que estaría Valeriano Weyler ese día en esa zona de la segunda planta del Palacio de Capitanes Generales. Las oficinas del Capitán General y del estado mayor estaban en la esquina opuesta de donde pensaban colocar el material explosivo, pero en aquel momento no lo sabían nuestros intrépidos habaneros.

A pequeña escala

Se embarcó hacia de vuelta a Cuba Armando André, el objetivo era claro en su mente. Una vez en la ciudad se reunió con Julián Valdés y El Asturiano a los cuáles comunicó el proyecto y les pidió colaboración, obteniendo de ambos su disposición total. Valdés era boticario y las pocas libras de dinamita que había traído desde Tampa el inquieto Armando fueron a parar a sus almacenes. El Asturiano aprovechó su nacionalidad para informarse de algunas reformas realizadas en el Palacio de los Capitanes Generales.

palza de armas

Pese a los muchos intentos de los valientes miembros del grupo se hizo imposible conseguir el dinero suficiente para adquirir, de una manera u otra, el café/fonda. Por parte de la Junta de Conspiración en La Habana se desaprobó este hecho, determinaron que sería contraproducente pues provocaría la persecución total de aquellos conspiradores marcados en la ciudad. Nada de esto le importó a Armando André, decido a demostrar a Máximo Gómez que estaba equivocado en su juicio sobre los habaneros.

En medio de estas idas y venidas el General José María Aguirre solicitó a los conspiradores toda la dinamita disponible en las ciudades para uso de las tropas mambisas. Julián Valdés cedió la mayor parte de las reservas y el plan parecía irse al traste. Sin dinero, sin dinamita suficiente para hacer una voladura a gran escala y entonces surgió la inspiración del Asturiano. Hombre de veras comprometido con la causa cubana, deseoso de vengar las afrentas del poder colonial con su país de adopción y anarquista manifiesto.

Un cubano de ultramar

Ceferino Vega, verdadero nombre del Asturiano, llegó a Cuba y formó familia rápidamente. Adaptado al ritmo de vida habanero se sintió siempre entre los suyos y fue un elemento de suma importancia entre los conspiradores de la ciudad por su condición de español que le permitía acceder a algunos círculos sociales vedados, incluso, a los cubanos de alta clase. Pese a sus peticiones de ir a la manigua no se le permitió, su labor en la ciudad era de suma importancia.

En medio de la pesadumbre posterior al fracasó del primer plan por falta de recursos el Asturiano sugirió entrar directamente la dinamita por la puerta del Palacio, ofreciéndose él mismo a realizarlo de ser necesario. Armando André aceptó, no había otra opción.

Ceferino Vega el asturiano
Ceferino Vega, el Asturiano

Embarcó nuevamente a Cayo Hueso el itinerante André, siempre bajo el nombre de Federico León, con el fin de conseguir más dinamita, para entrarla a Cuba se valía de un doble fondo en la maleta de viaje. A su vuelta se la entregó al Asturiano quien se la llevó a su casa. Decidieron entonces ocupar una residencia en San Nicolás 147 y allí, junto a un carpintero llamado Rafael Domínguez, comenzaron a amasar la dinamita (proceso realizado por el Asturiano con las manos embadurnadas de aceite y sumo cuidado) para darle forma, con el objetivo de meterla en una maleta que simulase el forro de un violín.

Se colocó una mecha en el interior medida a 5 minutos con un fulminante muy activo que iba hasta el centro del amasijo. La calidad de la dinamita no era la mejor, pero habían conseguido meter casi 25 libras de dinamita en la maleta y confiaban que en una ubicación idónea provocara un radio de explosión de varios metros alcanzando las oficinas de Weyler.

Periodista de verbo y acción

Con el fin de recabar información Armando André se dispuso a acceder al Palacio de los Capitanes Generales. La entrada que daba a la calle Obispo era la mejor opción pues en horas de la mañana era un bullidero de entrada y salida de personas, aprovechando el bullicio se coló dentro del edificio.

palacio de los capitanes generales
En amarillo oficinas del Estado Mayor. En naranja el despacho de Valeriano Weyler. En rojo el recorrido y lugar donde puso la bomba Armando André

Una vez dentro avanzó hasta el corredor interior que circunda el patio, a la izquierda se encontraban los baños, en el ángulo de las calles Obispo y Mercaderes. Encima de este estaban las oficinas principales del gobierno, incluido el despacho de Weyler.

Para acceder a esta información se hizo pasar por reportero de la prensa, labor que desempeñaría en la República y que le costaría la vida, como veremos más adelante; y tras intercambiar varias frases con uno de los oficiales de guardia se marchó nuevamente por la puerta de acceso de la calle Obispo.

Alea Jacta Est

El 28 de abril de 1896 salió Armando André de Lagunas no.93, donde residía con su madre (punto azul en el mapa que muestra el recorrido), sobre las once de la mañana. Llevaba en sus manos más de 25 libras de dinamita en un artefacto realizado con más ímpetu que pericia, pero en el cual depositaba todas sus esperanzas de ajusticiar al sangriento Valeriano Weyler, el Capitán General más odiado por las historiografía patria.

La primera parada fue la pequeña botica de Julián Valdés, sita en San Miguel esquina Industria, tras intercambiar algunas indicaciones con él le pidió que encargase al resto de miembros de la Junta de Conspiración discreción total ese día. Esperaba André una reacción virulenta por parte de los voluntarios españoles si conseguía su objetivo de destrozar parte del Palacio de los Capitanes Generales, similar a los violentos hechos del Teatro Villanueva.

armando andre recorrido 1
Mapa del recorrido del día 28 de abril de 1896

En este lugar tomó otro coche que lo dejó en la calle Obrapía con Oficios, allí el bravo Asturiano aguardaba con un par de revólveres. Le entregó uno a Armando André y le escoltó a cierta distancia, si todo se torcía, el Asturiano tenía que provocar el caos en el exterior para permitir el escape del hombre bomba.

Desde aquí el trayecto fue a pie hasta llegar a Obispo, se despidieron con la mirada los compañeros y Armando André, decidido, entró en unas dependencias extrañamente vacías a esa hora. Dudó un instante jugando con un puro en la mano, en ese momento el oficial de guardia se le acercó amablemente y le saludó, André no tuvo más remedio que devolver el saludo con beneplácito e ingresar al edificio.

No había vuelta atrás, repitió el recorrido del día anterior, supo por el movimiento de oficiales que Weyler estaba reunido con altos miembros del Gobierno en las oficinas de la planta superior. Armando André supuso que por eso le dejaron pasar, si se esperaba alguna decisión importante era lógico que el Capitán General se reuniese luego con algún miembro de la Gaceta de La Habana con el fin de emitir algún decreto.

Continuará…

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