Ofrenda eterna a Alicia Alonso en sus 100 años

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Equipo de Fotos de La Habana. Integrado por historiadores, periodistas y profesores.
Alicia Alonso Segundo acto del lago de los cisnes. Paris.1970. VIII Festival de Danza

Si usted es cubano probablemente no necesite más explicación que leer este nombre, Alicia Alonso, para que le vengan a la memoria las palabras: pas de deux, Giselle, Cisne Negro…

La excelsa bailarina cubana ha sido la cara del Ballet iberoamericano en el mundo gracias a su clase y su longevidad, cuestiones que le han permitido establecer un género en sí mismo: la escuela cubana de Ballet.

Pero Alicia,-que bailó en el Ballet Theatre of New York, en el American Ballet, en el Bolshói, en la Ópera de París y en la Scala de Milán mientras fundaba el Ballet Alicia Alonso(1948) y posteriormente el Ballet Nacional de Cuba(1959)- tuvo que luchar contra el peor enemigo posible para materializar su sueño de hacerse bailarina: su salud.

Primeros años y tropiezos

Alicia Alonso

En el transcurso de su infancia, Alicia Ernestina de la Caridad Martínez del Hoyo, empezó a enfrentar sus primeros problemas de salud. Al poco de ingresar a la Escuela de Ballet de la Sociedad Pro-Arte Musical -ingresó en 1931 y debutó el 26 de septiembre de ese año en el teatro Auditórium (Amadeo Roldán)- empezaron las dificultades, en este caso sería por su aspecto, las críticas ejercidas, en palabras de la propia Alicia, solo la hicieron persistir más en su empeño:

«Cuando era niña algunas señoras de Pro-Arte decían que no podía bailar porque estaba tuberculosa. Aconsejaban a las muchachitas que no se pegaran a mí porque tenía tuberculosis. Eso porque yo era muy delgadita.

Después empezaron con mis ojos. Cada vez que me iban a hacer una nueva operación, me advertían: ‘Esta es la última. No puedes seguir bailando’. Mi carrera se ha basado desde chiquita en que no la puedo hacer. Todos se equivocaron. Impuse mi fuerza de voluntad y seguí bailando».

Tomado del Libro «Alicia Alonso. Diálogos con la danza«. Letras Cubanas.

Contrajo nupcias en 1937 con el también bailarín Fernando Alonso a quién había conocido en el Instituto Pro-Arte. Tras el enlace la bailarina adoptó el apellido de su marido, Alonso, que le permitiría, como dijese con sorna en una entrevista, «ser siempre la primera, sino por mi talento al menos por orden alfabético A(licia) A(lonso) «. A los pocos meses de la boda, y viendo que Cuba no ofrecía garantías de desarrollo para su arte, la joven pareja decidió emprender viaje a New York.

Al llegar a Estados Unidos le propusieron los empresarios para los que trabajaba que cambiase su apellido a «Alonsov»(1). Consideraban que su nombre y su físico eran demasiado latinos para el elitista mundo de la danza clásica. Desoyendo estos consejos la tenaz cubana consiguió crear un apellido reconocido que, aún hoy, es adoptado como marca por los bailarines de la escuela cubana de ballet.

Comienza el vuelo bajo las luces y el personaje Giselle

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Alicia Alonso -en primera plana- y Fernando Alonso, con camisa blanca, en un ensayo.

Al llegar a la Gran Manzana comienza bailando en Broadway en comedias musicales (por cuestiones de su contrato con el Ballet Theatre of New York -luego nombrado American Ballet Theater- con el cual había firmado) como «Great lady» y «Stay in yours eyes» alejados de la danza clásica donde tenía cifradas sus esperanzas de futuro.

Tomó clases con grandes figuras dentro de la escena neoyorkina como Anatole Vilzak y Ludmila Shollar, para ingresar en el American Ballet Caravan, antecedente de el New York City Ballet. Más tarde llegaría a la remodelada compañía, American Ballet Theater, donde ocupó el rango de prima ballerina. Dicha institución está considerada en la actualidad como un referente indiscutible de esta manifestación artística.

El ascenso de Alicia fue indetenible a partir de entonces coronándose fugazmente el 2 de noviembre de 1940 (2). Ese día tuvo que sustituir a la gran bailarina británica Alicia Markova (cayó enferma) en el que sería a partir de entonces su papel fetiche, y la obra de ballet romántica por antonomasia, Giselle.

Tras las buenas críticas recibidas su nombre quedó en la memoria de los especialistas al tiempo que Alicia volvió a ocupar su rol de solista habitual dentro de la compañía. Una historia curiosa es que, debido a que bailaba como cuerpo de baile en distintos espectáculos, al finalizar su estreno como Giselle sus zapatillas estaban llenas de sangre. ¡En su afán por bailar no se las había quitado en todo el día!

La vida contragolpea con fuerza

Cuando el competitivo ambiente artístico parecía acogerla entre los suyos llegó la primera gran estocada del destino. Una infección en la garganta que le aquejaba desde pequeña, y que no fue propiamente curada, había provocado que se desarrollasen estafilococos dorados que le atacaron la retina de ambos ojos, provocando un desprendimiento de esta membrana. Alicia lo cuenta así:

«El problema de la vista se presentó en 1941, cuando ocurre el ataque japonés a Pearl Harbor. Me encontraba operada en EEUU. Los médicos me dijeron: ‘Tres meses en cama’. Claro, lo ideal sería seis meses para estar seguros. Les respondí: ‘Un año y bailo’. Me contestaron: ‘Es imposible’. Les reiteré: ‘Un año y bailo’. Yo misma fui la que puse el plazo de un año. Al año bailé».

Tras esa primera operación, que resultaría infructuosa, se sucedió otra al poco tiempo pues el desprendimiento no había remitido y luego otra más en 1972 que dejaron a Alicia Alonso prácticamente ciega de un ojo y sin visión periférica. Los médicos siempre le aconsejaron que era mejor que dejase el baile, pero Alicia, fiel a su amor por la danza, se negó una y otra vez para continuar en zapatillas finas hasta 1995, cuando realizó su última presentación tras más de 60 años como bailarina(3).

Siempre comentó que ese año de reposo le sirvió para bailar en su mente mientras Fernando le dibujaba con sus dedos los principales roles de las obras clásicas y le sirvió además para desarrollar el hambre por la coreografía. Con solo 20 años y en el pináculo de su incipiente carrera Alicia tuvo que tomar una decisión determinante en su vida -ya antes se vio en igual disyuntiva con su hija Laura, a la cual envió a Cuba por no poder darle la atención necesaria en Nueva York- y renunció conscientemente a su vista. Su vida fue una apuesta total por el ballet, su gran amor.

Alicia Alonso y la escuela cubana de Ballet

En 1948 el American Ballet tuvo que cancelar su temporada por problemas económicos y Alicia volvió a Cuba junto a su esposo Fernando y su cuñado Alberto para fundar su propia compañía, el Ballet Alicia Alonso que tenía a 16 cubanos en sus filas. Pese a la fundación de la compañía en su ciudad natal, la incansable Alicia, siguió viajando por el mundo y colaborando con algunos de los mejores bailarines de su época. Quienes no renunciaron a la complejidad añadida de bailar con alguien que tenía tantas limitaciones visuales y que requería de sus acompañantes una precisión milimétrica en cada movimiento.

Alicia Alonso.1955
Alicia Alonso en una imagen de 1955.

Alicia dotó a sus personajes de una personalidad propia, marcada por los rasgos latinos de personalidad, que serían extensibles a la marca del Ballet Nacional de Cuba, fundado en 1959 con el respaldo económico del gobierno cubano. En palabras de Lienz Chang Oliva «la gran diferencia entre la escuela cubana de ballet y el resto de las escuelas del mundo es que la interpretación y el trabajo técnico se desarrollan como conjunto, permitiendo que se expresen los rasgos más sensuales de la identidad cubana en cada trazo del bailarín«. Haciendo de la obra del Ballet Nacional de Cuba una expresión de la identidad del país por encima del propio marco teórico-técnico que puede predominar en las escuelas rusa o británica.

Parejas y principales personajes

Junto a Igor Youskevitch nuestra Alicia marcó uno de los más célebres dúos de baile del siglo XX, traspasando lo meramente artístico-técnico y convirtiéndose en un placer visual al alcance de cualquier público. Sus actuaciones rompieron las barreras teóricas asociadas a los entendidos para formar parte del imaginario y la memoria colectiva del ballet.

Igor era fabuloso en el movimiento limpio de su técnica como partenaire, en él todo era exacto y no tenía vicio . La relación del baile de pareja entre nosotros era la de un bailarín y una bailarina que bailaban juntos. Teníamos una unidad de movimientos y proyección artística que no se interrumpía.

Era como un flujo constante de interrelación, que incluso hacía ver que los dos estábamos unidos siempre con un hilo invisible, aun cuando él me diera la espalda en el escenario. Entre nosotros existía una completa comunicación, y esto se adquiere con mucho trabajo; no solamente el trabajo físico de los dos practicando, sino conversando, diciendo este gesto aquí; yo lo hago así.

¿Cómo tú quieres?; ¿Cómo tú vas a caminar? ¿para dónde vas a mirar? Incluso uno tiene que acordar para dónde va a mirar el compañero, en qué momento va a mirar al público. Después se olvidan de todo esto y … bailan. Se convierte así en un arte natural. Ya luego ocurre que llegan a conocerse de tal modo; que hasta puede surgir la improvisación.

Alicia habla sobre Igor Youskevitch y qué hace a dos bailarines convertirse en una buena pareja de baile. Tomado del Libro «Alicia Alonso. Diálogos con la danza«. Letras Cubanas.

Algunas parejas artísticas de Alicia a lo largo de los años.

NombresNacionalidadAños en activo
Igor YouskevitchUcraniano11 años (1948-1959
Azari PlisetskyRuso9 años (1963-1972)
Jorge EsquivelCubano16 años (1970-1986)
Orlando SalgadoCubano24 años (1971-1995)
Lienz ChangCubano6 años (1989-1995)

Alicia alonso. 3 desde la izq Fernando Alonso 7 1952

Alicia Alonso (tercera por la izquierda) y Fernando Alonso (segundo por la derecha) en Cuba en el año 1952.


Entre los grandes personajes y obras que nos legó quedan en la memoria:

  • Los papeles principales en la obra de Anthony Tudor llamada “Undertow” y de George Balanchine en “Theme and Variations”.
  •  Su sustitución en “Fall River Legend” de Agnes De Mille, sobrina de Cecil De Mille en 1948.
  • Los «Ballets Rusos» en Montecarlo en 1955 junto a Igor Youskevitch.
  • La inocente campesina engañada en el ballet, en dos actos, denominado “Giselle”.
  • Su Cisne Negro en el Lago de los Cisnes.
  • Además de sus composiciones coreográficas como «La bella durmiente del bosque», «Grand Pas de Quatre» y «La fille mal gardée» que se han bailado por grandes compañías a lo largo de los años.

Rompiendo los moldes

Alicia fue la primera latina en bailar en la Unión Soviética en una gira de 10 semanas entre 1957 y 1958, presentándose en los mejores teatros y recibiendo elogios del culto público soviético. En 1975 volvió a actuar en Estados Unidos, un país que desde la ruptura de relaciones con Cuba tras la salida de Batista en 1959, parecía haberla olvidado, sin embargo, al final de su actuación, con casi 55 años, la crítica fue unánime nuevamente. Le devolvieron la aureola y emplazaron a las nuevas figuras a copiar la sexualidad de la «abuela» Alonso. Se retiraría de los escenarios americanos en San Francisco, año 1995, con la obra «En medio del atardecer«.

Siguió ejerciendo como directora del Ballet Nacional de Cuba y creando coreografías, pese a sus limitaciones de visión, hasta el 2006 en que la bailarina italiana Carla Fracci interpretó «Desnuda luz del amor«, su última creación. Falleció en la ciudad de La Habana el 17 de octubre de 2019, alrededor de las 11 de la mañana. Alicia consiguió traspasar el escenario y convertirse en bandera cultural de su país, indispensable en la memoria histórica de su pueblo y ser una figura eterna en el mundo de las artes.

Alicia Alonso, Wilfredo Lam y compañía.
La trascendencia de Alicia Alonso es superior a las tablas y alcanza todos los ámbitos de la cultura y la identidad cubana.

Premios y distinciones

A lo largo de su vida acumuló diversas distinciones, cerca de 260 premios nacionales e internacionales y 130 obras representadas según Cubadebate, pero algunos son indispensables para entender su legado histórico como la medalla Pablo Picasso que le otorgó la UNESCO en 1999, por su contribución a las artes y la cultura. Pero quizás el más importante radica en posicionar a una islita tropical como Cuba en el panorama del Ballet Clásico mundial y su interés por acercar a su gente esta expresión artística mediante el Festival de Ballet de La Habana.

Tiene dos Doctorados Honoris Causa otorgados por la Universidad Politécnica de Valencia y la Universidad de La Habana. La Medalla de Oro (1998) que otorga el Círculo de Bellas Artes y la medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes del Consejo de Ministros, ambas de España . La Orden de la Legión de Honor (2003), Grado Oficial que entrega el Gobierno de Francia.

Distinciones que junto a los premios nacionales de danza en: Cuba (1998- 1999-2000-2006), Francia (1998-2002-2003-2005), España (1998-2001-2003), la Unesco (1999-2002), Alemania (2000), Gran Bretaña (2001), Polonia (2002), México (2002), Italia (2003), Ecuador (2005) atestiguan la importancia de su figura y legado en la cultura de la danza clásica iberoamericana.

Bailar no es un ejercicio, el ballet es el más sublime de todas las artes.

Alicia Alonso

(1) Dicho comportamiento era bastante habitual en la época, al punto que la británica Lilian Alicia Marks adaptó su nombre a Alicia Markova.

(2)La propia Alicia se contradice en estas fechas, en una entrevista televisiva ella relata que esta fue su primera vez como Giselle, cuando tenía el rango de primera solista y el propio Anton Dolin, tras enfermar Alicia Markova, accedió a que Alonso hiciese de Giselle. En cambio en la versión del libro -«Alicia Alonso. Diálogos con la danza«. Letras Cubanas.- señala:

«Bailé mi primer Giselle con el primer bailarín André Eglevsky en el Metropolitan en 1945. Los críticos se entusiasmaron».

En ambos casos lo que queda claro es que fue en el Metropolitan Opera House. Aunque hay una foto de 1940 de Alicia bailando Giselle fechada en 1940. La anécdota de su sustitución desesperada de Markova nos parece atractiva y la dejamos como la versión principal, pero si usted tiene datos que ayuden a deshacer este entuerto estamos deseosos de leerle.

(3) Siendo aún una niña Alicia visitó España con sus padres, ambos españoles, y se esforzó en aprender danzas regionales (flamenco, sevillanas, malagueñas…) de este país junto a su hermana Blanca. A petición de su abuelo jerezano que les había pedido que a su vuelta a Cuba le llevaran un poco del arte andaluz que añoraba.


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